Los grandes servicios de estudios de España, desde la banca hasta alguno de los principales laboratorios de ideas (‘think tank’), no imaginaban a finales de 2015 que la economía española acabaría creciendo un 3,2% en 2016, como ha confirmado este lunes el Instituto Nacional de Estadística (INE). Tampoco que la tasa de paro descendería del 20%. Pero, aún más, ni siquiera la Comisión Europea, la OCDE y el FMI acertaron en ninguna de ambas cuestiones.

Basta tomar el último panel de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) del año 2015. En aquel momento, el consenso de los 16 principales servicios de estudios del país esperaba un crecimiento económico del 2,7%, medio punto menos que el resultado final. Tanta ha sido la diferencia entre las previsiones y el crecimiento final del PIB que en ninguna de las previsiones realizadas a finales de 2015 aparecía, al menos, un crecimiento del 3%.

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CEOE, Santander, Repsol e Intermoney se acercaron. Su pronóstico era del 2,9%, mientras que el Centro de Predicción Económica (Ceprede-UAM) o Cemex, pensaban que España no crecería más del 2,5% el pasado año. En la media se situaron, en cambio, BBVA, Bankia, la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) o el Instituto de Estudios Económicos (IEE). También el Banco de España esperaba a en octubre de 2015 que el PIB crecería un 2,7% al cierre del siguiente ejercicio.

Saliendo de las fronteras la falta de puntería también fue la tónica. La comisión Europea o la OCDE preveían un crecimiento medio punto inferior al que finalmente ha resultado, mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) incluso pronosticaba un crecimiento del 2,5% en el mes de octubre de 2015.

Tampoco acertaron con el paro

En lo que se refiere a la tasa de paro, el año 2016 finalizó con una media del 19,6%, unas ocho décimas menos que el consenso de los principales analistas en 2015. En este caso hay alguna que otra aproximación, como la del Centro de Estudios de Economía de Madrid (19,8%) , el Banco Santander (19,8%) o Solchaga Recio & Asociados (19,9%).

Entre los más pesimistas, las mayores desviaciones las suscribieron Ceprede-UAM (21,4%), Analistas Financieros Internacionales (AFI), el IEE (20,6%) o Repsol (20,6%).

Algo más acertados estuvieron en este caso los organismos internacionales en lo que se refiere al empleo. Salvo la Comisión Europea, que pronosticaba una tasa media del 20,5% en noviembre de 2015, la OCDE anticipaba una ratio del 19,8% y el FMI, del 19,9%.

La ayuda de Bruselas que maquilló las cifras

Entre aquellas previsiones fallidas y los resultados finales publicados por el INE transcurrió un año en el que, entre otras cosas, Bruselas dio un balón de oxígeno a España, de forma que, en lugar de tener que reducir el déficit público del 5% al 2,8% del PIB en 2016, ha podido amortiguar el ajuste hasta el 4,6% y al 3,1% en 2017.

Los organismos no podían prever la rebaja del objetivo de déficit

Esto supone, en la práctica, una disponibilidad presupuestaria extra. En lugar de tener que ajustar más de 20.000 millones de euros, la cuenta final no habrá superado los 5.000 millones de euros si finalmente se cumple el objetivo fijado.

Ese margen ha sido suficiente para que el Gobierno haya podido seguir adelante con la rebaja del IRPF emprendida en 2015 –en el caso del Impuesto de Sociedades, ha tenido que aplicar un ‘hachazo’ fiscal para sostener la recaudación–. Según los últimos datos de la Intervención General del Estado (IGAE), el impacto de la rebaja en el IRPF y Sociedades entre 2015 y 2016 alcanza los 11.517 millones de euros, un dinero que ha podido ponerse en circulación y que, según el Gobierno, está detrás del crecimiento y, en última instancia, de la creación de empleo durante el pasado año.

Pero hay otros elementos que explican la ‘miopía’ de las previsiones de los analistas. El pasado año se cerró con unas cifras del turismo en máximos históricos. El Gobierno espera que 75,3 millones de turistas extranjeros hayan visitado España en 2016, un 10% más que en 2015.

Además, los tipos de interés se han mantenido bajos y los precios del petróleo también han ayudado durante todo el año a mantener a raya la inflación, que caminó por la senda negativa durante los primeros ocho meses del año sin minar de esta manera el consumo.