En un escenario europeo plagado de incertidumbres políticas, España ha dejado de figurar en el centro de las preocupaciones financieras. Y en ello ha sido fundamental la menor sensación de amenaza que parecen percibir los inversores en torno al movimiento nacionalista catalán.

Lejos han quedado aquellos momentos en que las principales agencias de rating internacionales lanzaban sonoras advertencias contra los riesgos de una posible ruptura entre España y Cataluña. Ahora, aunque la amenaza se mantiene latente, los temores parecen haber disminuido notablemente.

Así lo aseguraba este martes el ministro de Economía, Industria y Competitividad, Luis de Guindos, durante su intervención en un desayuno informativo organizado por Europa Press, que, en sus contactos con agentes del mercado, “los inversores ya no preguntan por Cataluña y las agencias de rating lo hacen poco”. En todo caso, cuando los informes de revisión de la calificación de España de estas agencias mencionan la cuestión catalana, los hacen “siempre marginalmente”, afirmó.

Fitch mantiene como escenario base que habrá un acuerdo entre el Gobierno y Cataluña

En cambio, el ministro de Economía asegura que “el escenario razonable” para todos ellos es que Cataluña seguirá formando parte de España y, de cara a las próximas actualizaciones del rating de España, que previsiblemente se irán publicando durante los próximos días, es de esperar que “estén en consonancia” con el momento de crecimiento económico y creación de Empleo de España.

Esta parece ser la visión de la agencia Fitch, que el pasado enero señalaba en un informe –en el que confirmaba la calificación BBB+/estable para el rating español- que «nuestro supuesto base es que habrá un acuerdo entre Madrid y Barcelona sobre la reforma regional y una mayor autonomía para Cataluña dentro de España».

Esta agencia realizará su segunda evaluación de la nota española el próximo 21 de julio. Antes tendrá que hacerlo Standard & Poor’s, que tiene previsto revisar el rating BBB+/estable asignado a España el próximo 31 de marzo.

Por su parte, Moody’s actualizará su calificación crediticia de España el 30 de junio, tras ratificar el pasado febrero un rating de Baa2/estable para el país.

Menor tensión

En los informes y comentarios de las agencias de rating, las advertencias sobre los riesgos implícitos al desafío catalán han ido perdiendo fuerza de forma progresiva desde finales de 2015. Como observaba Fitch en enero, en el último año «las tensiones entre el gobierno central y el gobierno regional catalán han sido algo menos pronunciadas».

La agencia atribuye esa distensión a la “menor cohesión dentro del gobierno regional de Cataluña y a la ausencia de un gobierno central permanente durante la mayor parte de 2016”.

Esta realidad contrasta con la advertencia que hacía la propia agencia el pasado mes de junio, cuando señalaba que el Brexit británico podría intensificar las presiones secesionistas en regiones como Cataluña.

La fuerte dependencia económica de Cataluña hacia la financiación estatal es una de las claves por las que los analistas crediticios de las principales agencias confían en que Cataluña no tensará la cuerda hasta el límite. Como explican en Standard & Poor’s, «desde 2012, el gobierno central de España ha dispuesto más de 52.000 millones de euros para financiar Cataluña bajo varias líneas de liquidez, cubriendo vencimientos de deuda y déficits, tanto autorizados como por encima de objetivos».

Moody’s recalca que el rating catalán caería hasta cuatro escalones sin el soporte estatal

Moody’s considera que el rating catalán estaría hasta cuatro escalones por debajo del nivel actual sin el respaldo de la liquidez del Estado. Y en Standard & Poor’s, por su parte, advierten de que las vulnerabilidades financieras de Cataluña no pueden achacarse exclusivamente a las deficiencias del sistema de financiación autonómico.

En cualquier caso, el movimiento nacionalista catalán no ha desaparecido del radar de las agencias, que consideran que se mantiene como “un proceso desafiante”.

Así, en Standard & Poor’s advertían el pasado noviembre de que “las tensiones políticas entre Cataluña y el gobierno central de España no muestran signos de disminución y siguen siendo un riesgo significativo”.

Unos avisos que, en cualquier caso resultan mucho menos alarmantes que los avisos que fueron comunes entre las agencias durante buena parte de 2014 y 2015, cuando Cataluña era señalado como el principal riesgo para las perspectivas de España. Así, por ejemplo, Moody’s advertía en 2014 de que «la posibilidad de que Cataluña se separe de España podría desanimar la inversión extranjera y la actividad empresarial», por lo que «la secesión tendría un gran impacto negativo en la economía española».

Del mismo modo, Fitch resaltaba hace tan solo un año que «la incertidumbre sobre las futuras relaciones entre Cataluña y el resto de España podrían dañar el sentimiento económico y la inversión».