A mediados del siglo XIX, un inglés llamado Henry Bessemer al que le gustaba hacer experimentos inyectó aire en lingotes de hierro fundido a ver qué pasaba. El resultado fue que descubrió la fabricación de acero en grandes cantidades. Y este nuevo material, más resistente que ninguno de los hasta entonces conocidos, revolucionó las ciudades. En una época en la que los edificios aún se hacían de ladrillos y solo unos pocos pisos, de pronto, el acero permitió la construcción de rascacielos. Un solo material transformó el paisaje urbano para siempre. Era el material que necesitaba la Revolución Industrial.

Un par de siglos más tarde, seguimos dándole vueltas a cómo serán las ciudades del futuro. Solo que ahora el material del que estarán hechas no puede fundirse ni inyectarle aire. Son los datos.



Vídeo: G. M. P. | M. V. | D. D.

 

Las ‘smart cities’ del pasado

Hace 20 años que se habla de las smart cities. «Pero quizá en el pasado el foco estaba más en la tecnología, la nueva prioridad son las personas», explica Inés Leal, arquitecta y directora de Desarrollo de Grupo Tecma Red. «Gracias a los avances en big data estamos por primera vez en disposición de poner en marcha todas las grandes transformaciones que llevan años prometiéndose «.

«El cambio más importante de la última década es el estado de la tecnología, que ha ocurrido más rápido de lo que lo podemos absorber», asegura José Ignacio Sánchez Valdebebro, director adjunto de Ciudades Inteligentes y Daos Abiertos de Red.es. «Madrid ya está, de hecho, entre las ciudades más ‘inteligentes’ del mundo. Y eso da una gran oportunidad a los gestores públicos para gestionar una cantidad de información que antes hubiera sido imposible. Nos permite abordar los servicios públicos de manera diferente. Estamos lanzando el 5G, la tecnología que va a permitir soluciones de movilidad como los coches conectados, que eran ciencia ficción hace solo 15 años».

En el pasado el foco de las ‘smart cities’ estaba más en la tecnología, pero la nueva prioridad son las personas

En realidad,  un vehículo autónomo y la recogida de basuras tienen mucho más que ver de lo que pueda parecer. Porque todo ello pasa por la incorporación el 5G, la próxima generación de la red de telecomunicaciones que ofrecerá velocidades de conexión cien veces más rápidas que las actuales: «Todos son datos», explica Sánchez Valdebebro. «Si tienes la capacidad de gestionarlos puedes tomar decisiones basadas en datos y no en suposiciones. Y eso es muy importante. Se pueden gestionar los servicios al ciudadano de un modo mucho más eficiente y medible. Anticiparse a las necesidades, dar mejor servicio público y ahorrar muchos costes».

Las ciudades (y los ciudadanos) podrán, por ejemplo, tener los datos de su consumo de agua en tiempo real, como ocurre con la luz. Eso ayudará a hacer un uso responsable y reducir los costes. Los sistemas de monitoreo constante que ya se están implantando en algunas ciudades permiten, además, tener un control de la calidad del agua al instante.

Sin embargo, la mejor prueba de que una smart city no tiene tanto que ver con incorporar tecnología como con incorporar soluciones a los problemas reales de la gente está en los proyectos que no están dando los resultados esperados. Como Songdo, una ciudad de Corea del Sur que nació en el año 2000 como uno de los proyectos más ambiciosos de ciudades inteligentes del mundo. Estaba llamada a convertirse en la primera ciudad inteligente y completamente sostenible del mundo. Con un presupuesto inicial de 35.000 millones de dólares y a 65 kilómetros de Seúl, esta ciudad de 30,5 millones de metros cuadrados está a punto de terminarse. Ha conseguido que toda su energía provenga de fuentes renovables y no necesita coches en sus calles. Pero tiene un grave problema. Aunque no terminará de construirse hasta 2020, el Gobierno de Seul está buscando incentivos desesperadamente para convencer a la gente de que se mude allí porque este futuro no le resulta atractivo a los coreanos.

