Una década después del estallido de la crisis, Europa sigue buscando la mejor manera de prepararse para hacer frente a la siguiente. Y con esa visión, la Comisión Europea ha propuesto este miércoles la creación de un mecanismo para mantener las inversiones en los países que se vean golpeados por dificultades económicas.

La idea del organismo europeo es dotar un fondo de unos 30.000 millones de euros del presupuesto comunitario, que podría ampliarse a largo plazo con contribuciones de los distintos países miembros de la unión.

La propuesta forma parte del proyecto de presupuesto para el periodo 2021-2027 presentado este miércoles y constituye el primer intento de crear un mecanismo para responder de forma conjunta en casos de crisis que afecten a un sólo país, algo que se considera fundamental para reforzar la eurozona.

Desde el estallido de la crisis del euro, en que diversos países de la región se vieron sometidos a dificultades financieras que hicieron preciso su rescate por parte del resto de miembros, distintos Gobiernos han instado a Europa a poner en marcha este tipo de herramientas anticrisis.

“Una nueva Función Europea de Estabilización de la Inversión proporcionará prestamos del presupuesto europeo a países golpeados por importantes crisis asimétricas, por un total de hasta 30.000 millones de euros. También proporcionará un subsidio para los tipos de interés”, explicó el vicepresidente de la Comisión para el Euro, Valdis Dombrovskis.

El mecanismo puede suponer el embrión de una futura capacidad de estabilización en la eurozona

La Comisión plantea que en su inicio funcione como un sistema para conceder créditos con fondos comunitarios que los países deberán usar para sostener las inversiones “prioritarias”. A esta cantidad se le añadiría una garantía para cubrir los costes de los intereses una vez que tenga que devolver el préstamo.

Según el planteamiento de las autoridades de Bruselas, este aval podría ser aportado por los Estados de la eurozona a través de una contribución equivalente al beneficio que obtengan por la emisión de monedas de euro. En una fase posterior “esta función podría ser complementada con recursos financieros adicionales de fuera del presupuesto de la UE, tales como el Mecanismo Europeo de Estabilidad, el futuro Fondo Monetario Europeo, y un posible mecanismo voluntario de seguro establecido por los Estados miembros”, apunta la Comisión.

La intención del Ejecutivo comunitario es que el fondo cuente con un tamaño “lo suficientemente amplio como para proporcionar una estabilización real”, aunque no fija un objetivo concreto. Sus recursos, a priori, estarían disponibles para los países de la eurozona, pero estarían abiertos a los demás si contribuyen financieramente. Su activación debería establecerse “rápidamente”, en función de “criterios claros de elegibilidad (…) en línea con los principios de unas políticas financieras y macroeconómicas sólidas”.

El mecanismo podría sentar el embrión de la futura capacidad de estabilización fiscal sobre la que no logran ponerse de acuerdo los países de la eurozona, pero está lejos de ser el presupuesto para el área de la moneda única que defiende el Gobierno francés.

Además, su tamaño inicial (30.000 millones) es muy reducido si se compara con los rescates que han sido necesarios durante la crisis: el de España, que se centró solo en el sector bancario, utilizó 41.300 millones de euros, y el de Grecia, que ha recibido ya 45.900 millones dentro de su tercer rescate de un total de 86.000 millones, como ejemplo.

En cualquier caso, los planes de Bruselas con este fondo no pasan por la salvación de economías enteras, una función de la que se seguiría responsabilizando el MEDE, sino contribuir a estabilizar la situación con inversión pública para evitar llegar a mayores.

Los países de la UE, salvo Reino Unido, tendrán la última palabra sobre este fondo cuando decidan si aprueban el proyecto de presupuesto.