La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb), el banco malo creado en 2012 para liquidar la cartera de activos tóxicos de la banca -principalmente en el sector inmobiliario- ha multiplicado por seis sus pérdidas en 2016. En concreto, hasta los 663 millones de euros frente a 103 millones en 2015. La sociedad ha achacado este deterioro a “los altos costes vinculados al mantenimiento de la cartera y la venta de activos en minusvalías”, como ha destacado su presidente, Jaime Echegoyen.

El colosal incremento de las pérdidas coincide con un aumento del número de ventas del 25%, superando las 14.000 unidades vendidas entre vivienda residencial, suelo y terciario. Echegoyen también se ha referido a activos sobrevalorados que adquirió Sareb al poco de ser creada como parte del problema. La empresa se olvida de la rentabilidad y los beneficios inicialmente previstos.

El margen bruto obtenido por Sareb en 2016 fue de 664 millones, un 46% menos que el año anterior, precisamente por la mencionada venta de activos en minusvalías. “El año pasado dimos un impulso a las minusvalías porque al final de nuestro mandato tenemos que desembarazarnos de todos los activos. Y todos son todos”, ha precisado Echegoyen.

A esto hay que añadir, según la sociedad, el pago de impuestos, el coste de mantener en cartera activos muy deteriorados durante mucho tiempo, los gastos operativos o en apartados como el desembolso en comunidades de vecinos.

Echegoyen se ha mostrado moderadamente optimista: “La compañía cuenta con la fortaleza patrimonial suficiente para proseguir con su labor desinversora hasta el final de su mandato, en 2027”, ha señalado, destacando que los recursos propios de Sareb superan los 4.000 millones de euros. Dentro de 10 años -2027- la Sareb está llamada a desaparecer, según sus propios estatutos.