La farmacia que dirige Gema Herrerías la abrió su madre hace más de 40 años. Ella se incorporó en el año 2000 a un negocio próspero, pero pocos años después y tras haber viajado por Europa y Estados Unidos se dio cuenta de «por dónde iban los tiros». Sin idea de cómo golpearía la crisis al sector, esta farmacéutica sevillana dio los primeros pasos de un camino que años más tarde, y en algunos casos sólo necesariamente, han seguido muchos otros.

Gema eliminó el tradicional mostrador y lo sustituyó por pequeñas mesas de atención personalizada. «Sacó» la rebotica exponiendo los productos y empezó a ofrecer servicios de asesoría profesional en su farmacia. «Solucionamos problemas a la gente que luego compra nuestro producto, pero es una compra vinculada a la resolución de un problema. El margen de los medicamentos es cada vez menor, más en Andalucía, y esto se ha convertido en el motor de mi actividad profesional», asegura Herrerías, dueña de A5 Farmacia.

El de Herrerías fue de los primeros, pero cada vez más las farmacias se parecen más a un supermercado donde uno coge sus productos y los paga en caja y menos a la tradicional botica, donde todo se pedía al farmacéutico – o más bien a la farmacéutica, pues siete de cada 10 son mujeres -, que lo despachaba desde detrás de la barra.

Este cambio en el diseño, con lineales, expositores y una gama cada vez más variada de productos de belleza, cosmética o nutrición, es el arma que cada vez más farmacéuticos emplean para hacer frente a una facturación de medicamentos en declive. Entre 2005 y 2015, la facturación media de las farmacias permaneció estancada, con unas cifras que solo consiguieron salvarse gracias a la introducción en las boticas de productos que tradicionalmente solo se compraban en la droguería o el supermercado.

En 2016 el consumo de medicamentos financiados ha estado un 20% por debajo del de 2009

Y es que aproximadamente uno de cada tres productos que se vende en las farmacias ya no es un medicamento de prescripción, sino un medicamento sin receta o un producto de perfumería o belleza. «En las farmacias, la salida de la crisis se ha notado menos que en otros sectores, aún se vende un 20% menos de medicamentos financiados que en 2009», afirma Enrique Granda, director del Observatorio del Medicamento de FEFE. «Esto se explica, no porque la gente los necesite menos, sino porque diversos decretos en los últimos años sacaron unos 100 millones de recetas de la financiación pública», según confirma Granda.

La media de facturación de las farmacias en España (hay en torno a 22.000) fue de 650.000 euros en 2015, la misma que 10 años antes, según datos de FEFE. La diferencia son los porcentajes. Según los datos de IMS, el porcentaje de los medicamentos con receta cayó del 65 al 62% entre 2010 y 2013 mientras que el del autocuidado subió del 25 al 27%, porcentaje este último que sigue creciendo año tras año.

El objetivo de los farmacéuticos es que el autocuidado llegue a ser la mitad de todo lo que se vende en la farmacia»

«El objetivo de los farmacéuticos es que el autocuidado llegue a ser la mitad de todo lo que se vende en la farmacia, estos productos dejan mucho más margen», reconoce Granda, que añade que «la parte negativa se la llevan las farmacias rurales o en zonas desfavorecidas, donde no hay esa oportunidad de venta». Esas farmacias, donde no han podido compensar las pérdidas, son las que se han llevado la peor parte de la crisis, lo que se ve en un aumento de las subvenciones, que el Estado otorga desde 2012 a las que facturan menos de 200.000 euros anuales.

Este aumento de las ventas no solo se ve en las farmacias, también lo constata el sector de la perfumería y cosmética. En 2016, dos de cada 10 de estos productos se vendieron en las farmacias, un 5,5% más que el año anterior y en el cuarto año de incremento, según los datos de la Asociación nacional de perfumería y cosmética de España, Stanpa. «Es el canal de venta que más creció en 2016, por delante de las tiendas de lujo o la gran distribución», ha confirmado Val Díez, directora general de la asociación.

Dos de cada 10 de estos productos de perfumería y cosmética ya se venden en farmacia

Este aumento se apoya en la confianza que el público tiene en el sector para comprar sus productos de cuidado y belleza al farmacéutico, al que considera experto. «Es la venta emocional, la gente busca un consejo experto», asegura Esther Peña, gerente del área de Sanidad en Overlap, una consultora de asesoría de ventas, que añade que «las farmacias han encontrado su oportunidad en esto, en la venta online y en el nuevo diseño de las farmacias, todo ello en torno a los productos de belleza y cuidado».

La «venta emocional» de la que habla Peña es la que ofrece Herrerías en su farmacia: «Los clientes antes buscaban el glamour, la belleza, ahora lo que buscan es eficacia y para ello necesitan el consejo experto del servicio que ofrece la farmacia», asegura la farmacéutica sevillana.

El futuro: los servicios profesionales

Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, reconoce que la farmacia ha cambiado en cercanía y en dispensación de nuevos productos, pero sitúa otra como la principal tendencia – u objetivo – del sector. «Queremos ir hacia la farmacia asistencial. La reinvención de la farmacia va a venir a través de los servicios profesionales».

El objetivo de los Colegios Farmacéuticos es ganar protagonismo en la atención sanitaria a través de nuevos convenios con la Administración pública para proyectos que tengan que ver con la vigilancia y el control de la administración de medicamentos. «Hay sectores de población, especialmente de la gente mayor o con dificultades cognitivas, que tienen problemas y no cumplen los tratamientos, lo que provoca gastos tremendos por ingresos hospitalarios y complicaciones. Según un estudio que realizamos, estos proyectos podrían ahorrar hasta 2.200 millones de euros a la Administración», señala Aguilar, que incide en que los profesionales farmacéuticos tienen una formación profesional con mucho más potencial del que ahora les otorga la Administración. «En países como Inglaterra, Australia o Canadá ya se están implementando, también hay algún proyecto puntual en el País Vasco y Cataluña, lo necesario es que haya voluntad para ponerlos en marcha», concluye.