Una bomba contra Silicon Valley recorre las librerías españolas. El responsable del artefacto con forma de ensayo es Ekaitz Cancela (Barakaldo, 1993), el autor de Despertar del Sueño Tecnológico (Akal) que está de gira presentando su libro. Una obra en la que se revuelve como un dóberman contra la propiedad de las infraestructuras digitales en torno a las cuales gira la vida de miles de millones; desde la que señala que muy pocas empresas tecnológicas -Google, Facebook, Amazon, Apple, sus competidoras chinas- ordeñan impunemente a los usuarios procesando los datos de sus experiencias sensoriales para ganar más dinero.

El fruto de este escritor, su segundo libro tras El TTIP y sus efectos colaterales (Planeta), hace un alto en los periódicos, a los que considera completamente sometidos a las autopistas de la comunicación tras la crisis financiera de 2008. Cancela aborda la devaluación laboral de las redacciones, vinculándola a la sumisión de las otrora grandes cabeceras españolas y extranjeras a artilugios denominados inteligentes.

En un sistema que, dice él, mantiene su coraza neoliberal, hay que apuntar a Palo Alto porque desde ahí se controla todo. Y apela a «la lucha por el control de los datos que genera la conexión de la sociedad a las infraestructuras tecnológicas» tirando de Karl Marx y Walter Benjamin.

Pregunta.- ¿Le está entrevistando un medio de comunicación o un potencial intermediario de proveedores de servicios de pago de Silicon Valley como Google o Facebook?

Respuesta.- Hay una extrema dependencia y una situación de vulnerabilidad de la industria periodística con las empresas tecnológicas. Y no tienen otra opción. De ser guardianes de la esfera pública, los medios ahora aspiran a ser intermediarios con buena marca entre los propietarios de la infraestructura digital global que está en manos de cuatro o cinco marcas estadounidenses y chinas. Ya no juegan una función liberal en la esfera pública.

P.- ¿Los medios trabajan insconscientemente para las grandes tecnológicas?

R.- Más que insconscientemente, creo que los periodistas son una clase porque producen una cantidad de contenido gratuita para que estas empresas de Silicon Valley utilicen esos datos para segmentar mejor los anuncios y ganar una cantidad de dinero al año. Google es una de las empresas con mayor capitalización bursátil del planeta y en gran medida es porque los periodistas trabajan gratis para ella.

P.- ¿Cuándo empezó a suceder esto? ¿Con el inicio de Internet?

R.- De manera histórica, la labor de los medios ha estado muy atada al sistema de comunicaciones con el que se organiza una sociedad. Desde el nacimiento de la esfera pública burguesa con la Ilustración, y antes con el nacimiento del capitalismo mercantil y la libertad de mercancías, los periódicos tenían una función concreta: proveer de información privilegiada a los mercaderes que querían hacer negocios fuera. Lo único que ha cambiado hoy es quiénes son los mercaderes, capitalistas digitales de altos vuelos como Zuckerberg: han acabado con todas las trabas económicas y políticas y han puesto las suyas propias. Los medios les dan igual.

Los medios ahora aspiran a ser intermediarios con buena marca en Internet»

P.- ¿Los periódicos tenían que haber seguido apostando por el papel impreso antes que por una transformación tecnológica?

R.- Creo que no tenían elección. La fuerza global del capital, que consiste en producir mercancías para acumular capital, hacía imposible que los medios de comunicación invirtieran en papel.

P.-Es imposible imaginar que los medios no se hubieran aliado con esas autopistas tecnológicas. Todos han hecho una apuesta digital.

R.- Vivimos en un sistema capitalista y está sujeto a lógicas: una de ellas es la necesidad de producir rentabilidad; otra, la necesidad de eliminar los competidores. ¡Y los periódicos son un competidor más de las empresas tecnológicas!

P.- ¿Un competidor como lo puede ser una startup de comida a domicilio?

R.- Un competidor en el sentido en que hasta ahora el sector periodístico acaparaba una buena parte de los ingresos por publicidad. Si en algún sector es importante la concentración del mercado publicitario, es precisamente en el tecnológico. De cada dólar invertido en publicidad en Estados Unidos, 75 centavos van a parar a Google y a Facebook. En Europa es algo menos. Esto dice mucho de qué actor sobra aquí: los medios de comunicación. No son necesarios: antes lo eran en tanto que soportes con buena marca para la publicidad corporativa. Ahora hay otros soportes como las redes sociales o un motor de búsqueda.

P.- ¿En qué momento los medios se subyugaron a estas autopistas de la información privadas?

R.- Estas empresas disrumpieron todo. ¿Hace diez años? Cuando estalla la crisis financiera, el capital estaba ávido de inversiones rentables y desplaza una enorme cantidad de recursos hacia la industria tecnológica. Ésta a su vez utiliza ese dinero para desarrollar productos no destinados a mejorar la vida de la gente sino a ser muy rentables y muy comerciales. Tecnologías orientadas al mercado.

