José Ángel Sánchez Asiaín nació en la margen equivocada, en la izquierda, en la que simbolizaba aquel Barakaldo obrero de 1929 que veía cómo al otro lado del Nervión, el derecho, las acomodadas familias de Neguri controlaban la floreciente industria vasca y manejaban los hilos de la banca que la arropaba. El joven José Ángel, hijo de comerciantes venidos de Asturias y Navarra, apenas intuía que años después no sólo pasaría a formar parte de ese mundo de pompa y riqueza, sino que de él procederían muchos de sus logros y desvelos. Se educó en la escuela pública primero y entre los Jesuitas de Bilbao después, antes de acceder al santa santorum de la que sería la cantera de la banca española; la Universidad de Deusto donde se licenció en Derecho e inició las que serían sus dos carreras vitales de modo casi paralelo, la profesional y la intelectual. A Sánchez Asiaín muchos le apodaron como el «banquero intelectual», capaz de ver más allá de un mundo monopolizado por balances, cifras y poder.

Su vida estuvo marcada por el análisis y la reflexión cómo las mejores recetas para adelantarse a su tiempo. Lo practicó con éxito en un mundo en el que la búsqueda de la notoriedad primaba las decisiones a corto plazo y descuidaba planteamientos a futuro y visionarios como los suyos, capaces de romper inercias y costumbres demasiado arraigadas en la banca española. Siendo aún muy joven, los rectores de Deusto pronto vieron en aquel muchacho el potencial que luego demostraría. Lo incorporaron a su claustro de docentes como profesor de Política Económica y lo incluyeron en la lista de recomendaciones para las mejores entidades bancarias del país que llamaban a la puerta de la institución universitaria. Así fue como, con apenas 25 años, accedió al Servicio de Estudios del Banco de Bilbao, que llegaría a presidir 34 años después.

Nació en Barakaldo, el municipio obrero por excelencia de la Margen Izquierda vizcaína

No tardó en demostrar sus habilidades para ver más allá. Aquella sección del Banco Bilbao debía actualizarse para convertirse en una vía real de apoyo técnico para hacer frente al futuro y ayudar a la toma de decisiones para poder competir mejor en el mercado financiero. Asiaín pronto descubrió que, al contrario de lo que muchos aún creían, lo que debía mover a las entidades bancarias no debía ser el dinero sino la información y que a ella se debían volcar todos los esfuerzos. Así lo hizo rescatando del olvido y la indiferencia las áreas de la entidad dedicadas al análisis de coyunturas nacionales e internacionales o las destinadas a conocer los mercados exteriores, casi ignorados en aquella España de los años 50. Obsesionado con conocer e interpretar la realidad que rodeaba al banco, Sánchez Asiaín reforzó estos departamentos sabedor de que la entidad se encontraba a las puertas de una globalización financiera que se empezaba a intuir. Sólo dos años después de acceder fue nombrado subdirector del Servicio de Estudios y director en 1959.

Un intelectual que revolucionó la banca

Las visiones de Sánchez Asiaín ya habían traspasado los muros del Banco Bilbao. Cuando contaba con sólo 30 años el ministro de Industria, Gregorio López Bravo, le fichó para el ministerio como secretario general técnico. Debía crear el Servicio de Estudios del Ministerio, que finalmente produjo los primeros análisis de economía industrial que se conocen de la economía española. También fue innovador al introducir el Servicio de Encuesta de la Coyuntura Industrial. Su obsesión, conocer el entorno, detectar la evolución y en definitiva, tener información para adelantarse a la realidad y adoptar las mejores decisiones volvía a abrir caminos hasta entonces sin explorar. Su trayectoria en la función pública incluyó su selló en los planes de desarrollo del ministro López Rodó o sus consejos en el Instituto Nacional del Libro o el Instituto de la Cinematografía, entre otros.

No fue hasta 1966 cuando retornó al Banco Bilbao, del que ya no saldría hasta su jubilación. Con una experiencia reconocida, Sánchez Asiaín comenzó a poner en práctica en el banco todas las ideas que terminarían por revolucionar el sector financiero en España.  Accedió a la dirección general de la entidad primero y a su presidencia en 1974. Al frente del Banco de Bilbao su máxima se basó en unificar su convencimiento de que el análisis, la previsión de futuro y la gestión debían guiar el modo de liderar un banco en un mundo que comenzaba a globalizarse y en el que la tradición que aún prevalecía debía empezar a dejar paso a la innovación en un sector conservador como el financiero. El mundo cambiaba y la banca debía hacerlo con él.

