Aula de carnicería de El Corte Inglés.

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De carniceros a vendedores de diamantes: así funciona la 'universidad' de El Corte Inglés

Economía

De carniceros a vendedores de diamantes: así funciona la 'universidad' de El Corte Inglés

Hay un centro de formación en España donde se puede aprender a cortar filetes o a limpiar diamantes. Se imparten clases para soldadores, electricistas, vendedores de videojuegos, modistas y fruteros. Así hasta un total de 950 materias diferentes de las que se habla y se debate en 50 aulas. Bienvenidos a la mayor escuela privada de formación de España, propiedad de El Corte Inglés.

“Podría decirse que es la más importante por la cantidad, la variedad y la complejidad de los cursos que se prestan”. Lo afirma con conocimiento de causa su director, Juan Luis Regaiza. Las instalaciones están ubicadas en el noroeste de Madrid. O más bien escondidas. El Corte Inglés comparte recinto con un enorme centro educativo de La Salle, en la Avenida del Cardenal Herrera Oria.

El gigante de la distribución, que cuenta con la mayor plantilla de España (92.000 personas), se instaló aquí en 1991. El inabarcable abanico de productos y servicios que comercializa la empresa exigía una intensa actividad formativa y, por tanto, un lugar de grandes dimensiones. “Comprar en El Corte Inglés debe ser sinónimo de tranquilidad, siempre ha sido una de nuestras banderas. Lo que compras se puede cambiar o devolver. Por eso el nivel de conocimiento o el servicio postventa son tan importantes», explica Juan Luis Regaiza.

La compañía detectó la importancia de la formación en los lejanos años 60. Con Ramón Areces al timón, El Corte Inglés puso en marcha un departamento especializado en gestionar el aprendizaje de los empleados. A principios de los 70 se puso en marcha el primer centro formativo. Y dos décadas más tarde, inauguró las instalaciones de Herrera Oria, donde hoy dan clase a empleados, desde veteranos pescaderos a jóvenes expertos en telefonía móvil.

Esa enorme variedad es el factor diferencial de El Corte Inglés en comparación con otras grandes empresas que también apuestan fuerte por la formación. Basta con recorrer los pasillos del centro para comprobar lo variopinto del alumnado y el profesorado.

“Estos días estamos enseñando al personal de venta cómo asesorar a las clientas que quieren comprar una prenda para una ocasión especial, en las fiestas navideñas. Hablamos de texturas, de looks, de colores… Todo es dinámico, con poca teoría y mucha práctica”. Describe la clase Lourdes, profesional de la moda, más de dos décadas a sus espaldas enseñando cómo vender más y mejor.

Taller de arreglos de vestidos de comunión el centro de formación de El Corte Inglés.

Por su aula han pasado cientos y cientos de alumnas y alumnos. También modistos, para explicar su catálogo; y jóvenes modelos, para las prácticas. Algunas de ellas llegaron a ser top, como Martina Klein, que pasó por las instalaciones de Herrera Oria cuando aún era desconocida.

En su universidad particular, El Corte Inglés cuenta con dos tipos de profesores. Por un lado, los de su propia plantilla, como Lourdes en la sección de moda. O como Raúl, jefe de los cocineros de la señorial cafetería de El Corte Inglés de la madrileña calle Serrano, que estos días ensaya en un aula un nuevo menú.

No lejos de los fogones de prácticas, Alicia describe a un grupo de dependientes de joyería el viaje de un diamante, desde la mina a la vitrina. Unas pocas puertas más arriba, Bárbara enseña a otra tanda los consejos básicos sobre vestidos de comunión. Y un piso más abajo, varios instaladores de aparatos de calor prueban un nuevo modelo en la sala de electricidad, el lugar donde se simulan problemas de suministro en los centros para el personal de mantenimiento. “No podemos permitirnos un apagón. De hecho, nunca ha pasado», asegura el director del centro.

Por otro lado, al centro educativo vienen profesionales de distintas firmas a impartir clases más especializadas sobre sus productos. Hasta aquí puede trasladarse un experto de Garmin para explicar una nueva gama de relojes; o un enviado de Samsung para mostrar las particularidades de un móvil súperventas; o el enólogo de una bodega de éxito a organizar a presentar una gran añada.

«Los cursos se ajustan a todos los niveles», explican en la empresa. «Desde la iniciación, en los que se enseña el desempeño de los diferentes puestos de trabajo existentes, hasta el perfeccionamiento y la actualización permanente de los profesionales con experiencia».

La formación no se limita a la universidad de Herrera Oria. Los 92.000 empleados de la casa acceden a los contenidos por otras vías. Cada centro comercial cuenta con aulas polivalentes donde se imparten clases presenciales o se siguen los cursos interactivos de producción propia.

Otra alternativa es la novedosa aula virtual, motivo de orgullo para la empresa que preside Marta Álvarez. Va mucho más allá del concepto de videoconferencia para transmitir cercanía y dinamismo. Es pionera en España por el formato. Aquí las clases las imparte -como en el resto- un profesor a un grupo de alumnos. La innovación estriba en se emite en directo desde un aula que cuenta con varias cámaras y micrófonos, con un realizador que alterna los planos y un moderador que filtra e introduce preguntas de los empleados conectados a cientos de kilómetros.

Empleadas de El Corte Inglés en el aula virtual de la empresa.

Según los últimos datos de la compañía, el pasado año se impartieron casi 1,8 millones de horas de formación; o lo que es igual, una media de 18,5 horas por empleado. Cerca de 100.000 horas tuvieron como receptores a personas que se incorporaban a la plantilla.

Como recuerda Juan Luis Regaiza, el centro de Herrera Oria se convierte en numerosas ocasiones en una puerta de entrada al empleo para muchos jóvenes. Buena parte se incorporan a El Corte Inglés para cubrir los puestos temporales de las campañas (como el Black Friday, la Navidad o las rebajas). Pero otros se inician en empleos que pueden marcar la carrera laboral. Los profesores de las aulas de carnicería o pescadería dan fe de ello.

«Carnicero ha sido una profesión que solía pasar de padres a hijos, pero se está perdiendo. Quien hizo dinero siendo cocinero ha hecho lo posible para que su hijo sea veterinario», bromea José, veterano en el arte de los cortes y formador actual en El Corte Inglés. «Hacemos ver a los que se inician que es una profesión más que digna para ganarse la vida y no se puede aprender en ninguna escuela».