Los conductores de Nueva York le han ganado una gran batalla a Uber. La compañía ha reconocido que ha cobrado de más a sus asociados en la Gran Manzana durante dos años y medio, por lo que ahora tendrá que devolver una cantidad que está cifrada en decenas de millones de dólares.

Uber, según la teoría, cobra a sus conductores entre un 20% y un 25% del montante total de cada trayecto, una vez descontados los impuestos y un pequeño fijo que va destinado a un fondo para ayudas a los que están de baja. Sin embargo, la plataforma de transporte se quedaba con ese porcentaje de la cantidad antes de las tasas, por lo que se embolsaba más de lo debido y le restaba ganancias a los conductores.

De esta manera, Uber tendrá que pagar unos 900 dólares, más de 800 euros, a cada uno de las decenas de miles de conductores que recorren las calles neoyorquinas, si bien cada caso será estudiado de manera individual.

No es la primera vez que la plataforma tiene que afrontar una situación así. Ya tuvo que pagar una gran compensación a los conductores de UberBlack, uno de sus servicios, en Philadelphia por cobrarles un 5% más durante 18 meses.

En enero de este año también tuvo que pagar 20 millones de dólares, casi 18 millones de euros, por mentir a los conductores sobre las cantidades que podrían ganar trabajando para Uber. También han recibido críticas y acusaciones de que su sistema de precios está diseñado para engañar a los chóferes.

“Le vamos a pagar a los conductores hasta el último centavo de lo que les debemos”, ha afirmado la mánager de Uber en EEUU y Canadá, Rachel Holt, tal y como recoge The Guardian. “Trabajamos muy duro para recuperar la confianza de los conductores y eso significa ser transparente y cumplir con nuestra palabra”, ha explicado.

Uber tiene una relación particular con sus conductores, que viven encuadrados en la figura del trabajador independiente. De esta manera, la compañía californiana evita tener que cumplir con salarios mínimos o pagar compensaciones a las que obliga la legislación estadounidense.

Choque en Pittsburgh

Los muchachos de Travis Kalanick, creador y actual CEO de la aplicación, se han encontrado con otro gran conflicto en Pittsburgh, una de las ciudades designadas como lugar de pruebas de los coches autónomos en Estados Unidos.

Uber llegó a un acuerdo con el ayuntamiento para colocar una docena de estos vehículos en las calles, a condición de que los trayectos fueran gratuitos para todo aquél que se subiera en los coches y con la promesa de que los conductores, que todavía deben ir dentro por aquello de la seguridad, fueran ciudadanos locales.

Ni una ni otra. El propio alcalde de la ciudad del estado de Pennsylvania, Bill Peduto, se encontró con que en uno de los viajes en estos coches autónomos le cobraron el trayecto. Y se dirigió directamente a Kalanick, que le dejó claro que nunca habían acordado que los viajes fueran ser gratis.

Uber tampoco apoyó al gobierno local en su petición de fondos a las autoridades nacionales para mejorar el sistema de transporte de la ciudad. En teoría, la compañía californiana se comprometía a sumarse a esa demanda y a aportar hasta 25 millones de dólares, más de 22 millones de euros, para tal fin.

La imagen de la aplicación de transporte, así como la de su CEO Travis Kalanick, sigue cayendo en picado. Han tenido que afrontar una campaña en redes sociales que acabó con 500.000 usuarios borrando la aplicación, su fundador ha sido acusado de acoso sexual y de discriminación de género e incluso se filtró un vídeo de Kalanick discutiendo con un conductor de muy malas formas. La crisis de Uber, que no acaba.