El tan anunciado fin del dinero en efectivo podría acelerarse con la crisis sanitaria del Covid-19. El miedo a los contagios ha llevado a algunas autoridades a recomendar el pago con tarjeta para evitar el contacto a través de las monedas y los billetes, algo que, de seguirse a rajatabla, puede suponer un verdadero problema para las personas que aún no se manejan sin efectivo.

El Gobierno ha venido recomendando desde el inicio de la pandemia que se priorice el uso de tarjeta en el comercio, un consejo que la Comunidad de Madrid trasladó a su red de transporte público. Además, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) explicó en declaraciones al diario británico The Telegraph que debía priorizarse el pago sin contacto. 

Para fomentar el uso de la tarjeta, facilitar el pago contactless y evitar los contagios, de hecho, la Autoridad Bancaria Europea (EBA) obligó a aumentar hasta 50 euros la cantidad que se puede abonar con tarjeta sin necesidad de introducir el pin en el TPV (antes el límite se encontraba en los 20 euros por operación).

Las autoridades bancarias reconocen que no hay evidencias de que el dinero en efectivo transmita el virus

Sin embargo, por el momento, no existe una evidencia científica de que el dinero en efectivo transmita el coronavirus.

Así lo reconoce el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) en un informe publicado durante esta crisis, en el que explica que “las superficies no porosas tienen una alta eficiencia en la transmisión, lo que significa que pueden transmitir virus y bacterias inmediatamente”, si bien “los científicos apuntan que la probabilidad de transmisión a través de billetes es baja en comparación con otros objetos frecuentemente tocados”.

A esta falta de evidencia científica se agarran los defensores del efectivo. “La manipulación de billetes no plantea mayor riesgo de infección respecto a otras superficies. No puede asociarse el momento del pago con una práctica peligrosa solo cuando se paga con dinero [en efectivo]”, explican a este periódico fuentes de la Asociación Profesional de Compañías Privadas de Servicios de Seguridad (Aproser), a la que pertenecen firmas como Prosegur Cash o Loomis, dedicadas a la logística del dinero en efectivo.

Una brecha entre digitales y no digitales

Ya sea más o menos peligroso, la desaparición del efectivo tiene como consecuencia la apertura de una brecha poco visible entre los clientes que tienen más asumido el pago electrónico y los que siguen utilizando el efectivo como principal fórmula de pago, pues si algo caracteriza al uso del cash es su universalidad.

“Es sabido que un gran porcentaje entre la población mayor está más habituada al uso del efectivo y tiene poca destreza en el manejo de las nuevas tecnologías financieras”, explica a este periódico Patricia Suárez, presidenta de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin). Para dar solución a esta brecha, para Suárez es importante “mejorar la educación tecnológica de esa parte de la población para que haya un verdadero acceso universal a las finanzas personales vía online”.

Sin embargo, los mayores no serían los únicos afectados si el uso de efectivo se redujera en gran medida. De acuerdo con fuentes de Aproser, los colectivos en riesgo de exclusión también tendrían dificultades debido a su menor nivel de bancarización y, por tanto, de uso de tarjetas.

Un número elevado de ciudadanos no utiliza las tarjetas bancarias ni ocasionalmente ni de forma habitual

“Un número elevado de ciudadanos no utiliza las tarjetas bancarias ni ocasionalmente ni de forma habitual y, en cambio, dependen del efectivo para adquirir bienes y servicios de primera necesidad (…) reducir los niveles de utilización del efectivo por debajo de los actuales podría conducir, como ha ocurrido en otros países, a la imposibilidad del mantenimiento a futuro de unos servicios esenciales para los ciudadanos”, añade la asociación de empresas de seguridad privada.

Más trazabilidad, pero menos privacidad

El efectivo tiene una ventaja, que es la privacidad respecto a los hábitos de consumo, pero que tiene una cara B, que es la menor trazabilidad. Desde Asufin consideran que “el efectivo no debería desaparecer, pues en un mundo completamente digitalizado y trazable es el único medio de pago que preserva la intimidad de las personas”.

Sin embargo, para Carlos Cuatrecasas, socio de Financial Services Consulting de KPMG en España, la trazabilidad abre la puerta a una “potencial reducción de la economía sumergida” y permite al consumidor disponer de mayor información sobre a qué destina su dinero, así como mayor seguridad para reclamar las garantías de los servicios y productos contratados.

Como explica Cuatrecasas, seguirá siendo necesaria la convivencia de ambos sistemas de pago mientras no esté bancarizado el 100% de la población, mientras los medios electrónicos para el cobro no estén en todos los comercios y establecimientos de hostelería y mientras no se priorice el pago electrónico en la gestión de tributos con las Administraciones Públicas de todos los niveles.

Con todo, es posible que este miedo aún no fundamentado en pruebas científicas cambie los hábitos de pago de los consumidores. Así lo reconoce el BIS, que cree que esta circunstancia puede cambiar la tendencia de anteriores crisis, en las que la demanda de efectivo se incrementó debido a que los consumidores buscaban “una reserva de valor estable”.

Por el momento, se han visto beneficiadas por estas circunstancias plataformas como Bizum, servicios que se puede utilizar para pagar en comercios, pero cuyo uso principal son las transferencias instantáneas entre particulares (conocidas como “hacerse un Bizum”). Esta plataforma, lanzada hace casi cuatro años por una decena de bancos, ha aumentado sus usuarios hasta ocho millones al cierre de abril, principalmente debido a un incremento del interés de los comercios online en adherirse a este sistema de pago.

Más allá de las recomendaciones de dejar de lado el efectivo, la evolución de Bizum es solo una prueba más de que los pagos electrónicos se han visto favorecidos por la pandemia, aunque por el momento parece imposible que el efectivo vaya a desaparecer de los monederos de los españoles.