La Triple A, la máxima distinción en el universo de la deuda, es un bien cada vez más escaso. Así lo constata la agencia Fitch en un informe en el que resalta que sólo once países conservan la calificación más alta para sus bonos. Se trata de la cifra más baja desde 2003 y comprende a menos de un 10% de los Estados que supervisa la agencia, la menor cuota de la historia.

Estas cifras son resultado del efecto que ha tenido la crisis desatada entre 2007 y 2008 en las finanzas públicas. Hasta seis estados han visto, desde entonces, degradada su nota y ninguna ha logrado recuperar la máxima calificación. Es más, desde que en noviembre de 2011 lo consiguió Australia, ningún otro país ha logrado unirse al club de la Triple A.

De este modo, el peso de los países que disfrutan de una máxima nota para su deuda se ha reducido de forma significativa. Si al cierre de 2006 representaban casi la mitad de los bonos soberanos a nivel mundial, una década después esta proporción se ha reducido al 40%. No obstante, el valor de estos títulos alcanza actualmente los 24,2 billones de dólares (22,65 billones de euros), frente a los 15,4 billones de dólares (14,4 billones de euros) que contabilizaban diez años antes.

Sólo 11 países mantienen un ráting ‘Triple A’ y no se prevé que el número aumente en los próximos dos años

Y la situación no apunta a una próxima mejora. La agencia detalla que ninguno de los países que se encuentran un escalón por debajo (Austria, Finlandia y Hong Kong) presenta una perspectiva positiva para su deuda, por lo que no es previsible una mejora de calificación dentro de los próximos 12 o 24 meses.

Tampoco se esperan recortes, pues los once países incluidos en el universo de la Triple A muestran perspectiva estable. Eso sí, algunos afectados por algunas debilidades que podrían ir haciendo mella en su sólida posición. Por ejemplo, Fitch resalta que «Holanda y Estados Unidos tienen finanzas públicas relativamente débiles», mientras que «las finanzas externas de Australia son una debilidad relativa y a la perspectiva macroeconómica a medio plazo de Canadá ha sido asignada una tendencia negativa, lo que significa que su situación podría cambiar a débil».

La caída de España

La reducción del número de países calificados con Triple A en los últimos años es la crónica del negativo impacto de las distintas oleadas de la crisis sobre las finanzas públicas soberanas. Un daño que perdura lo suficiente como para que ninguno haya logrado recuperar la nota que certifica que cuentan con una deuda de máxima calidad.

Entre los seis países que han caído desde el escalón más privilegiado de la deuda se encuentra España, que perdió la calificación Triple A que le otorgaba Fitch en mayo de 2010. Según detalla la agencia, «el ajuste del ráting de España ha sido el más dramático, cayendo ocho notas».

España sufrió el ajuste más dramático, al caer hasta ocho escalones antes de empezar su remontada en 2014

Eso sí, tanto España, a partir de 2014, como Irlanda han logrado recuperar algunas posiciones desde los niveles más bajos a los que cayeron en la crisis.

El resto de países que perdieron la Triple A a lo largo de la crisis se encuentran Austria, que fue degradado en 2015, y Finlandia, que siguió idéntico derrotero el año pasado. Francia y Reino Unido completan el grupo de los estados que han sufrido la pérdida de la nota de máxima calidad para su deuda.

Antes que todos estos, Japón, en 1998, fue el primer país en abandonar el cada vez más selecto club de la deuda de máxima calidad.