Los mercados de deuda viven días complejos. La victoria de Donald Trump en las elecciones a la presidencia de Estados Unidos, el pasado 8 de noviembre, dio un vuelco al escenario en el que se movían los inversores, impulsando las expectativas de inflación a nivel global y poniendo en cuestión las políticas de estímulo de los bancos centrales.

Esta combinación de factores ha dado como resultado un notable repunte en las rentabilidades de la deuda a nivel mundial. Y España no ha sido una excepción. El interés del bono español a 10 años se sitúa actualmente en el entorno del 1,7%, su nivel más elevado en un año, tras escalar 45 puntos básicos en los últimos tres meses.

Con todo, la deuda española puede presumir de ser una de las que mejor han resistido este convulso periodo. Los títulos españoles han mostrado un mejor comportamiento relativo que los del resto de las economías periféricas, las denominadas como Pigs (acrónimo en inglés de Portugal, Italia, Grecia y España, que se traduce como cerdos) en los momentos más tensos de la crisis de la deuda, por ser consideradas las más vulnerables.

De hecho, Portugal y Grecia, junto a Irlanda, fueron los únicos países de la eurozona que requirieron de un rescate completo, mientras que España preciso de ayuda para su sistema bancario.

Desde las elecciones estadounidenses, la rentabilidad de los títulos de Portugal se ha incrementado en cerca de 100 puntos básicos; los de Italia, 54 puntos; y los de Irlanda, 49.

De este modo, los inversores dan una nueva prueba de que han borrado a España de la lista de sus preocupaciones. El sólido crecimiento de la economía española en los últimos años y la articulación de reformas consideradas fundamentales, como la del sector bancario, han favorecido el retorno de la confianza inversora sobre la deuda de España, a pesar del fuerte apalancamiento del país y el lastre de la elevada tasa de paro.

En contraste, las dudas siguen golpeando de forma significativa a los bonos de países como Italia y Portugal.

El diferencial de rentabilidad entre la deuda española y la italiana se ha ampliado a máximos desde 2012

Esto ha supuesto que en las últimas semanas, el diferencial de rentabilidad (popularmente conocido como prima de riesgo) entre España e Italia o Portugal se hayan ampliado de forma considerable a favor de la deuda española.

Con respecto al bono italiano, la brecha se ha ensanchado por encima de los 60 puntos básicos, niveles no registrados en cinco años, precisamente antes de que España solicitara el rescate para su banca. Hace tan sólo ocho meses, este diferencial era favorable a la deuda italiana, ante la inquietud que generaba en los mercados el bloqueo político español.

Mayor es el diferencial con Portugal, que ronda los 250 puntos básicos, a un paso de sus máximos en cuatro años, mientras que con Grecia se mantiene en niveles superiores a los 500 puntos, con el bono heleno disparado por encima del 7%.

Riesgo a la baja

En paralelo, España también ha logrado reducir la brecha que le separaba de los países considerados más seguros. En los últimos tres meses, países como Bélgica y Francia también han registrado repuntes de rentabilidad superiores a los del bono español. Así, la prima de riesgo española se ha situado, en ambos casos, en sus niveles más bajos desde 2010.

Especialmente significativo ha sido el desempeño de los títulos españoles frente a los franceses. En los momentos más álgidos de la crisis, el diferencial entre ambos llegó a superar los 460 puntos básicos. Desde entonces, se produjo una progresiva reducción hasta situarse, hace un año, en el entorno de los 100 puntos. En los últimos meses, las incertidumbres políticas en Francia han penalizado a su deuda, reduciendo aún más la brecha con la deuda española hasta cerca de 50 puntos.

El traslado de las incertidumbres políticas favorece que la prima de riesgo se reduzca frente a países como Francia

De este modo, la deuda española, del mismo modo que la irlandesa -que ha registrado un movimiento similar en los últimos años-, ha logrado desvirtuar el paradigma generado durante la crisis de la deuda europea, que establecía una brecha en Europa entre unos países de la periferia débiles y unos estados del centro y norte de la región considerados mucho más sólidos y confiables.

Y existen argumentos de calado para apostar a que el buen comportamiento relativo de la deuda española se prolongue en los próximos meses. Uno de los principales se deriva del ámbito político. Tras un periodo prolongado en el que la inestabilidad política representó, hasta cierto punto, un hándicap para la valoración de la deuda española en los mercados, a día de hoy el foco de la incertidumbre se ha trasladado a otros puntos de la eurozona.

Así lo resalta en un informe reciente, Ben May, analista de Oxford Economics. Desde su punto de vista, la inquietud de los inversores por cuestiones políticas se sitúa actualmente sobre países como Francia y Alemania, que celebran este año elecciones en las que partidos de corte populista, con posturas antieuropeistas, podrían verse reforzados.

May reconoce que también España, al igual que Italia, podría verse obligada a celebrar elecciones anticipadas en los próximos trimestres, pero en el caso español, considera, los riesgos son limitados. «En España, la recuperación económica tal vez ha hecho mella sobre el sentimiento populista. Se puede argumentar que el mayor riesgo en caso de otra elección no es un gobierno encabezado por populistas, sino la elección de otro gobierno minoritario con poder limitado para perseguir sus políticas deseadas», indica.

De este modo, la deuda española parece afianzada para seguir progresando en la larga senda que le ha permitido despedirse del ignominioso club de los Pigs y reducir a la mínima expresión sus primas de riesgo con la Europa considerada más segura.