Ya ni salía ni pensaba encontrar trabajo. Tras varios años de búsqueda, Francisco, un joven con discapacidad intelectual, logró un empleo gracias a la formación de una entidad social, lo que le permite ayudar en casa y, así, dejar de ser una carga para su familia.

Pero no es un caso aislado; como él, en los últimos diez años, se han logrado otras 137.817 contrataciones de personas en riesgo de exclusión mediante el programa de inserción socio-laboral Incorpora, promovido por la Obra Social «la Caixa», en el que colaboran 750 técnicos de más de 350 entidades sociales.

Se trata de un proyecto que año a año mejora sus datos de empleabilidad, como remarcó en la presentación de los resultados el director del Área Social de la Fundación Bancaria «la Caixa», Marc Simón. Ello le ha permitido ser designada como organismo intermedio para la gestión del fondo social europeo para el Programa Operativo de Inclusión Social y de la Economía Social (Poises).

Los beneficiarios

Tras realizar una serie de cursos de formación, en la actualidad, Francisco lleva tres años y medio seguidos en su empresa, en la que trabaja de mozo de almacén, algo que «significa mucho» para él, pues le da confianza en lo personal y le permite dejar de ser una carga.

«Nosotros nos fijamos en las capacidades de las personas, que todos tenemos alguna», igual que siempre nos faltará alguna capacidad para hacer ciertas cosas, explica Simón.

El programa Incorpora no solo apoya a personas con discapacidad; de hecho, la mayor parte de los beneficiarios, el 73 %, pertenecen al colectivo de personas en exclusión social: jóvenes en situación de vulnerabilidad, mayores de 45 años, inmigrantes, reclusos, parados de larga duración o víctimas de violencia de género, entre otras, informa Efe.

Uno de ellos es Daniel, un joven que el año pasado obtuvo uno de los más de 28.000 contratos que se consiguieron en 2016 gracias a las distintas entidades sociales que trabajan en el proyecto.

En el programa colaboran 750 técnicos de más de 350 entidades sociales

Después de hacer un curso de hostelería, consiguió unas prácticas en un bar, en el que fue contratado en verano; horario a jornada completa como camarero, con un salario que le permitía ayudar en casa.

«Ahora soy más independiente económicamente. Cuando salgo me compro mis cosas, ya no tengo que pedirle dinero a mi madre, que me incomodaba un poco», asegura Daniel.

Actualmente, el joven compagina sus estudios en electromecánica con este trabajo durante los fines de semana, en el que ya lleva ocho meses, y en el que le gustaría quedarse durante más tiempo.

Calidad del empleo

Por su parte, el director del Área Social de la fundación afirma que lo que prima en la búsqueda es «la calidad del empleo» y que, de los beneficiados con un contrato el último año que han podido tener un seguimiento posterior, hasta un 90 % mantenían su puesto de trabajo.

Esto se debe a que, pese a ser personas con un currículum «no tan brillante» como otras, sí que tienen una «actitud irreprochable», ya que, tras las adversidades sufridas para encontrar un empleo, su fidelidad y cumplimiento es muy grande.

La vocación de Inserta no es sustituir al Sepe, sino ayudar a parte de esas cuatro millones de personas que se encuentran en situación de exclusión en el territorio español a encontrar un trabajo de calidad e intentar levantar modelos de empleo «económicamente viables».

«La historia nos demuestra que solo las sociedades en donde la fractura social es menor, donde hay mayor igualdad, son sociedades que progresan», asegura Simón.