Nick Woodman era un adelantado a su tiempo. En el año 2002, surfeando en las costas californianas de San Mateo, se le ocurrió crear la primera GoPro que vio el mercado. Le puso el nombre de Hero y tenía una premisa básica: grabar en movimiento mientras el dispositivo estaba sujeto al cuerpo o a pequeño transporte como una tabla de surf o un monopatín.

Esa primera generación de la serie Hero, de la que ya existen hasta cinco, tenía 35 milímetros y grababa vídeos y hacía fotos con un tamaño ínfimo. Cabía en cualquier lado y tenía un ejército de accesorios que permitían anclarla a cualquier arista del cuerpo, de una bici o incluso un paracaídas. El potencial era inmenso.

Woodman se hizo de oro gracias a alianzas como la firmada con Red Bull o el campeonato del mundo de motos y decidió lanzarse a los brazos de los inversores con la salida a bolsa el 26 de junio del 2014 a un precio de 24 dólares por acción. Las subidas en los primeros compases rozaron el 30%, reflejo de cómo era entonces el mundo tecnológico. Woodman incluso se compró un Golfstream Serie V, uno de los aviones privados más caros que ha visto la aviación privada, con capacidad para viajar de Los Angeles a Shanghai sin parar a repostar. No sabemos si el jet aún está en el hangar, pero igual es momento de darle salida.

Las acciones de GoPro tocaron en la sesión de este lunes en Wall Street sus niveles más bajos de la historia, con una caída que superó el 10% y que llevó a las acciones de la empresa californiana a perder los ocho dólares. Con un pequeño empujón en el descuento de la sesión recuperaron algo de terreno y los títulos repuntaron lo suficiente para acabar la jornada en 8,14 dólares. El desplome del 7,92% es el peor desde el 28 de septiembre de 2015.

El fuerte agujero llegó después de que Goldman Sachs fuera la segunda firma en dos días, después de Citi, en colocarle a GoPro la recomendación de venta. Stanley Kovler, analista de Citi, considera que los productos de la empresa “no son suficiente para superar el descenso en un sector que está maduro en lugares como Estados Unidos”, alegando que “hay poco margen de crecimiento incluso para una marca que tiene el 50% del mercado”.

Kovler también avisó a GoPro de que su nuevo objetivo, puesto en la industria de los drones, puede tener un doble filo por “la fuerte competición con actores ya asentados y con mejores resultados”. Citi también refleja la reciente estrategia de Woodman para controlar al milímetro los costes, pero avisa de que el punto de breakeven puede estar a dos años de distancia. Para conseguir alcanzarlo la compañía estadounidense tendría “que crecer un 22% en 2017 en un momento en el que las pérdidas pueden ser la tónica al menos hasta 2018”.

Fracaso en sus lanzamientos

Las dos últimas creaciones de GoPro han sido un verdadero fiasco, y han arrastrado las acciones de la compañía hasta el agujero en el que se encuentran ahora mismo. El primer batacazo grande llegó de la mano del dron Karma, que llegó al mercado con una campaña de márketing que creó una expectación que terminó por volverse en contra de su fabricante. Era un dron con cuatro hélices que llevaba colocada en su parte frontal una GoPro con la que grabar el vuelo.

Se pusieron a la venta el 23 de octubre y se despacharon hasta 2.500 unidades en menos de dos meses, por un precio de 799 dólares, poco más de 755 euros, sin cámara o por 1.099 dólares, cerca de 1.039 euros, si el dispositivo de grabación iba incluido.

El problema es que pasados esos dos meses GoPro tuvo que pedir a todos sus usuarios que las devolvieran por un problema en la batería, que se desconectaba en pleno vuelo y provocaba la caída en picado del dron.

La GoPro Hero 5, el otro gran culpable, se puso a la venta en septiembre de 2016. Tiene GPS, graba en 4K, toma fotos con hasta 12 megapíxeles y tiene una pantalla táctil de dos pulgadas, todo ello por entre 330 y 430 euros según los gustos del usuario. El dispositivo, en el que Woodman confiaba para salir del pozo, se retrasó dos meses por fallos en el proceso de producción y las ventas fueron mucho más bajas de lo esperado.

Malos resultados

La compañía presentó sus últimos resultados trimestrales a comienzos del pasado mes de febrero con unos ingresos de casi 210 millones de dólares, 198 millones de euros, muy lejos de las previsiones del mercado que los situaban en el entorno de los 267 millones de dólares, 252 millones de euros.

Los analistas de Citi destacan la intención de GoPro en situar sus gastos operativos por debajo de la barrera de los 600 millones de dólares, 567 millones de euros, pero consideran que no será suficiente. “Para alcanzar el equilibrio en las cuentas los ingresos de la división de drones deberían aumentar entre 300 y 400 millones de dólares, una cantidad que parece inalcanzable en el corto plazo”, señala Kovler.