¿Y ahora dónde invierto mi dinero? Para los inversores, el cambio de año suele ser un momento ideal para replantearse el destino que dan a sus fondos. En tales circunstancias, la inversión en bolsa, en bonos o la contratación de algún depósito -pese a sus nimias rentabilidades actuales- suelen ocupar una posición destacada y se mantienen como las opciones más frecuentes entre los inversores españoles.

Pero el abanico de posibilidades no se agota en estos destinos comunes. Los potenciales inversores pueden plantearse opciones mucho más exóticas a las que destinar su dinero. En este campo, los llamados activos tangibles abren una gama muy variada de opciones y que pueden resultar aconsejables, por su menor liquidez, para aquellos consumidores más impulsivos.

La inversión en activos inmobiliarios suele ser, en este campo, la más habitual, a pesar de los estragos padecidos por este sector a lo largo de la crisis. Y la compra de materias primas, con el oro a la cabeza, también ha ganado fuerza en los últimos años entre los inversores particulares, como protección ante las turbulencias de los mercados financieros.

Pero más allá de estos productos, el universo de activos tangibles en los que el inversor puede llegar a apostar su dinero abarca alternativas mucho más variadas y, en ocasiones, inverosímiles. Opciones, eso sí, que suelen referirse a activos poco líquidos, negociados en mercados poco regulados y, a veces, poco eficientes y transparentes, por lo que suelen resultar menos accesibles y entrañar riesgos considerables.

Arte

Dentro de este universo, las inversiones en arte han ido ganando prestigio en los últimos tiempos. Se trata, con todo, de una alternativa al alcance de pocos inversores, ya que suele requerir aportaciones muy elevadas y su reducida liquidez limita la posibilidad de disponer del dinero invertido en un plazo corto en caso de necesidad. Aunque existen fondos de inversión enfocados en el negocio del arte, suelen precisar de aportaciones mínimas de, al menos, medio millón de dólares.

Con todo, Antoinette Leonardi y Alison Leslie, BNP Paribas Wealth Management, sostienen que «el mercado de arte goza de buena salud a medio plazo» y apuestan por «evitar los aspectos más especulativos del mercado del arte y buscar oportunidades de obras de renombrados artistas modernistas y de la post-guerra que estén infravaloradas frente a los nombres más de moda de la escena contemporánea».

La facturación en el mercado del arte ha caído en 2016 un 7%, hasta los 63.000 millones de euros

Los expertos de la firma gala ponen el énfasis en «la diversificación que aporta una colección de arte, más que en considerarlo como una inversión pura”. No obstante, advierten de que «es una inversión arriesgada si no se entiende bien y si las compras se realizan sin el análisis adecuado, confirmando el valor de mercado, el estado de conservación, origen y procedencia, etcétera».

En 2016, la facturación de este mercado ha caído un 7% respecto a los 63.000 millones de euros que movió en el ejercicio anterior a nivel global.

Diamantes

Los diamantes representan otra opción que ha reforzado su prestigio durante los últimos años. La excepcional evolución de los precios durante los primeros años de la crisis, ajenos a los sobresaltos de los mercados financieros, reforzó su valor como activos ideales para diversificar las carteras, aportando unas rentabilidades nada desdeñables. Pero desde su pico en 2011, el mercado se ha visto afectado por una serie de desafíos que han provocado un amplio descenso de sus precios.

A pesar de esto, algunos expertos sugieren que los diamantes siguen siendo una opción a considerar a la hora añadir diversificación a una cartera de inversión, dado que su evolución suele ser independiente de la de los principales activos financieros.

Uno de los diamantes más grandes del mundo, subastado en Londres el pasado mes de mayo.

Uno de los diamantes más grandes del mundo, subastado en Londres el pasado mes de mayo. EFE

La inversión en diamantes, no obstante, suele precisar de asesoramiento experto, ya que al contrario que en otros activos físicos como el oro, el valor de cada piedra no viene únicamente determinado por su peso y tamaño, sino por distintas características físicas que hacen preciso un conocimiento amplio del mercado.

Fuera de la compra directa de diamantes, las opciones para el inversor particular se reducen. Se puede optar por la compra de acciones de compañías ligadas a la industria, pero en este caso se pierde gran parte de las ventajas de la diversificación. El principal productor de diamantes De Beers, forma parte del grupo minero Anglo American, cuyas acciones se han elevado más de un 400% en los últimos once meses. En los 17 meses, previos, sin embargo, se había dejado un 86,5% de su valor.

La inversión en diamantes a través de fondos resulta mucho menos accesible, ya que existen pocos productos especializados y en su mayoría no se comercializan en España. Pink Iguana y Finanz Konzept son algunas de las firmas que cuentan con fondos de este tipo.

