El pasado sábado 21 de enero por la mañana, decenas de trabajadores españoles destinados a Arabia Saudí por las obras del AVE a La Meca se llevaron un sobresalto. Dos terroristas suicidas pertenecientes al Estado Islámico (ISIS, en inglés) se inmolaban tras un tiroteo con la policía en la ciudad de Yeda (3,5 millones de habitantes), en el Distrito de Al-Harazat, donde está la workbase del consorcio de Al Shula y donde moran muchos de los operarios españoles.

La explosión sucedió a unos 300 metros de distancia del campo base 1 de Al Shula, el conglomerado formado por 12 firmas españolas (Renfe, Adif, Ineco, Cobra, OHL, Consultrans,…) encargado del proyecto Al Haramain, la línea de 500 kilómetros de alta velocidad que pretende unir las ciudades sagradas de Medina y La Meca. Se trata del mayor contrato obtenido por empresas nacionales en el extranjero, valorado en más de 7.000 millones. «El sábado por la mañana sucedió todo. Sacaron los cadáveres después del tiroteo y el boom«, afirman fuentes consultadas.

Entre los trabajadores, hay quien relata los hechos al detalle, pero también quien no se enteró, según los testimonios recabados. Los primeros que escucharon el intercambio de disparos entre los terroristas islámicos y las autoridades policiales fueron trabajadores de Copasa, según varias fuentes. «El atentado no tiene nada que ver con el proyecto del AVE a La Meca», se limitan a responder portavoces del consorcio.

Una premisa difícil de saber, por varias razones. Para empezar, porque no fue hasta hace pocos muy meses cuando el Estado Islámico dio un giro y comenzó a golpear los intereses de Arabia Saudí, la teocracia wahabita que hasta ahora ha financiado al ISIS; y en segundo lugar, porque los objetivos occidentales siempre han sido un objetivo de este ejército terrorista, que controla de facto amplios territorios en Siria e Iraq y, en menor medida, en Libia o Yemen.

800 españoles

Contando con los familiares allí presentes, los españoles directamente vinculados al proyecto del AVE a La Meca ascienden a aproximadamente 800 personas, muchas de las cuales comparten la inquietud de ser blanco del terrorismo religioso. En el caso de las mujeres, las restricciones que deben soportar en la monarquía arábiga son enormes. Además los no musulmanes no pueden entrar en Medina y La Meca, donde hay estaciones que deberá gestionar Adif. Los maquinistas, formados en España, no son saudíes (Renfe intentó formar a una treintena de ellos y desistió) sino paquistaníes e indios musulmanes.

La operación antiterrorista fue tan cercana a la workbase 1 que Al Shula la ha incluido en su newsletter del lunes. Hubo dos muertos -una mujer paquistaní y un hombre saudí- y dos detenidos en un distrito vecino. Las autoridades saudíes se percataron de los planes de los dos inmolados, quienes durante seis meses vivieron en una casa de tres habitaciones y un patio trasero, muy cerca del campo base ferroviario. Rodeados por la policía, decidieron estallarse en vez de rendirse.

Arabia, el enemigo

Los medios saudíes, completamente controlados por la Casa de los Saud, apenas han ofrecido algunas pinceladas informativas de la operación, que implicó acordonar la zona y sobrevolar con helicópteros el barrio de Al-Hazarat. La estrecha relación entre Riad y el ISIS en las guerras de Siria e Iraq ha sido ampliamente documentado por Wikileaks. Pero el impacto de los atentados del ISIS, especialmente los cometidos en Europa Occidental (enero y noviembre de 2015 en París, marzo de 2016 en Bruselas), provocó un cambio de tendencia que ha terminado por enemistar a las partes.

Es además el segundo acto del ISIS en territorio saudí en lo que va de 2017. El 7 de enero igualmente dos terroristas fueron rodeados en una vivienda en Riad y fueron a la postre abatidos. El clímax se enrarece en Al Shula, a lo que hay que sumar las diferencias económicas entre las empresas españolas y Riad. Hace menos de dos semanas acudió el Rey Felipe VI a limar las diferencias. Pero al ISIS nadie lo esperaba entre los contratistas españoles.