La vida en el Alto Támega empezó a cambiar en 2007, cuando el gobierno portugués aprobó un plan para reducir la dependencia del carbón y apostar por la energía limpia. Sólo en Lisboa se construyeron diez centrales hidroeléctricas.

La geografía de Portugal es tan accidentada como inclemente. Las ciudades más ricas y prósperas están en el litoral Atlántico. Cuanto más te adentras, más pobre es la región. El Alto Támega pasó desapercibido incluso para el premio Nobel José Saramago, que en su Viaje a Portugal se detiene a enumerar la vida y las bellezas de los pueblos más recónditos de su país natal.

Iberdrola construirá tres centrales hidroeléctricas en el Alto Támega

Visto desde el cielo, el río Támega se confunde entre los picos de la región de Tras Os Montes. Aquí la primera autopista llegó en 2006. Antes, para llegar a Oporto, la ciudad más importante de la región, se necesitaban tres horas por una carretera llena de curvas. Ahora, el tráfico se ralentiza por el paso de las grúas y perforadoras de Iberdrola (la sociedad española que se encarga de construcción de tres centrales hidroeléctricas a lo largo del Támega).


Vídeo: G. M. Piantadosi

En Chaves, Ribeira da Pena, Boticas, las ciudades afectadas por la imponente obra, se vive una atmósfera a lo Bienvenido Mr. Marshall. Cuando en 2009 el presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, firmó el contrato con el gobierno portugués, la compañía española se comprometió a una inversión de 1.500 millones de euros, de los cuales 50 millones están destinados a proyectos sociales y ambientales. A cambio la empresa española tendría una concesión de 70 años sobre la central. “Ahora somos un vecino más de la región y lo seremos durante mucho tiempo. Queremos llevarnos bien”, dice a El Independiente David Rivera, Director de Proyecto de Iberdrola.

En toda la región del Támega el desempleo se ha duplicado en los últimos 15 años. En Ribeira Da Pena, la ciudad más afectada por las obras de la central, el 12% de la población no tiene trabajo, uno de los porcentajes más altos en Portugal. Sin embargo, aquí la naturaleza ha creado las condiciones adecuadas para producir energía eléctrica.

El pequeño río Támega será detenido dos veces antes de confluir en el Duero. La primera presa, de 107 metros, equivale a la catedral de Salamanca y permitirá aumentar el caudal del río. La segunda estará 10 kilómetros más abajo, en la localidad de Daivoôes. Desde ahí un conducto bombeará agua a 800 metros de altura, donde se encuentra la central de Gouvâes, la más potente de las tres. “Funcionará como una pila. Aquí se almacenará el agua en exceso, para que pueda ser reutilizada y revertida a la central en los momentos de picos de demanda energética”, explica Rivera.

Mapa de las obras de Iberdrola en ll Támega

Mapa de las obras de Iberdrola en ll Támega Fuente: IBERDROLA - Elaboración: INDP

Iberdrola ha diseñado el complejo del Támega reproduciendo la estructura y el funcionamiento de la central de La Muela, en la provincia de Valencia. Inaugurada en 2013 por el entonces Príncipe Felipe, es la central hidroeléctrica de bombeo más grande de Europa. Cuando entren en funcionamiento, antes del 2023, las centrales del Alto Támega tendrán una potencia de 1.158 MW y proporcionarán 1.766 GWH al año, equivalentes al 6% de la potencia eléctrica total instalada en Portugal. Solo la central de Gouvâes podría suministrar energía durante un día entero al millón de personas que viven en el área metropolitana de Oporto.

Se modificó el proyecto para salvar el mejillón Margaritifera Margaritifera, en riesgo de extinción

Las obras han empezado en 2014, después de casi cinco años de estudios, proyectos, encuentros con los vecinos, ampliaciones y modificaciones de planes. En principio Iberdrola tenía pensado construir una cuarta central, en el Río Beça. Pero en su lecho viven por lo menos 1.200 ejemplares de Margaritifera margaritifera, un mejillón grande como uno smartphone de 7 pulgadas que vive cien años y no se come. Sin embargo, es una especie en riesgo de extinción en toda la península ibérica. El proyecto del cuarto embalse se apartó para no comprometer más su ecosistema.