Coches clásicos

La inversión más rentable en la última década no hay que buscarla en los mercados financieros, sino en las carreteras. Los coches clásicos acumulan una revalorización del 458% en diez años, según datos de la consultora británica Knight Frank.

El interés de los coleccionistas, con una creciente inversión desde las economías emergentes, por hacerse con vehículos lujosos y exclusivos ha apuntalado una boyante tendencia en este mercado durante los últimos años.

Sin embargo, tras las extraordinarias cifras a largo plazo, se esconde cierta desaceleración en el ritmo reciente de incremento de los precios. Hasta el cierre del segundo trimestre de 2016, el rendimiento acumulado en 12 meses se situaba en el 8%, la primera cifra inferior al 10% en los últimos cinco ejercicios.

Con todo, los expertos siguen percibiendo un elevado apetito por los coches considerados más exclusivos, cuya oferta es limitada. No en vano, en los últimos doce meses se han cerrado algunas de las mayores ventas de la historia. Sin ir más lejos, el pasado febrero se vendió por 32 millones de euros un Ferrari 335 S Scaglietti, creado en 1957.

Por esta razón, a la hora de invertir en coches, los expertos aconsejan ser muy selectivo y priorizan aquellos modelos cuya producción de unidades no rebase los 500 ejemplares.

La marca del Cavallino Rampante, es la gran dominadora en el ránking de las mayores ventas, por el cariz de exclusividad con que suelen contar sus vehículos, producidos en muchos casos en pequeñas series. No obstante, son los vehículos Mercedes los que han registrado una mayor revalorización en los últimos doce meses, con un incremento del 14%, frente al 9% de los Ferrari y el 8% de Porsche. En cualquier caso, no es preciso contar con una marca de superlujo para cerrar una venta muy rentable: también en febrero, se cerró la venta de un Citroen 2 CV Sahara por 192.000 euros.

Los modelos más exclusivos, fabricados en pequeñas series, suelen atraer mayor interés de parte de los inversores

Por épocas, los vehículos que han registrado mayores revalorizaciones en el último lustro son aquellos producidos en las décadas de 1950 y 1960, que acumulan ganancias en el entorno del 300%. Pero también vehículos más modernos, puestos en el mercado en fechas posteriores a 1990, han registrado subidas superiores al 200%.

Como inversión, los vehículos ofrecen a sus propietarios la ventaja del disfrute de su uso, ya que al contrario de lo que ocurre con los coches convencionales su utilización no implica una depreciación. Como contrapunto hay que mencionar los elevados costes de mantenimiento y los riesgos aparejados a un mercado no regulado, poco líquido y cuya demanda está dominada, en buena medida, por factores emocionales.

Se trata sin duda de una inversión elevada y en la que la diversificación aconsejable se antoja complicada. Para subsanar estas pegas, el inversor puede plantearse hacerlo a través de fondos de inversión, pero la oferta es limitada, los mínimos de aportación elevados y en muchos casos están localizados en regiones de regulación laxa.

Por ejemplo, el Classic Car Fund, gestionado por el italiano Filippo Pignatti Morano di Custoza exige una aportación mínima de 10.000 euros. El fondo se encuentra registrado en San Vicente y las Granadinas.

Whisky

Las bebidas espirituosas no son una novedad en el terreno de las inversiones. El vino ha sido durante mucho tiempo la opción más frecuente a la hora de apostar por este tipo de activos. Sin embargo, en los últimos años, los vaivenes vividos por algunos tipos de vino, como los provenientes de la región francesa de Burdeos, han generado algunos recelos.

En ese contexto, ha ido ganando peso la inversión en whisky escocés de primera calidad. Su desempeño parece justificar este boom inversor. El índice Rare Whisky Icon 100, que engloba 100 botellas emblemáticas de coleccionista, acumula desde 2008 una revalorización en el entorno del 350%. Sólo en 2016, se anota un 45,59%.

Estas botellas son vendidas mediante subastas, cuyo número ha ido creciendo en los últimos tiempos. En la primera mitad de 2016, las subastas en Reino Unido se incrementaron un 28%, con precios hasta un 25% superiores a los del mismo periodo del año anterior.

El índice Rare Whisky Icon 100 acumula desde 2008 una revalorización en el entorno del 350%

En este ámbito, como en casi todos, la correcta selección de la inversión se antoja fundamental, pues del mismo modo que hay botellas de whisky que acumulan fuertes ganancias en los últimos años, también hay numerosos ejemplos de botellas cuyo valor ha ido decreciendo.

Aunque no existen recetas para un éxito garantizado, los expertos aconsejan confiar principalmente en los productos de marcas reputadas y, en la medida de lo posible, en ediciones limitadas y singulares, que son las que suelen ser más demandadas.

Aparte de la compra al por menor o a través de subastas, los inversores tienen pocas opciones más para apostar por la revalorización de botellas de whisky premium. Apenas existen fondos de inversión en este mercado y los que hay son de acceso muy restringido.

