Uno de los desafíos más importantes del planeta es el proceso del cambio climático y el calentamiento global. La sociedad necesita tomarse en serio estas amenazas para impedir un punto de no retorno. Al tiempo que las necesidades energéticas en el mundo crecen de forma continua debido al aumento de la población, resulta fundamental seguir intentando transformar el modelo de producción y de consumo de energía actual por uno más sostenible. Lograr una economía baja en carbono que sea capaz de satisfacer las necesidades de la humanidad requiere de una transición en la que el gas natural puede jugar un papel relevante.

El Marco para Energía y Clima 2030, adoptado por el Consejo Europeo de la UE en octubre de 2014, obliga a una reducción de las emisiones de GEI para el año 2030 en al menos un 40% respecto a los niveles de 1990, y se establecen además objetivos adicionales a 2030 para alcanzar al menos un 27% de energías de origen renovable en el consumo energético final y una mejora en al menos un 27% de la eficiencia energética.

Lograr una economía baja en carbono requiere de una transición en la que el gas natural puede jugar un papel relevante

El gas, como energía limpia, flexible y competitiva, surge como el compañero perfecto para las renovables y la opción más realista y sostenible hasta que éstas alcancen un mayor desarrollo. Este mismo año, la Agencia Internacional de Energía y la International Renewable Energy Agency (IRENA) apuntaban en su reporte “Perspectives for the energy transition” la importancia del gas natural en la transición energética para garantizar flexibilidad del sistema en el sector de la energía y sustituir a los combustibles fósiles tradicionales. Además, afirmaban que el gas puede ejercer de puente para un mayor uso de las renovables.

En uno de sus informes más recientes, el centro de investigación Oxford Institute for Energy Studies señala que, con las infraestructuras gasistas existentes, una mayor apuesta por el gas supondría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de forma inmediata. Esto contribuiría a cumplir los objetivos medioambientales de Europa para 2020, de cuyos avances informó la Unión Europea el pasado mes de febrero.

Hay camino recorrido, pero para seguir dando pasos hacia un modelo más sostenible es necesario el compromiso de todos. Las compañías energéticas deben seguir contribuyendo al cumplimiento de los objetivos y ser capaces de ponernos a la cabeza de la transición energética, un proceso que ya ha comenzado y en el que el gas natural está llamado a desempeñar un papel clave.

Por todo esto, Enagás, como TSO europeo, ha estado trabajando en el proyecto Enagás 2040 con el objetivo de garantizar el crecimiento futuro de la compañía en el contexto de la transición energética.

Enagás ha trabajado durante el último año en el proyecto Enagás 2040 con el objetivo de garantizar la transición energética

Para ello se ha llevado a cabo un análisis de varios escenarios energéticos con el que se ha pretendido no ya predecir el futuro, sino anticipar posibles desarrollos tecnológicos y normativos que puedan afectar al sector. La modelización ha permitido, para cada escenario, estimar el mix energético óptimo desde el punto de vista de su eficiencia técnico-económica a largo plazo. En el proyecto han participado tanto expertos de áreas clave de Enagás como asesores externos a la compañía.

La principal conclusión de dicho análisis es que, en cualquier escenario plausible, la cadena del gas natural tiene una importante contribución en los consumos energéticos de los distintos sectores.

El gas es la fuente de energía más competitiva y limpia para satisfacer las necesidades térmicas, garantizando la viabilidad económica de la industria local.  Ya que, en mercados dinámicos y con gran potencial de crecimiento de la demanda de energía, el gas permite atender al mismo tiempo las necesidades crecientes de servicios energéticos modernos y los compromisos de reducción de emisiones y de calidad del aire, permitiendo la integración de energías renovables.

El gas es la fuente de energía más competitiva y limpia para satisfacer las necesidades térmicas

Por otra parte, el gas natural tiene un alto potencial de crecimiento en el sector transporte, fundamentalmente de mercancías, rodado y marítimo, desplazando a combustibles altamente contaminantes en términos de SOx, NOx y partículas.

La transición energética es un proceso en el que los distintos países avanzarán a distinta velocidad en la descarbonización de sus economías, pero que en todo caso requiere de importantes inversiones en nuevas infraestructuras energéticas.

Las regulaciones relativas a calidad del aire y contaminación local pueden suponer un importante elemento dinamizador de la transición energética al tiempo que constituyen una clara oportunidad para el gas, al desplazar de la matriz energética a los combustibles fósiles más contaminantes.

En el proceso de transición energética, el gas natural es indispensable para el desarrollo económico y para mejorar la calidad de vida de las personas, porque  asegura el suministro en momentos de no disponibilidad de energías renovables. Es seguro, barato y reduce las emisiones: mejora la calidad del aire (eliminación de SO2, NOx y NO2) y reduce las emisiones de CO2. Cuenta con una infraestructura moderna y desarrollada. Tiene un elevado poder calorífico y su versatilidad hace que sea apto para cualquier proceso industrial.


Este contenido ha sido elaborado con la colaboración de Enagás