Una factura de 17.000 millones de euros. Ese podría ser el coste de la crisis catalana sobre la economía española, según la firma de asesoramiento global Oxford Economics.

Aunque los analistas de la firma siguen confiando en que «la crisis catalana tendrá un impacto limitado sobre la economía», reconocen que «las elevadas tensiones políticas ya han provocado que la incertidumbre llegue a los niveles más altos en más de una década» y advierten de que la «incertidumbre puede afectar a la economía a través de una variedad de canales: es más probable que las empresas pospongan o cancelen los planes de inversión y las decisiones de contratación, mientras que la pérdida de confianza puede provocar que los hogares reduzcan el gasto, particularmente en los artículos de precio elevado».

Teniendo en cuenta esto, Oxford Economics contempla escenarios alternativos, como el que se derivaría de un aumento persistente de la incertidumbre durante los próximos dos años que causara una reacción negativa en los mercados financieros. «El impacto en la economía española sería considerable. De acuerdo con nuestra simulación, el nivel de PIB estaría un 1,5% por debajo de nuestro estándar para finales de 2019, lo que se traduce en 17.000 millones de euros en términos de efectivo», resalta el informe firmado por Ángel Talavera, economista de la firma para la eurozona.

Este elevado coste se deriva de sopesar los diversos efectos que podría tener la elevada incertidumbre. Así, Talavera contempla un aumento persistente de la rentabilidad de los bonos de 50 puntos básicos y una caída de las acciones española del 10% entre 2018 y 2019, así como un shock de confianza semejante al que afectó a España en el primer semestre de 2016 -ante las dificultades para la formación de gobierno- y que fue sucedido de un descenso de la inversión en el siguiente trimestre. Asimismo no se prevén respuestas especiales por parte del BCE ni medidas de estímulo fiscal por parte del Gobierno español.

En cambio, Oxford Economics no evalúa el impacto de la crisis sobre el turismo, confiado en que «cualquier reducción del turismo se compensa con flujos más fuertes hacia otras regiones de España», e ignora el impacto potencial sobre la inversión extranjera neta.

Con todos esos condicionantes, Talavera valora un escenario en el que «la inversión fija se ve afectada por el doble golpe de mayor incertidumbre y condiciones financieras más restrictivas, mientras que el gasto de los hogares también sufre por la pérdida de riqueza asociada a la caída de las acciones». Asimismo, «una moderación en el crecimiento de las importaciones (ya que la demanda interna se desacelera considerablemente) compensa en parte el impacto del shock. En términos anuales, el crecimiento del PIB cae al 1,5% en 2018 y al 2% en 2019 (en comparación con nuestro pronóstico de base de 2,6% y 2,4%, respectivamente)».

Estos negativos augurios son, en cualquier caso, menos nocivos que los planteados por otras instituciones, como Bank of America o el Banco de España. En este caso, en Oxford Economics explican que el escenario adverso planteado por el supervisor financiero español, que elevaba el impacto sobre el PIB hasta un máximo del 2,6%, contemplaba unos picos de volatilidad e incertidumbre semejantes a los de la crisis bancaria de 2012, «algo que consideramos muy improbable que suceda».