Y 38 domingos después regresó el Rastro. El tradicional mercadillo madrileño reabrió hoy tras ocho meses sin actividad por culpa del coronavirus y de la falta de entendimiento entre las asociaciones de comerciantes y el Ayuntamiento.

«Esto es un alivio, hay muchas familias que viven de esto», decía Juan mientras montaba su puesto en la Plaza del Cascorro a las ocho de la mañana. «Es un sentimiento encontrado. Por un lado, alivio y esperanza porque volvemos a trabajar, pero por otro lado de desasosiego porque hemos quedado muy reducidos», añadía Marcelo, que lleva 20 años con su puesto.

El Rastro se reabrió con la mitad de los puestos, un total de 500, con mucha presencia policial y con gran ambiente. También hubo algunas protestas de los vendedores ambulantes, que se quejaron de que estuviera cortado el acceso a Ribera de Curtidores, una de las vías principales del Rastro, desde la Plaza del Cascorro.

Volvió el bullicio y volvió el aperitivo y el vermú, aunque los vendedores siguen angustiados por la situación económica. Trabajando en puestos rotatorios, un domingo sí y otro no, los ingresos no dan para mucho. «Con esto no se puede mantener una familia, pero al menos se puede mantener el Rastro vivo», resumía Marcelo.