La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), un centro de estudios cuyos análisis y propuestas no suelen dejar indiferente a nadie (Fedea ha propuesto por ejemplo paralizar todas las obras del AVE en España), ha lanzado una novedosa sugerencia: aplicar «peajes de congestión» en las ciudades de Madrid y Barcelona inspirados en modelos como Estocolmo, donde el usuario no paga más de dos euros por acceder al centro en coche.

«Proponemos un replanteamiento de las medidas restrictivas de tráfico vía cantidades que se están aplicando en Madrid y Barcelona y el establecimiento de un peaje de congestión que regule el acceso al centro de las ciudades en horas punta», razona el estudio Atascos y contaminación en grandes ciudades: Análisis y soluciones de Xavier Fageda (Universitat de Barcelona) y Ricardo Flores (Universitat Rovira i Virgili).

Los atascos suponen perder 105 horas en Madrid y 119 en Barcelona

Para Fedea, se trata de un sistema con la «capacidad de acabar definitiva y permanentemente con los atascos», que en Barcelona suponen una pérdida de tiempo de 119 horas al año (14 días laborales), frente a 105 horas en Madrid. «Este tiempo se traduce en un coste económico enorme de 175,5 millones de euros en Barcelona y 187,5 millones de euros en la capital española», dice el estudio.

«Los peajes de congestión son fáciles de diseñar e implementar y producen resultados inmediatos a la vez que genera recursos adicionales», opinan los autores. Tildan el sistema de «eficiente» y «eficaz», porque «los usuarios que valoran más la infraestructura» serán «precisamente los que la acaben utilizando» más veces, frente a los que tienen otras alternativas -como el transporte público- que les permitan evitar conducir. Y porque reduce prácticamente de manera automática los atascos.

Los usuarios que más valoran la infraestructura son los que más pagarán el peaje»

La cuantía económica del peaje es otro de los puntos analizados, concluyendo fedea que el importe debe ser «bajo». «Por ejemplo, en Estocolmo», se puede leer, «el importe de los peajes oscila entre 1€ y 2€. Este coste es prácticamente irrelevante si lo comparamos con el impuesto sobre hidrocarburos que pagan irremediablemente todos los conductores al repostar en las estaciones de servicio».

Por eso los redactores del informe sugieren «fijar un impuesto muy bajo en una fase de prueba y evaluar cuál es el efecto de la reducción de tráfico sobre la congestión viaria». «A partir de aquí», continúan, «se puede ir ajustando el importe si es necesario hasta conseguir un tráfico fluido de acceso al centro de las ciudades».

El importe de los peajes en Estocolmo oscila entre uno y dos euros»

De aplicarse esta fórmula y no conseguirse los objetivos de reducir considerablemente el tráfico, los autores Fageda y Flores lanzan otra batería de medidas para arrinconar el uso del vehículo privado, como el «incentivos a la compra de vehículos limpios o el fomento de
la economía colaborativa en cuanto a movilidad». Es decir, fomentar Blablacar, Cabify o Über.

«La implantación de un sistema de peajes puede resultar impopular a corto plazo», reconoce el informe, «al hacer pagar a los consumidores por algo que antes era gratis». Y corren el riesgo de ser acusados «de recaudatorios». Pero Fedea ve aquí un cambio de tendencia automático en la propia población, similar a la aceptación de otras medidas (como la Ley Antitabaco): «Las experiencias internacionales demuestran que pueden acabar gozando de una gran aceptación a medio plazo, una vez que la población experimenta sus efectos positivos».