Introdujo las tarjetas de crédito en España y la apuesta por las fusiones bancarias

Sin duda la mayor revolución con la que sorprendió a su Consejo de Administración fue la apuesta por las tarjetas de crédito. Popularizar el pago con ‘dinero de plástico’ fue un atrevimiento incomprendido por muchos, pero que sin duda el tiempo ha revelado acertado y que pronto copiarían el resto de bancos. La capacidad de análisis de su entorno pronto le hizo ver que la atomización del mercado bancario español iba a convertirse en un problema ante una internacionalización imparable. Fue pionero en plantear la reestructuración del sector y las fusiones bancarias, hasta entonces inimaginables. Su primera apuesta, en 1987, fue el Banesto. Pese a contar con el respaldo del Gobierno socialista la negativa del entonces presidente de la entidad, Mario Conde, impidió la operación.

Si Banesto no accedía, quizá su eterno vecino y rival, el Banco de Vizcaya, podría facilitar la fusión. Convertido más en una guerra entre familias de la burguesía vizcaína que en una diferencia financiera, Sánchez Asiaín supo convencer a todas ellas de la necesidad de adquirir músculo para seguir siendo competitivos. Su mano izquierda y su talante cercano, supo apaciguar los vientos huracanados y convencer al entonces presidente del Banco de Vizcaya, Pedro Toledo, de las virtudes de la operación. En 1988 nace el Banco Bilbao Vizcaya (BBV), que ambos copresidirían durante dos años.

El Rey Juan Carlos le concedió el título de Marqués de Asiaín en 2010

Fue su última gran aportación al mundo de la banca tras la cual, en 1990, daría un paso atrás y abandonó la presidencia del BBV –que en 1999 incorporó a Argentaria para convertirse en el BBVA-. Sánchez Asiaín continuó perteneciendo al Consejo de Administración de la entidad hasta marzo de 2000, cuando presidió su último Consejo, cumplidos los 70 años.

Académico y mecenas de las artes y las letras

Padre de cinco hijos, alguno de los cuales sigue vinculado al BBVA, el «banquero intelectual» siempre mostró un perfil humanista muy marcado. Poco amigo de ascender a codazos en el mundo de las finanzas, soñó con un mundo ideal como el que Lewis Carroll describió en Alicia en el país de las maravillas, obra de la que era amante hasta el extremo de coleccionar ejemplares en todos los idiomas en los que ha sido traducida. Alejado del mundo de las finanzas, en su última etapa Sánchez Asiaín profundizó aún más su faceta de mecenas de científicos y artistas. Ya como presidente del Banco Bilbao decidió la compra de la editorial España Calpe para devolverla a los tiempos de bonanza de los que había disfrutado. Suya fue la decisión de promover bajo el manto protector del banco exposiciones de pintura y esculturas, eventos musicales o la reimpresión de obras olvidadas de la literatura española

Su mano también está detrás de la creación de la Fundación BBVA, desde la que defendió la investigación de soluciones alternativas a los problemas de la sociedad española, siempre desde el punto de vista de la innovación y la responsabilidad social que le inquietó y desde la que se empeñó en popularizar cuestiones culturales y sociales. Creó el Colegio Libre de Eméritos Universitarios con la que se propuso que docentes universitarios ya jubilados pudieran continuar con su labor investigadora. El «banquero intelectual» trabajó durante casi dos décadas en uno de sus labores más minuciosas ajenas a la vida de un banco. La Financiación de la Guerra Civil española, galardonada con el Premio Nacional de Historia en 2013, y en la que a través de un detallado trabajo de investigación se analiza cómo se financiaron los dos bandos de la contienda civil española.

Impulsó las artes y las letras, amante de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ y promotor de numerosas fundaciones

Su capacidad de innovación y de visión en el mundo de las finanzas fue reconocida con las máximas responsabilidades financieras. También su vocación de filántropo y labor casi renacentista recibió un amplio reconocimiento con el mundo intelectual. Su trayectoria académica no es nada desdeñable. Aquel joven profesor universitario en Deusto de comienzos de los años 50 pronto engordó su currículum universitario con un doctorado en Economía en la Universidad Central de Madrid con una tesis sobre los impuestos directos e indirectos. Años después, hasta tres universidades le concedería sus doctorados honoris causa; la Universidad del País Vasco en 1996, la Universidad de Elche, en 1999, y la Universidad de Valladolid, en 2001.

El banquero, filántropo e intelectual Sánchez Asiaín, llegó a formar parte de cuatro de las ocho reales academias existentes en España. Formó parte de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de Barcelona. En 1990 fue nombrado presidente de la Fundación Cotec para la Innovación Tecnológica. También ha formado parte de un sinfín de patronatos y fundaciones, entre ellas la del Museo del Prado y la Fundación Príncipe de Asturias. Amigo personal del Rey emérito, Juan Carlos, en 2010 el monarca le concedió el título de Marqués de Asiaín para él y sus sucesores.