Las ciudades más inteligentes no son las que incorporan más tecnología, sino las que tienen más calidad de vida. Y Madrid puede ser referente mundial

Hay más ejemplos de ciudades del futuro que están quedándose desiertas por no poner en el centro a la gente sino a la tecnología, como Masdar City, en Emiratos Árabes, planeada hace más de una década y supervisada por el arquitecto Norman Foster. Son lo que el sociólogo Richard Sennet advierte que pueden convertirse en «ciudades demasiado inteligentes para querer vivir en ellas».

No todo es tecnología. «Una ciudad necesita alma», resume Sánchez Valdebebro. «Lo que hay que definir no es la última tecnología que vas a usar sino la ciudad que quieres ser… Las ciudades más inteligentes no son las que incorporan más tecnología, sino las que tienen más calidad de vida». Y añade: «Por eso Madrid tiene la oportunidad de ser un referente mundial. Es un momento magnífico de aprender de lo que se ha hecho hasta ahora para ser diferentes. Y no hace falta mirar tanto fuera. A lo mejor son las demás las que se van a tener que parecer más a nosotros».

¿Un Madrid sin coches?

«El Madrid del futuro va a ser una ciudad sostenible en el largo plazo», asegura Luis Cabrera, responsable de Energía y Sostenibilidad de CBRE. «Ahora mismo estamos manejando para la capital un mix de 80% de transporte privado y un 20% de transporte público y en lo que se está trabajando es en invertir esos términos para que en el futuro sea de un 20% el uso de transporte privado y el resto medios públicos. Por eso el concepto de Madrid Nuevo Norte, para impulsar el norte de la capital, es desde el punto de vista de la sostenibilidad uno de los proyectos más importantes que se vaya a desarrollar a nivel mundial».

El Madrid del futuro será más verde y sin coches: «Hay que traer el campo a la ciudad», apunta Cabrera. «Estamos trabajando en muchos huertos urbanos. No podemos darle la espalda al sol como energía». Reinventar la movilidad es sin duda otro de los principales retos que afrontan las ciudades del futuro. «El Madrid del futuro lo veo siendo una ciudad sin coches», asegura Inés Leal, arquitecta y directora de Desarrollo de Grupo Tecma Red. «Pero veo una ciudad en la que todos nos podamos mover libremente y disfrutar de los servicios».

Madrid Nuevo Norte desde el punto de vista de la sostenibilidad es uno de los más importantes que se vaya a desarrollar a nivel mundial

«El reto de los vehículos autónomos está más cerca de lo que parece», añade Leal. «Los veremos en la próxima década. La DGT está trabajando ya en este tema con Intel. Un desarrollo como el de Madrid Nuevo Norte podrían integrar muchas infraestructuras tendrá sin duda muchos efectos en el urbanismo. Pero más que un reto tecnológico es un reto legal, urbanístico y social. Todas las grandes empresas que venden vehículos, que ahora se llaman empresas de soluciones de movilidad, ya tienen sus propios proyectos. Los vehículos autónomos ya son una realidad que las ciudades tienen que ir incorporando a sus proyectos».

¿Quién necesita aparcar a la puerta del trabajo si los vehículos autónomos pueden venir a buscarle a uno cuando así lo solicite? Imaginar un futuro donde los coches se conduzcan solos no solo es un cambio en los hábitos de movilidad, también en el urbanismo y la distribución del espacio en las ciudades. «El transporte autónomo dará muchas facilidades en nuevos conceptos de movilidad como, por ejemplo, las lanzaderas. Hay que pensar el Madrid del futuro en una escala distinta del coche».

Además, a medida que avanzan los sistemas de vehículos eléctricos compartidos, como los coches Car2Go y Emov y las motos eCooltra que ya se utilizan en Madrid, la propiedad de vehículo propio está dejando de ser una prioridad para los jóvenes. Pagar solo por los minutos que se utiliza un coche y tenerlo siempre disponible a la puerta de casa a través de una app del móvil se presenta como un nuevo formato de movilidad donde el protagonismo lo tiene el uso y no la propiedad. Este sistema reduce significativamente el número de vehículos que necesita una ciudad, porque varios ciudadanos utilizan el mismo al cabo del día. Y también permite renovar las flotas más a menudo sin que el ciudadano tenga que desembolsar un extra por estar a la última tecnología.

