«Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad». El Artículo 50 de la Constitución española pretende erigirse como garantía, aunque imprecisa, de que en el momento de su jubilación los trabajadores tendrán derecho a recibir una pensión suficiente para cubrir sus necesidades.

Pero el complejo escenario al que se enfrenta el sistema de pensiones español, golpeado por la caída de las cotizaciones -ante los elevados niveles de desempleo de los últimos años- y el envejecimiento de la población levanta una sombra de duda sobre su viabilidad. Propuestas para prolongar la vida laboral o reformas para controlar los gastos asociados a las pagas de jubilación se suceden de forma recurrente ante la convicción de que el sistema actual se aproxima a su límite.

En España, actualmente, la pensión de jubilación cubre entre un 75 y un 80% del último sueldo, según indica Francisco Marín, presidente del Comité de Servicios a Asociados de EFPA España. Estas tasas contrastan con el 45% en que se sitúa la media europea. «Los trabajadores tienen que pensar que cada vez va a haber un diferencial más grande entre el último salario y la pensión que recibirán», apunta Marín.

Con tan poco alentadoras perspectivas, sería de prever que la búsqueda de alternativas para poder disfrutar de unas rentas suficientes en el momento de la jubilación fueran una inquietud generalizada. Sin embargo, sólo el 27% de los españoles ahorra de manera habitual para preparar su jubilación, frente al 38% que lo hacen a nivel internacional, según resalta el Estudio de Preparación para la Jubilación 2016 realizado por la aseguradora Aegon en 15 países.

Lo cierto, no obstante, es que el debate sobre la necesidad de desarrollar estrategias para apuntalar la pensión de jubilación está cada vez más en boga. En las últimas semanas ha generado polémica la propuesta de la presidenta de Unespa, la patronal de las aseguradoras, Pilar González de Frutos, en la Comisión del Pacto de Toledo, en la que abogaba por facilitar que los mayores vendan sus viviendas para destinar la ganancia a rentas vitalicias gestionadas por el sector.

Planes de pensiones

En cualquier caso, cuando se trata de valorar productos para complementar la paga de jubilación, la tendencia es a pensar en los planes de pensiones. Éstos, como explica Pablo López Aranguren, director del canal asesor de Aegon, «son una herramienta de ahorro periódico que nos ayuda a planificar nuestro futuro financiero y que, además, cuenta con ventajas fiscales».

Pero su atractivo se ha visto mermado en los últimos tiempos por sus bajas rentabilidades, motivadas por su carácter eminentemente conservador. En los últimos quince años, la media del sector ha obtenido un rendimiento inferior al 2,5%.

Esta situación se ha visto agudizadas por la caída de los intereses de la renta fija, con un elevado peso en las carteras, a mínimos históricos.

La media de rentabilidad de los planes de pensiones en los últimos quince años es inferior al 2,5%

De este modo, Xavier Bergé, responsable del Área Seguros y Desarrollo del Negocio de Pensiones de GVC Gaesco, considera que los planes de pensiones «sólo tienen sentido si sirven para desgravar en el Impuesto de la Renta. Si no, hay infinidad de alternativas». Esta visión es compartida por Francisco Marín, quien resalta las elevadas comisiones de estos productos.

A esto se añade que, como apunta Miguel Ángel Bernal, profesor del IEB, no son productos recomendables a cualquier ahorrador. «A un autónomo nunca se lo recomendaría, por su elevada iliquidez», dado que estos productos sólo permiten recuperar los fondos aportados a partir de los 10 años.

Seguros

Para solventar algunas de las deficiencias de los planes de pensiones han florecido en el mercado una amplia gama de productos ligados a seguros. Es el caso de los UnitLinked, o los seguros de ahorro.

En el primer caso, «son seguros de VidaAhorro en los que el ahorrador designa los activos que quiere invertir en un conjunto de fondos de inversión. Estos productos cuentan con las ventajas fiscales de los seguros y la rentabilidad de los fondos de inversión», explica López Aranguren.

En cuanto a los seguros de ahorro, destaca que «permiten modificar el plan de aportaciones, aumentarlo o disminuirlo o incluso suspenderlo, con lo que se amoldan perfectamente a cada etapa de nuestra vida en la que tengamos mayor o menor capacidad de ahorro».

En cualquier estos productos, al igual que los PIAS (Planes Individuales de Ahorro Sistemático) o los PPA (Plan de Previsión Asegurado), también han visto mermado su potencial de generar rendimientos atractivos en un entorno de tipos de interés en mínimos.

Rentas vitalicias

Los seguros de rentas vitalicias, por los que abogaba la presidenta de Unespa en su declaración previamente citada, también figuran en la lista de alternativas disponibles para asegurar un complemento a la pensión.