Mercaderes como Zuckerberg han acabado con todas las trabas y han puesto su publicidad»

P.- En el libro usted aborda alianzas entre editores y multinacionales tecnológicas para aplicar en las noticias cosas como la inteligencia artificial o la realidad aumentada.

R.- Silicon Valley no va a acabar con muchas de las multinacionales sino que se va a aliar con ellas. Para empezar porque multinacionales como los bancos necesitan a las tecnológicas para ahorrar costes y obtener beneficios. Los bancos tenían sus centros de datos propios y ahora con la crisis necesitan ser más eficientes. Facebook, Google, Amazon… gastan 57.000 millones de euros al año en I+D para centros de datos y ofrecen sus infraestructuras. En la misma medida que opera un banco opera un medio: no olvidemos que muchos de los periódicos subsisten porque existen los bancos.

P.- Morozov ha escrito que las tecnológicas gastan más en I+D que las petroleras.

R.- Es tan cierto como que una buena parte de capital son los grandes fondos de inversión, como JP Morgan, que invierte en fintech. La cuestión es: los periódicos eran dependientes de los bancos, y ahora lo siguen siendo solo que también lo son de las tecnológicas. La alianza bancaria, medios y tecnología se da a tres bandas.

P.- ¿Llegará un momento en que los medios sean completamente dependientes de Google y el resto?

R.- Ya lo son.  Lo»digital» o «digitalización» significa infraestructura en manos de tres o cuatro personas. La lógica capitalista tiende hacia la centralización del poder: hay una carretera mundial de la información que explotan tres personas. En el futuro veremos nuevas formas en las que los medios lucharán por adaptarse a ellas.

P.- A lo largo del libro usted habla de herramientas para personalizar la información (New York Times con Amazon), para que un altavoz inteligente lea las noticias (Guardian), para supuestamente identificar fake news o para que un software ayude al periodista a escribir más eficiente.

R.- Va a llegar un punto en que la acumulación primitiva de datos llegue a su fin. Esas empresas conocerán lo suficiente a los lectores de periódicos o a cualquier otro usuario como para necesitar más datos. Entonces se desarrollarán nuevas infraestructuras de hardware, software, computación en la nube… Estos pueden ser altavoces inteligentes a los que la gente se suscriba previo pago de cinco euros mensuales para tener el resumen de noticias de El País o las columnas de Jabois o de Rubén Amón; o quizás serán las gafas de realidad aumentada de El País para ver en directo en Youtube el último vídeo de un influencer…

P.- ¿Eso no es la muerte del periodismo, tal y como lo conocemos?

R.- Yo argumento que sí. Buena parte de las categorías que utilizamos para entender el mundo han sido derribadas. El periodismo no se entiende sin la clase burguesa, y yo ya no sé si se puede hablar de una clase burguesa como tal. Lo que estamos viendo es a unos plutócratas que solo quieren ganar dinero.

Lo»digital» o «digitalización» significa infraestructura en manos de tres o cuatro personas

P.- ¿Esa burguesía ha desaparecido?

R.- Digo que no hay una clase burguesa porque en la actualidad es muy complicado afirmar, como hacía Marx, que el capital solo extrae dinero del trabajo para conseguir valor. Creo que hay nuevas formas: estamos continuamente conectados a sensores, a tecnologías, a herramientas, a dispositivos que producen datos. En el libro abundo sobre esto.

P.- ¿El Internet de las Cosas es otra vuelta de tuerca en la extracción de datos?

R.- Sí, en la manera en que se podrán privatizar servicios públicos. Cuando todas las farolas de Madrid, todas las calles y todos los contenedores tengan sensores, datos que arrojen experiencias sensoriales de una ciudad controlados por una empresa o unas pocas, le puedes sugerir al Ayuntamiento de Madrid que puedes ayudarles a hacer una ciudad más limpia o más sostenible. Esto ya está pasando en el ayuntamiento de Manuela Carmena con Waze [Google]. Haussman transformó las ciudades en el siglo XIX; Google lo está haciendo en el XXI y por eso en Toronto tienen una prueba llamada Google Sidewalk basada en crear barrios de la nada.

P.- ¿Cree que los medios han perdido calidad?

R.- Creo que impera la lógica de la descualificación: antes los periodistas podían estar semanas o meses detrás de una información. Del periodismo español post-Transición, mucha de la clase intelectual que ahora tenemos ha dirigido periódicos. La de mi generación está desmintiendo bulos con el fact-checking: no son necesarios periodistas cualificados, sino periodistas que desmientan las noticias falsas que se generan en una red social como Facebook; ¡y cuántas más noticias haya en circulación en esta red social más dinero gana Facebook!

P.- ¿Qué le parece el SEO?