 

Una curva de la carretera nacional 206 se ha convertido en el mirador donde los lugareños se paran a mirar el avance de las obras del embalse de Daivôes. En tres años Iberdrola ha construido el canal de bombeo de la central de Gouvâes, ha desviado el Támega y ha perforado las cavernas subterráneas que albergarán las turbinas, a 350 metros de profundidad en el subsuelo.

Los motores de la central aún no se han encendido pero el impacto sobre la población de la región ya es visible. La obra de Iberdrola ha reactivado un tejido económico deprimido, creando puestos de trabajo y oportunidades para las empresas locales. Alrededor del 20% de los 1.400 trabajadores de la obra son de la zona. Pero llega un punto en el que no hay suficiente gente o se necesita traer obreros desde fuera porque las empresas locales no están suficientemente especializadas.

El impacto social de la obra

La demanda de alojamiento es tan alta que en Ribeira de Pena, el municipio más cercano a la obra, ahora hay cuatro establecimientos hoteleros cuando en 2009 no había ninguno. Aun así no es suficiente para dar cabida al personal traído aquí por contratistas como la española Acciona o la alemana Hendrik. Esta última ha creado una pequeña “ciudad” para sus trabajadores, con más de 120 alojamientos y un restaurante. Iberdrola calcula que en total se generará empleo para 14.000 personas durante la década necesaria para ultimar la central hidroeléctrica.

Se plantarán 400 árboles en 500 hectáreas como medida de compensación medioambiental

El complejo hidroeléctrico del Támega permitirá la reducción de 1,2 millones de toneladas de CO2 que se dejarán de emitir en la atmósfera, según cálculos de Iberdrola. Pero no todo es así de fácil. Una obra tan imponente tiene un impacto permanente. Y no son solo las 56 casas que quedarán sumergidas por la presa o los terrenos que se inundarán. Las desviaciones del río y las excavaciones en las montañas dejarán una huella permanente en el ecosistema. Para mitigar estos efectos Iberdrola invertirá 50 millones de euros en proyectos socio-ambientales.

Ocho técnicos se ocupan ya de medir el nivel de contaminación, ruido y sanidad de las aguas. Además 55 biólogos estudian el impacto de la obra sobre las especies de flora y fauna locales. En el parque de Boticas se ha implementado un invernadero para la flora protegidas. Se plantarán 400 árboles en 500 hectáreas. Más de 15 arqueólogos trabajan para la recuperación de los megalitos prehistóricos que se encuentran en la zona, explica José María Otero, Relaciones institucionales de Iberdrola.

Una oportunidad de crecimiento

De los 9 millones de euros invertidos hasta ahora, cinco han sido empleados para la modernización de infraestructuras y dos en instalaciones sociales. La mayoría han revertido en el municipio de Ribeira de Pena, por ser la población más afectada por la central.

La Casa del Productor, que ayuda a los pequeños productores de Ribeira, ha sido completamente reconstruida

Iglesia, ayuntamiento, escuela y pastelería se encuentran en la misma plaza de este pueblo de 6.000 habitantes. La remodelación de la Casa del Productor ha sido la primera de las intervenciones llevada a cabo. Una institución fundamental para las actividades de la zona. Ayuda a los pequeños productores en los trámites burocráticos y les asesora sobre las ayudas comunitarias y las oportunidades de inversión.

Pero quizá la mayoría de la población, ya de edad avanzada, disfrute al ver acabada la reestructuración y conversión en museo de la antigua escuela primaria. Construida en 1912, con el primer plan de educación pública, en su interior conserva bancos de madera, mapas, libros.

Son los testimonios de un tiempo que en esta región ha transcurrido más lentamente que en otros lugares de Portugal, de un progreso que ha tardado en llegar y de un bienestar que nunca se ha asentado del todo. Progreso y bienestar que ahora vuelven a asomarse con la llegada de un nuevo vecino, la central hidroeléctrica más grande de Portugal.