Es el caso del Platinum Whisky Investment Fund, que sólo está abierto a inversores profesionales. Localizado en las Islas Caimán, cuenta en su cartera con una colección de 11.400 botellas de whisky de larga edad o singular. Los responsables del fondo tienen como propósito ofrecer ganancias anuales en el entorno del 15%, aunque, aseguran, las primeras ventas han ofrecido beneficios muy superiores.

Por otra parte, Whisky Invest Direct ofrece la posibilidad invertir de forma sencilla durante el proceso de maduración del whisky, que debe ser de un mínimo legal de tres años y cuya media es de nueve años.

La tesis de esta inversión es que, a medida que avanza el proceso de maduración, el valor del producto se eleva. Además, permite a inversores particulares acceder a economías de escala que reducen de forma considerable los costes implícitos en el proceso de maduración del whisky.

A pesar de los costes de almacenamiento que debe asumir el inversor, en la última década los rendimientos medios se sitúan entre el 8 y el 9%, aseguran en la firma. Eso sí, en la década anterior, se redujeron a un mucho más escaso 2%.

Uranio

Rodearse de uranio no parece una idea muy recomendable, dado el poder radiactivo de este elemento. Pero dejando al margen las cuestiones físicas, incluir el uranio en una cartera de inversión podría no ser una idea descabellada.

Al menos así lo han señalado en los últimos tiempos diversos expertos. La teoría que respalda esta idea es que el empleo de la energía nuclear a nivel global debe fortalecerse en un futuro no muy lejano, para hacer frente a la creciente demanda de energía y ante la necesidad de los países de reducir las emisiones contaminantes que generan los combustibles fósiles.

Según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, la capacidad de generación de la energía nuclear podría crecer hasta un 56% hasta 2030. «Con poblaciones y demanda eléctrica creciente, la energía nuclear puede ayudar a asegurar un suministro de energía fiable y seguro mientras se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero. En otras palabras, la energía nuclear puede ayudar a sacar a millones de personas de la pobreza energética y también a combatir el cambio climático», afirma el jede del departamento de Energía Nuclear de la organización, Mikhail Chudakov.

China, que está expandiendo a un ritmo acelerado su planta de reactores nucleares -está construyendo un tercio de las 60 centrales proyectadas a nivel mundial-, para reducir su dependencia energética del exterior, aparece como la gran esperanza para la expansión de este tipo de energía en el medio plazo.

Sin embargo, toda esta serie de argumentos, que se vienen repitiendo con asiduidad en los últimos tiempos, no han llegado a plasmarse en los precios del uranio, que arrastran varios años de tendencia bajista. Si en 2007 llegó a intercambiarse a un precio récord de 136 dólares por libra, hoy se mueve en el entorno de los 20 dólares, lo que representa un descenso superior al 85%.

La creciente demanda energética y la necesidad de reducir emisiones puede motivar un mayor uso de energía nuclear

El descenso de la actividad a partir de 2011, tras el desastre de la central nuclear de Fukushima, en Japón, que llevó a muchos países a endurecer la normativa de seguridad, ha sido clave en este negativo desempeño. A partir de entonces, varios países como Alemania optaron por el cierre de plantas nucleares y otros acabaron dilatando sus proyectos de inversión en este terreno. Así, la demanda potencial de la energía se ha reducido más de un 7% desde 2010, según datos de la Asociación Nuclear Mundial.

También el descenso de los precios del petróleo y otros combustibles ha desincentivado la apuesta por este tipo de energía. Y el auge de las fuentes de energía renovable también ha jugado en contra del desarrollo nuclear, frenando la demanda de uranio.

Ahora, son muchos los que creen que el castigo ha sido excesivo y los precios deberían recuperarse en los próximos ejercicios. El cierre de minas por los bajos precios actuales podría provocar una disminución de la oferta que debería contribuir a ese repunte.

Apostar a esta expectativa puede resultar complicado para un inversor particular. Existen futuros (contratos que obligan a la compra de un activo en una fecha determinada) sobre el uranio en los mercados operados por CME Group, pero como señalan en Zacks Investments, esta opción sólo debe considerarse si se tiene una muy elevada tolerancia al riesgo.

Una opción a priori más sencilla sería invertir en Uranium Participation Corp, una firma cotizada en la bolsa de Toronto, que emplea al menos un 85% de su capital en la compra de uranio para almacenarlo, con la expectativa de que se incremente su valor.

Más convencional sería la inversión en mineras enfocadas en uranio como Cameco, que cotiza en Canadá y Estados Unidos. La compañía ha sufrido de forma notable el descenso de los precios del uranio: desde 2007 ha perdido más del 80% de su valor. Sin embargo, en los últimos dos meses ha firmado una remontada próxima al 40%.