Ciudades inteligentes pero, sobre todo, más humanas

«El proyecto Madrid Nuevo Norte tiene 1,5 millones de metros cuadrados que más que a banco de pruebas aspira a ser un modelo de éxito de ciudades inteligentes», afirma Cabrera. «Al Madrid del futuro podemos trasladar todas esas experiencias que ya han tenido éxito, para mejorar con ellas el urbanismo. Lo primero es preguntarnos qué tipo de ciudad inteligente quieres ser, por eso estamos trabajando en ver la forma de darle más participación a los ciudadanos. Hay una parte de infraestructuras que hay que resolver: canalizaciones, redes, gestión de agua y de energía, etc. Y, finalmente, lo más importante es cómo organizamos todo eso con las personas en el centro del diseño».

Además, el coste operativo de la ciudad inteligente debe ser lo más eficiente posible. «Una ciudad inteligente no es algo que construyes y entregas al Ayuntamiento sin más», añade Cabrera. «La operativa tiene que ser sostenible económicamente a largo plazo. Y Madrid Nuevo Norte es una oportunidad incomparable a nivel mundial, con la Estación de Chamartín como corazón del proyecto, rodeada de un Distrito de Negocios competitivo e innovador y La Castellana como eje verde».

«El reto de los vehículos autónomos está más cerca de lo que parece», afirma Inés Leal. «La DGT está trabajando en ello»

Cabrera compara la oportunidad que tiene la ampliación hacia el norte de la capital de España con la ciudad que Bill Gates planea construir en el desierto de Arizona. El fundador de Microsoft ha invertido 80 millones de dólares (unos 60 millones de euros) en la compra de terrenos en el para erigir una ciudad inteligente. Situada a 72 kilómetros de la capital del estado, Phoenix, la nueva ciudad, que se llamará Belmont, girará en torno a la tecnología: habrá coches autónomos, energías renovables, centros logísticos autogestionados, instalaciones con nuevas tecnologías de fabricación, redes de alta velocidad… Y, por supuesto, oficinas, colegios y viviendas (el plan contempla la construcción de 80.000 nuevos hogares).

«Gates ha optado por comprar un terreno para aplicar las nuevas tecnologías disponibles en un terreno virgen, porque es más fácil aplicarlas de este modo que readaptar infraestructuras ya existentes», explica Cabrera en referencia a los planes de Gates. «En Madrid, sin embargo, tenemos la oportunidad de reinventar la ciudad para adaptarla al futuro y, además, contamos con la ventaja de que Madrid ya tiene alma».

Dentro del planeamiento de Madrid Nuevo Norte la energía es fundamental, según sus impulsores: «Estamos pensando en una presencia de renovables que no sea algo aislado en cada edificio, sino integrado en el planeamiento urbano que compense demanda y producción de energía», explica Cabrera. «La reutilización del agua es otro de los ejes en los que más estamos invirtiendo».

«El verdadero reto es incorporar todas estas nuevas tecnologías, desde los drones que aterrizan en las fachadas de los edificios, a la eficiencia energética o los carriles bici que atraviesen toda la ciudad, es hacerlo reinventando una ciudad ya existente como Madrid», afirma Leal. «En 2020 todos los edificios no tienen que consumir energía, deben incorporar energías renovables y seguir pautas de economía circular. Esto no es el futuro, esto es lo que marca la ley. La calidad del aire es una de las nuevas prioridades que van a determinar la calidad de vida de los ciudadanos.

Cabrera está de acuerdo en que «la calidad del aire será uno de los factores protagonistas que marquen las prioridades de los ciudadanos». Igual que ahora antes de mudarnos a un nuevo barrio se miden las comunicaciones por transporte público y los colegios, los niveles de ozono serán un nuevo indicador de  habitabilidad.

«No tiene mucho sentido que se sigan haciendo viviendas como se hacían en 1950», apunta Leal. «Hay mucho que innovar también ahí porque las nuevas generaciones quieren vivir de otra manera».

Igual que el acero revolucionó las ciudades desde hace más de un siglo, los datos están revolucionando el mundo en el que vivimos.  El reto está en hacerlo del modo más humano posible. ¿Logrará Madrid convertirse en el referente mundial que sueña con ser? La respuesta está en el futuro.