Entregas en dos horas, en un día, Prime Day, Black Friday, ofertas de última hora, música, películas y series… es difícil escapar de Amazon. El imperio de Jeff Bezos no da respiro, es una máquina bien engrasada que forma parte de nuestras vidas hasta el punto de que, mires donde mires, ahí está su huella. Hasta en el cielo.

Esta semana la compañía ha sacado músculo en Las Vegas, en una conferencia titulada Re:Mars y que ha contado con una presentación especial a cargo del propio Bezos. En ella se han tratado, sobre todo, el futuro aéreo de la compañía y la viabilidad de su programa Prime Air, enfocado en conseguir que buena parte de sus entregas no las tenga que hacer un repartidor, sino un dron.

Amazon lleva tiempo con este objetivo entre ceja y ceja. Bezos sabe que automatizar otro de sus procesos clave es muy importante para seguir aumentando el valor de una compañía que ya superó el billón de dólares de capitalización -la segunda de la historia en conseguirlo– y cuyo crecimiento ha sido estratosférico.

Lo primero que han hecho, por aquello de que es el paso más fácil de completar, es presentar los vehículos que se encargarán de hacer esas entregas. Los drones de Amazon están diseñados con una combinación de cámaras termales, de profundidad y radares que son capaces de detectar peligros como cables o pájaros. Una vez identificados, la propia aeronave se encarga de evitarlos.

La flota de Prime Air, además, es capaz de hacer despegues en vertical gracias a seis rotores que se encargan tanto del lanzamiento y el aterrizaje como de sostener el vuelo una vez iniciado el trayecto. Esos motores van protegidos y por una estructura que hace las veces de alas y que, además, da protección al paquete que viaja en el centro del fuselaje.

En cuanto al aterrizaje, quizás el momento más complicado, Amazon ha explicado que sólo hace falta una pequeña zona limpia de obstáculos y que los algoritmos de Inteligencia Artificial se encargarán de detectarla y realizar la aproximación.

Con la capacidad que tienen ahora mismo, este transporte aéreo es capaz de llevar un paquete de un poco menos de tres kilos de peso a una distancia de 25 kilómetros en menos de media hora. Puede parecer una capacidad baja, pero según los cálculos de Amazon entre un 75% y un 90% de todos los envíos están por debajo de esa medida.

Cuestión de confianza

Más allá de la tecnología, Amazon tendrá que conseguir que los consumidores tengan confianza en el buen funcionamiento de un programa como Prime Air. Bezos y sus tropas lo saben y, cuando esté vigente, toda la maquinaria publicitaria se pondrá en marcha.

«Sabemos que los usuarios sólo se sienten seguros si las entregas con drones son increiblemente seguras», explicó en Re:Mars el director de Consumo de Amazon, Jeff Wilke, durante su intervención.

Además de hacerse con la confianza de sus millones de compradores, Amazon tendrá que hacer todo lo necesario para contar con la autorización del Gobierno para que sus vehículos campen a sus anchas por el cielo.

En Estados Unidos, el primer paso es obtener una licencia de la Administración Federal de Aviación, el organismo del Ejecutivo que es responsable de todos los aspectos de la aviación civil. Si algo militar está en su espacio aéreo, ellos son los que tienen que dar su permiso.

¿Cómo se puede tener la certeza de que se va a obtener la luz verde? Los ingenieros de Amazon han decidido que lo mejor sería construir los drones a partir de piezas y elementos que ya han sido aprobados, o están en proceso de hacerlo, por parte de dicho organismo, contando con que si las partes tienen autorización también lo haga la suma de todas ellas.

Dura competencia

Amazon tiene prisa por poner en marcha Prime Air. «Vais a ver entregas de paquetes gracias a drones en muy poco tiempo. Es una cuestión de meses», explicaba Wilke, sin dar mucho más detalle. Ya sabemos cómo funcionan estos plazos que se dan gigantes como el de Seattle, pero si de verdad quieren ser pioneros en el sector, tienen que darse prisa.

Y deben hacerlo porque, al otro lado del mundo, Google ya tiene en marcha su Project Wing (Proyecto Alas) que nació como una solución para la entrega de comida, suministros y medicinas en las horas posteriores a un gran accidente o un desastre natural. De esta manera se podía ayudar a los afectados sin poner en peligro más vidas humanas. Según fue avanzando todo el proyecto, en Google se dieron cuenta de que las aplicaciones comerciales eran más que evidentes.

Al contrario que Amazon, Google tiene parte del trabajo ya hecho. El software que utilizan sus drones, bautizado como Unmanned Air System Traffic Management, está basado en los datos de Google Maps, Earth y Street View que llevan lustros recopilando en la Nube de la compañía de Mountain View. La cantidad de datos que tienen a su disposición es inigualable a nivel mundial.

La competencia en el día a día está bien, pero Amazon y Google ya están pensando en cómo será su negocio dentro de cinco o diez años. Como debe ser. Y ese futuro más inmediato no habrá repartidores, empresas de transporte ni furgonetas de entregas, si no drones zumbando por encima de nuestras cabezas. Habrá que acostumbrarse.