La salida de la crisis en el empleo se identifica cada vez más con una vuelta a las cifras previas a la crisis. Sin embargo, no todos los niveles de aquellos años deberían ser referentes. Mientras que la meta de los 20 millones de ocupados que había en 2007 y que el Gobierno se ha propuesto recuperar en 2019 seguramente lo sea, no lo es un retorno a esos años en los que el paro tenía, sobre todo, cara de mujer. Y precisamente eso es lo que está ocurriendo desde que se ha iniciado la recuperación económica.

Las mujeres suponían el 60% del paro registrado en las oficinas de empleo en 2006. Sin embargo, los avatares de la crisis redujeron la distancia respecto a los hombre a alrededor de medio punto porcentual. En marzo de 2013, en la antesala de la recuperación económica que daría comienzo a finales de ese mismo año, había cinco millones de parados, de los que 2.506.091 eran hombres y 2.529.152, mujeres. La diferencia en aquel momento era de tan solo 23.000 personas.

Sin embargo, con la recuperación económica ya consolidada la distancia ha vuelto a incrementarse en una senda que cabalga hacia la fotografía de la desigualdad de los años precrisis.

Hasta julio de 2013, el paro aún crecía y lo hacía en tasas similares para hombres y mujeres. Sin embargo, en agosto del mismo año el desempleo comenzó a ceder en el caso de los hombres y las mujeres solo se sumaron a este cambio de tendencia en noviembre, con cuatro meses de retraso.

Desde entonces, el ritmo de reducción del paro ha sido superior para los hombres.  Desde marzo de 2015, sus tasas de caída superan el 10%, una velocidad que las mujeres no han llegado ni a rozar en todo este tiempo.

Es por eso que, entre los positivos datos de paro registrado y afiliación a la Seguridad Social del mes de abril, se observa que el peso de las mujeres en el desempleo vuelve a ser del 56,7%. El paro se ha reducido en alrededor de 1, 5 millones de personas desde marzo de 2013, pero solo uno de cada tres parados menos ha sido mujer desde entonces.

Eso ha hecho que de los 3.573.036 parados registrados en el mes de abril de este año, más de dos millones fueran mujeres. En total, 479.476 más que hombres. De esta forma, la brecha de 23.000 personas se ha multiplicado por 20 en estos años.

La brecha se agranda a partir de los 25 años

Expertos consultados por El Independiente señalan que esto se debe a la tradicional brecha de género, pero también a que las mujeres han acudido a las oficinas de empleo cuando había trabajo disponible. La Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) explica, por ejemplo, que “la tasa de participación tiende a disminuir entre los hombres, mientras que aumenta entre las mujeres” en este tipo de situaciones.

En este sentido, la economista e investigadora de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), Sara de la Rica, confirma que “la recuperación de la crisis está siendo más favorable para hombres que para mujeres”, en tanto que ellos se encuentran en ocupaciones más cíclicas, lo que implica que en épocas de recesión la pérdida de empleo en los varones es superior a la de las mujeres –en esta reciente crisis se ha llegado a perder el 25% del empleo masculino por el 10% del empleo femenino–, pero en épocas de expansión, por la misma razón, encuentran empleos más rápidamente.

De la Rica también habla de un fenómeno paralelo que es que la participación laboral de la mujer sigue aumentando, mientras que la de los varones va disminuyendo. “Hay una apuesta clara de la mujer por participar en el mercado laboral, sobre todo en mujeres en edades más jóvenes”, recalca, para añadir que “esta apuesta provoca que la ocupación se vaya equilibrando”, entre otras cosas, porque muchas de las nuevas afiliaciones a la Seguridad Social no provienen del desempleo, sino de la inactividad.

Así pues, la economista de Fedea recuerda que la tasa de actividad está creciendo más en mujeres que en hombres –el número de hombres activos disminuyó un 0,71% en el primer trimestre en comparación con un año antes, mientras que en el caso de las mujeres la caída fue del 0,39%, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA)–, lo que hace que la distancia en la ocupación por sexo va disminuyendo.

Las cifras así lo constatan. Las mujeres suponían el 41,5% del total de los ocupados en 2007, cifra que escaló paulatinamente hasta el 46,5% en 2014. Pero esta proporción se ha estabilizado desde entonces, en paralelo a una reducción paulatina del desempleo, sobre todo entre los hombres.

Por otro lado, otras fuentes consultadas señalan que una parte de esta asimetría en la evolución por género del desempleo se debe también, aunque en menor medida, a mujeres que acuden a los servicios de empleo para mantener su inscripción para beneficiarse de ciertas ventajas, como servicios municipales o descuentos, sin buscar en realidad un empleo.

Todas estas cuestiones son, finalmente, coherentes con las cifras de desempleo por edades. La brecha de género es más evidente a partir de los 25 años. En primer lugar, las mujeres por debajo de esa edad solo suponían el 6,7% de las paradas en abril de este año, pero además eran minoría frente a los hombres de su edad. Sin embargo, dado el salto por encima de los 25 años, las proporciones cambian. Hasta el 57,3% del desempleo en ese tramo de edades se concentra entre las mujeres.