Estos productos tienen especial interés entre ahorradores próximos a la jubilación o aquellos que ya han puesto fin a su vida laboral. Esto se debe, por un lado, a que es una de las pocas opciones con que cuentan aquellos que no han sido previsores a la hora de ahorrar a la jubilación. Además, cuenta con un tratamiento fiscal bastante ventajoso, ya que a partir de los 60 años solo tributa el 24% de la renta y ese porcentaje cae hasta el 8% en el caso de los mayores de 70 años.

Los productos de rentas vitalicias ofrecen ventajas fiscales a ahorradores de más de 60 años

A esto se añade que las ganancias obtenidas por la transmisión de un bien patrimonial, como un inmueble o un paquete de acciones, están exentas de impuestos en operaciones de hasta 240.000 euros si se derivan hacia este tipo de seguros en los seis meses posteriores a la transacción.

A cambio de una única aportación de capital, la entidad ofrece al ahorrador una rentabilidad, que variará en función de distintas cuestiones. Su pega está también en la rentabilidad, que suele estar ligada a la situación de los tipos y es además invariable, por lo que no se beneficiaría de una futura subida del precio del dinero. «Es un producto que ofrece rentabilidades bajas, pero que transforma activos ilíquidos en un producto que te da un rendimiento mensual», indica Bergé.

Fondos de inversión

Las bajas rentabilidades de las opciones más seguras, ha provocado que, como apunta Bergé, se esté produciendo un «cambio de mentalidad» que está llevando a los ahorradores que buscan un complemento a su pensión «desde los productos con rentabilidades predeterminadas hacia otros de resultado incierto».

En esta rotación, los fondos de inversión se configuran como una de las alternativas a considerar con mayor intensidad, dado que permiten la exposición a una amplia gama de activos con elevada diversificación sin necesidad de aportar cantidades muy elevadas.

Este paso suele conllevar la necesidad de asumir mayores riesgos, a cambio de una mayor expectativa de ganancias. Para los perfiles menos propensos al riesgo, el experto de GVC Gaesco, señala que la opción más recomendable serían los fondos mixtos o de retorno absoluto. «Representan el tránsito de algo garantizado a algo con más rentabilidad sin demasiado riesgo», indica.

Entre los fondos, los mixtos o de retorno absoluto representan la transición desde productos garantizados

En este sentido, los expertos tienden a señalar que la asunción de riesgos debe calibrarse en función de la edad. Siendo los ahorradores más jóvenes, con un mayor margen hasta la jubilación, los que se pueden permitir canalizar sus ahorros hacia productos de rentabilidad más incierta, lo que, en la práctica, supone aumentar el peso de la renta variable en sus carteras.

En opinión de Miguel Ángel Bernal, los ahorradores jóvenes, que cuentan con un margen de 20 o 25 años por delante hasta su jubilación deben contar con una cartera de inversión en bolsa muy diversificada. «Según avanzan los años, los nuevos ahorros podrían empezar a destinarse a renta fija».

En la misma línea, José Ángel Barriga, responsable de calidad de Ibercaja Pensión, apuesta por productos de gestión activa, con un enfoque global y elevada flexibilidad, ajustados en función del perfil de riesgo y la edad del ahorrador. La entidad cuenta con cuatro formatos de este tipo de fondos, con exposición a renta variable que oscilan entre el 50 y el 100% en el caso de los perfiles más agresivos y el 0 0 y el 20% en su versión más conservadora.

Inmuebles

Durante años, la inversión inmobiliaria fue la apuesta predilecta de buena parte de los ahorradores españoles. Una filia que resultó deteriorada por la crisis que estalló a partir de 2007 y que hundió drásticamente los precios de la vivienda, llevándose por delante los ahorros de muchas familias.

Actualmente, la progresiva mejora que viene experimentando el sector en España ha reavivado un incipiente interés entre algunos ahorradores.

Para los expertos se trata de una inversión que en su versión más pura está al alcance tan sólo para personas con elevada capacidad de ahorro.

Aún así, «si se tiene capacidad creo que aún es buena opción invertir en inmuebles, comparando y analizando mucho y luego, con paciencia, buscando un inquilino solvente», defiende Juan José Pintado, profesor del Centro de Estudios Financieros (CEF).

Los portales de inversión inmobiliaria colaborativa facilitan la exposición al sector, pero presentan riesgos

Bernal, por su parte, llama la atención sobre los portales de economía colaborativa para la inversión inmobiliaria. En los últimos años varias firmas que funcionan bajo ese concepto han aterrizado en España. Es el caso de Housers, Inveslar o Privalore. «Pueden ser una opción interesante, que puede ayudar, al permitir invertir en inmuebles desde cantidades mucho más asequibles».

Para Pintado, si el ahorrador se asegura que la plataforma «está formalmente constituida y con las garantías precisas, creo que es interesante y tiene mucho futuro». Al respecto, Bernal advierte de que las firmas existentes actualmente «no están perfectamente legisladas ni tienen un bagaje a sus espaldas que permita valorar su fiabilidad».