En Twitter, como en la vida, no es oro todo lo que reluce. La influencia dentro del pequeño universo de los trinos se mide, grosso modo, por el número de seguidores que uno es capaz de acumular. Por supuesto, tener más followers no significa nada, pero sí que es importante para las figuras políticas de primer nivel, que compiten por sumar fieles en la red social.

Habitualmente, un usuario comienza a seguir una cuenta porque los tuits que ésta lanza le parecen interesantes, porque es una forma en la que una figura mediática se acerca al tuitero de a pie. Pero, ¿qué pasa cuando es otra persona la que escribe los mensajes de ese político? ¿Cómo se consigue entonces sumar seguidores? Fácil: se compran.

Una breve búsqueda en Google nos dice todo lo que tenemos que saber para comprar seguidores. Por 370 dólares al mes, menos de 350 euros, se pueden tener 100.000 nuevos seguidores que engorden nuestra casilla de followers. No hay que gastarse tanto si queremos una cifra algo más modesta, ya que por 9,99 euros al mes podemos tener 1.000 cuentas ficticias que poco a poco nos van dando relevancia. La mayoría de páginas que ofrecen este servicio limitan a 500.000 el número de seguidores que pueden incorporar.

Nuestros políticos, o al menos sus equipos de comunicación, también son buenos conocedores de este tipo de técnicas para ir subiendo en el ranking de tuiteros en España. Dentro del Congreso y fuera de él, el monarca político de Twitter, aunque el título no le vaya a hacer mucha gracia, es Pablo Iglesias. El secretario general de Podemos tiene 1,96 millones de seguidores, pero sólo el 69% son las personas reales que han elegido darle a «seguir» al perfil del líder morado, según las cifras de Twitter Audit.

Iglesias tiene 1,336 millones de personas de carne y hueso que le siguen en la red social, aunque también cuenta con 611.702 perfiles falsos que le ayudan a subir los números. Sin ellos, en cualquier caso, seguiría ocupando la primera posición.

Si tenemos en cuenta a 19 figuras políticas de alta relevancia, el porcentaje medio de seguidores reales apenas supera por dos décimas el 70%, una cifra que no es excesivamente alta en comparación con los datos que las cuentas arrojan a simple vista. Como todas las medias, está desequilibrada por unos cuantos perfiles que están en polos opuestos.

Resultados sonrojantes

La conclusión es clara: hay algunos políticos que deberían revisar su política de comunicación en redes. Y los que peores resultados han obtenido tienen una cosa en común: pertenecen a formaciones de la llamada vieja política.

Según el ranking, la lista de los peores perfiles de un político la lidera, tristemente, Patxi López, ahora candidato a las primarias del PSOE. El ex presidente del Congreso de los Diputados durante una de la legislatura más efímera que ha conocido la democracia tiene en su cuenta @patxilopez más de 203.000 seguidores, aunque sólo 67.891 son reales. Es decir, el 66% de sus followers no son falsos, con un escaso 34% de seguidores sin trampa ni cartón.

Por debajo del 50% están otros dos nombres de gran relevancia: Mariano Rajoy y Oriol Junqueras. Seguramente a ninguno de los dos les gustaría verse junto al otro en ranking alguno, pero comparten su gusto por los bots para hacer crecer su nómina de seguidores. Las cuentas de ambos líderes tienen más perfiles fake que reales entre sus adeptos en la red social. El presidente del Gobierno, al que su equipo le escribe todos los tuits, salvando los que van firmados con la firma MR, tiene en su cuenta @marianorajoy 1,36 millones de seguidores, pero sólo el 42% son seres humanos que han elegido hacerlo. Rajoy tiene 788.484 robots que no han tenido elección a la hora de clickar en el botón de Follow, mientras que 570.971 sí lo han hecho.

La cabeza visible de la economía soberanista catalana, Oriol Junqueras, tampoco saca un resultado mucho mejor. Apenas 118.776 de los 255.000 seguidores de @junqueras son reales, cuando 126.628 son bots contratados para tal efecto. El porcentaje se queda en un pobre 48%.

Si el número uno del Ejecutivo cuenta con apenas un 42% de seguidores reales, su número dos no puede presentar una cifra mucho mejor. Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta del Gobierno, tiene en Twitter más de 298.000 seguidores, pero apenas un 57% de ellos, hasta 167.844, son reales. Un total de 127.656 followers de @sorayapp son bots.

Buenas cifras

Por supuesto, también hay políticos que se ganan a sus seguidores a golpe de tuit. Escribir uno mismo los mensajes siempre funciona y, al menos, da la sensación de cercanía que siempre buscan los usuarios de la popular red social. Dentro de la élite política, los mejores resultados los obtiene la flamante número dos de Podemos, Irene Montero, que tiene en su cuenta de Twitter un 98% de seguidores reales.

Es una cifra muy, muy alta, e indica que no tiene bots en su cuenta, dado que obtener el 100% es prácticamente imposible. Montero roza los 82.000 followers en @irene_montero, un handle muy similar al de Iglesias, y casi 79.500 son personas reales.

Cerca de este gran resultado están dos mujeres más, aunque lucen colores diferentes. Andrea Levy, una de las subsecretarias del Partido Popular, sí que responde a la estrategia de las cabezas pensantes del partido de Gobierno, que buscan rejuvenecer la formación y acercarla, aunque sea un poco, a la gente de a pie. Levy tiene en su perfil, que es @ALevySoler, un total de 42.600 seguidores, de los que el 96%, o 40.403, son personas reales.

La tercera en la clasificación es Inés Arrimadas. La líder de Ciudadanos en Cataluña ha conseguido que el 93% de las 143.000 personas a las que les interesa sus trinos son reales, hasta 133.639, mientras que un total de 9.905 son bots o cuentas que le han dado a Follow por defecto.

El resto del top 5 lo completa un par de políticos, en este caso varones, que comenzaron su carrera en Cataluña pero que han seguido caminos muy diferentes. La dupla la lidera Carles Puigdemont, que tiene un 90% de seguidores reales en su perfil @KRLS ya que cuenta con 168.705 personas reales y 17.916 robots en su cuenta de seguidores.

A su vera, aunque a algo de distancia, está el líder de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, @Albert_Rivera, que puede presumir de tener más de 730.000 seguidores en su perfil. El 83% de ellos, o hasta 602.184 son personas reales, mientras que 128.971 son falsos.

La relevancia en el ágora de Twitter no se mide por seguidores. Una métrica que sí que muestra con algo más de fidelidad, aunque no es exacta, el seguimiento que tiene una cuenta la encontramos en las interacciones que tiene cada trino.

Así, es complicado encontrar un sólo mensaje de @marianorajoy que tenga más de 100 retuits, pese a contar con 1,36 millones de seguidores. Por contra, en el perfil de @Pablo_Iglesias_ nos costará encontrar algún tuit que no haya sido compartido entre 250 y 300 veces por sus 1,96 millones de followers.