La última amenaza del mercado mundial de bonos tiene nombre y apellidos. Donald Trump, el presidente electo de los Estados Unidos, ha sido recibido con entusiasmo por los inversores en bolsa, pero ha desatado el nerviosismo entre los tenedores de deuda. Las cifras son elocuentes: en dos días, la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ha remontado más de 20 puntos básicos, rebasando el 2% y alcanzando sus niveles más elevados desde el pasado enero.

Este movimiento viene a reflejar la creencia en que los planes del nuevo presidente, que ha anunciado un millonario programa de inversión en infraestructuras, podrían estimular la inflación en el país, obligando a la Reserva Federal de Estados Unidos a acelerar el ritmo de normalización de los tipos de interés.

Los planes de estímulo fiscal de Trump pueden provocar un incremento de la inflación que obligaría a actuar a la Fed

«El anunciado gasto en infraestructuras que espera realizar la administración Trump es probable que sea generador de inflación. Ante esto, encontramos un cambio en las expectativas del mercado con respecto a la subida de tipos esperada para diciembre. Antes el mercado le otorgaba una probabilidad del 50% a esa posibilidad, mientras que ahora descuenta la subida con una probabilidad del 80%», explica Jacques Sudre, gestor de renta fija de Amiral Gestión.

Pero la huida de inversores del mercado de renta fija va más allá de Estados Unidos. Sin ir más lejos, el interés del bono español a 10 años también ha remontado 14 puntos desde la apertura del miércoles y se mueve ya por encima del 1,4%, sus niveles más elevados desde los días posteriores al referéndum por el Brexit. Más significativa ha sido la escalada de rentabilidad del bono germano al mismo plazo, que se ha incrementado un 50%, hasta el 0,27%, máximos de siete meses. Los títulos de países como Suiza, Francia, Holanda e Italia han experimentado también repuntes superiores a los dos dígitos.

Unos movimientos que vuelven a poner sobre la mesa el fantasma del estallido de la muchas veces anunciada burbuja de bonos. Con alrededor de 10 billones de euros en bonos cotizando a tasas negativas a nivel mundial, son muchas las voces que han alertado del peligro de que los bancos centrales estuvieran alimentando una burbuja de dimensiones colosales que podría estallar, provocando una convulsión en los mercados.

Si los bancos centrales se ven forzados a retirar sus apoyos más rápido de lo previsto los riesgos podrían incrementarse. Y esta situación no es tan improbable, a juicio de Mitul Patel, responsable del área de tipos de interés de Henderson. «Si ahora Estados Unidos aplicara estímulos presupuestarios en una economía que ya estaba próxima al pleno empleo, se podría estimular más la inflación que el crecimiento, lo que podría llevar a la Reserva Federal a endurecer las condiciones monetarias más de lo que se prevé actualmente», avisa.

Impacto en Europa

En Europa, el escenario de inflación no parece revestir tanta urgencia, pero en los últimos tiempos ha empezado a aparecer sobre la mesa la opción de una progresiva retirada de los estímulos en el medio plazo, un proceso conocido como tapering. «Si nos dirigimos a una nueva fase, con más inflación a nivel global, y menor peso de la política monetaria, lo lógico es que el BCE empiece a plantearse una reducción de sus estímulos», opina David Ardura, subdirector de gestión de Gesconsult.

Así, desde Oxford Economics apuntan que, en la reunión de diciembre, «si los datos económicos continúan mejorando y no hay efectos financieros adversos de las elecciones estadounidenses, el BCE podría anunciar una reducción o posponer una decisión hasta enero».

En cualquier caso, la mayor parte de las firmas prevén que la institución que preside Mario Draghi prolongará al menos seis meses su programa de compra de deuda (QE), que está previsto que finalice el próximo marzo. Por eso, Rosa Duce, economista jefe de Deutsche Bank en España, considera que el repunte de las rentabilidades de la deuda europea «tiene poco sentido y es difícil que vaya a más, ya que el BCE va a seguir comprando deuda los próximos meses».

Pero los inversores no quieren sobresaltos y hace tiempo que vienen preparándose para un nuevo escenario, en el que el soporte de los bancos centrales en los mercados de deuda tendrá poco a poco que ir disminuyendo. «El mercado no va a esperar a que el BCE diga que va a retirar los estímulos, sino que va a tratar de adelantarse y ajustar sus inversiones», indica Ardura.

La subida de los tipos de la deuda se extiende desde hace semanas, ante los rumores de ‘tapering’ en Europa

De hecho, los repuntes de los últimos días representan tan sólo un acelerón en una tendencia al alza de las rentabilidades, que se extiende desde hace semanas. Desde el cierre de septiembre, el interés del bono alemán ha escalado 39 puntos básicos y el español, 53 puntos. «Los bonos europeos necesitan pocas excusas para iniciar su progresiva normalización en cuanto a niveles de rentabilidad. El tapering está en la mente de todos, porque, aunque será progresivo y acomodado para que no se produzca un cataclismo, tendrá que ocurrir», sostiene Javier Casal, director de intermediación de Renta Fija OTC en Ahorro Corporación.

Atendiendo a esto, algunos expertos empiezan a considerar que, con independencia de algunos ajustes puntuales, esta especie de pinchazo controlado en el mercado de deuda puede prolongarse en los próximos meses. Como explica Estefanía Ponte, directora de análisis y asesoramiento de BNP Paribas Personal Investors, «la cuestión es la rapidez con que se produzca» un ajuste que en las últimas semanas ha sido muy paulatino. «Si se mantiene este ritmo, lo que ocurrirá será una congervencia de los tipos de interés de las curvas a la situación real de las economía», comenta.

Una situación ideal que evitaría sobresaltos en el mercado, pero que dependerá de que los bancos centrales sepan y sean capaces, si la inflación se lo permite, de mantener bajo control la situación. «Una de las claves para conseguir tal evolución estará en los mensajes desde los bancos centrales y un precio del petróleo situándose, a lo sumo, en torno a los 60 o 65 dólares», indica Ponte.