R.- El SEO indexa una gran cantidad de datos que Google utiliza. A mi me gustaría que todo ese proceso no degenere en que Google pueda ofrecer mejores servicios de ciberseguridad a un Gobierno, sino que los datos y las infraestructuras fueran de acceso público para organizar la sociedad de manera distinta. Es muy sencillo porque ¡todos esos datos están ocultos, no es posible acceder a ellos!

La clase periodística post-Transición ha dirigido periódicos; la nuestra hace fact-checking

Hay que quitarle a Google y Facebook la propiedad de las infraestructuras digitales. Ellos no proveen servicios públicos: nos proveen de servicios premium.

P.- ¿La prensa va hacia la suscripción de pago? En España se habla desde hace mucho y no llega.

R.- Esto es un poco complicado: el capitalismo busca rentabilidad, y si hay negocios no rentables los abandona. En este momento, las iniciativas de Google con las empresas son un poco así: si quieres sobrevivir, consigue que la gente pague. Como decía Kant, no pienses, paga.

P.- En España las principales cabeceras no son de pago.

Los datos de las grandes tecnológicas están ocultos, no es posible acceder a ellos»

R.-Hay varios modelos. Uno de ellos es el modelo The Guardian en el que los medios son poco menos que iglesias u onegés: de intermediarios entre una estancia suprema que no es Dios sino Google y Facebook y, en lo más bajo de la escala, el cliente o plebeyo. No tiene por qué ser un modelo cerrado: en abierto la empresa periodística se ahorra las consecuencias del sistema de precios expulsando del mercado a otras marcas menos reputadas. Esto solo pueden hacerlo grandes cabeceras.

Hay otros medios con acuerdos firmados con Silicon Valley en España: son medios nacidos al calor del 15-M que, por decirlo de alguna forma, rentabilizaron muy bien las tecnológicas con piezas con titulares de izquierdas pero de poco pensamiento crítico: eldiario, Infolibre, Público

P.- ¿Muchos medios están abocados a desaparecer?

R.- Lo único que digo es que la competencia en el mercado funciona como una guerra. Y quien pierde, muere. Y lo que vemos ahora es una enorme competencia inter-capitalista entre periódicos que se puede comprobar en su medio, El Independiente: a partir de un medio grande como El Mundo se crean cinco o seis periódicos que compiten entre ellos. Antes eso no ocurría porque había muchos periodistas en pocas cabeceras. Creo que estas lógicas de competencia no pueden durar toda la vida.

P.- ¿Y los periodistas?

R.- Son fuerza de trabajo: cuando Google no necesite indexar tantos datos no necesitará tantos periodistas, de la misma manera que Uber no va a necesitar siempre conductores con los coches autoconducidos.

P.- ¿La acumulación de datos puede entonces terminar en algún momento?

R.- Claro. Hay que olvidar a Marx: la acumulación primitiva puede terminar y de ahí pueden surgir nuevos modelos. Cuanto tengamos bots y sistemas de inteligencia artificial, ¿para qué necesitamos periodistas? Muchos políticos y periodistas comunican desde Facebook Live: ¡ya no hacen falta intermediarios! Los datos son un recurso muy importante pero no son nuevos: han existido siempre, solo que no había una tecnología para extraerlos, procesarlos y rentabilizarlos. Pero el capital siempre quiere más y Google podrá tener perfiles ciudadanos tan bien pulidos que harán innecesario seguir extrayendo más datos.

Veo una coexistencia pacífica entre Trump y China con Huawei, a pesar de la guerra comercial»

P.- La guerra de los datos no solo afecta a los medios. Afecta a cada usuario con un teléfono móvil. ¿Adónde nos lleva la guerra comercial entre Google y Huawei, entre EEUU y China?

R.- Creo que, más allá de las amenazas, vamos hacia una coexistencia pacífica. La guerra comercial actual se decantará, eso sí, de una parte: si EEUU consigue que ganarse a unos cuantos estados miembros de la Unión Europea -que están con Huawei y ahí tenemos las fotos de Messi con la marca- dejen de estar con China y sus sistemas de reconocimiento facial, Estados Unidos ganará y volverá a ser la potencia global. Ahora, yo no sé si lo conseguirá. No tengo respuesta. Pero fijémonos en lo siguiente: con Trump, EEUU ha abandonado todo resquicio de democracia liberal para asegurar su posición en el centro del planeta al coste que sea.

P.- Impera la idea de que Google y otras tecnológicas nacieron en garajes californianos fruto de mentes brillantes y del esfuerzo.

R.- Es falso. Nacieron por una fuerte inversión pública. Fue el Departamento de Estado de Defensa quien invirtió dinero en Intel Q, la empresa que desarrolló el motor de búsqueda de Google. Fue Peter Thiel, gran inversor de capital de riesgo sin ningún respeto por la democracia y propietario de Palantir, la mayor empresa de data naming, quien estuvo detrás, con dinero público. Hay que decidir si queremos que sean Thiel, o Arabia Saudí con Uber, las que generen el valor o si queremos que el valor esté orientado a todos los ciudadanos.