Economía

Los trabajadores de los consulados españoles en Australia: "Con nuestro salario no podemos sobrevivir"

Denuncian que cobran el salario mínimo local, lo que les condena al empobrecimiento | Cada julio, cuando el Gobierno australiano revisa el SMI, sus sueldos quedan en la ilegalidad durante meses

Trabajadores del consulado de España en Sídney protestan por sus condiciones laborales.

Trabajadores del consulado de España en Sídney protestan por sus condiciones laborales. Cedida

Trabajos aparte. Dar clases de español, entrenar equipos de fútbol, conducir un VTC. Son algunos de los empleos a los que están recurriendo los trabajadores de los consulados españoles en Australia para conseguir complementar su salario. «Con nuestros sueldos no podemos sobrevivir. Te ves obligado a encontrar otra forma de supervivencia. En abril cumplí 20 años aquí y nunca he visto la situación tan mal como ahora», cuenta Marcos Redondo, parte del personal laboral en el exterior del consulado de Sídney y miembro del comité único del colectivo por el sindicato CSIF.

Los trabajadores de los consulados españoles en Australia denuncian que todos ellos cobran el salario mínimo local, salvo los cancilleres y cónsules, lo que, unido a la alta inflación, les ha provocado un alto «nivel de empobrecimiento». «Aquí es imposible sobrevivir con el salario mínimo. Aquí apenas lo percibe algún trabajador, lo normal es que tengas un convenio de empresa», subraya el portavoz del colectivo.

Algunos meses, el sueldo que perciben no llega al mínimo legal. Es así puesto que el Gobierno australiano sube el salario mínimo local cada mes de julio, pero la Administración española no hace lo mismo con sus salarios. Por eso, desde 2017 sus sueldos quedan cada 1 de julio en la ilegalidad, lamentan, hasta que la Administración española decide actualizarlos. En algunas ocasiones los empleados han estado 11 meses con su sueldo por debajo de lo que marca la ley australiana, aseguran.

Estas condiciones llevan a una alta rotación entre el personal de los consulados y embajadas. En un país en el que el desempleo es del 4%, los españoles acceden fácilmente a otros puestos de trabajo. «Si cobras más sirviendo café, es normal que no aguantes», dice Marcos en conversación con este periódico.

«Aquí revisamos temas de nacionalidad, hacemos pasaportes, poderes notariales, testamentos, visados, y solo cobramos el salario mínimo, ¡somos auxiliares administrativos!… No puedes pretender tener un servicio público excelente pagando esto. ¿Qué tipo de imagen de país das cuando estas denuncias aparecen en la prensa mientras tus empresas concurren aquí a programas de obra pública millonarios? Ellos se ven obligados a mantener unos salarios de acuerdo a legislación local y se encuentran que su propio país está pagando por debajo salario mínimo?», critica el portavoz.

Las quejas del personal laboral español en Australia llegan poco después de que sus colegas de Reino Unido hayan pasado siete semanas en huelga para protestar por sus condiciones laborales, como ya contó El Independiente. Los trabajadores protestaban por la carga laboral, insostenible tras el atasco provocado por el Brexit y la pandemia, que se ha unido a una ya latente falta de personal, de medios y a los escasos sueldos. En Reino Unido, son un centenar de empleados para los alrededor de 300.000 españoles residentes allí, según el Ministerio de Interior británico (Home Office). El hartazgo ha provocado dimisiones y que 21 plazas estén al descubierto. Los sueldos de las plazas que se abren son de entre 20.000 y 26.000 euros anuales, cantidades que en Londres apenas alcanzan para vivir, según aseguran los empleados.

Pero representantes sindicales narraron a este medio que el caso de los trabajadores en Reino Unido es solo la punta de un gigantesco iceberg y que la situación laboral en todo el mundo de este personal, todos los empleados en el extranjero salvo los embajadores, los cónsules y otros altos cargos como los cancilleres, es límite. Estas fuentes destacan que el colectivo lleva 13 años con su salario congelado, que son los únicos empleados públicos sin convenio colectivo y describen casos en los que empleados cobran por debajo del salario mínimo local, incumpliendo la legislación; en los que no se cubren las plazas de aquellos que abandonan o se jubilan, y en los que las dimisiones de la plantilla son constantes.

Australia: una inflación del 33%

En un comunicado, el personal laboral del Consulado de España en Sídney ha denunciado «la situación de abandono» que sufre en esta representación, pero que también padece «el conjunto del servicio exterior». «Consideramos que, para un empleado público, percibir el salario mínimo es una prueba evidente de la degradación del Servicio Exterior, y del abandono evidente de un colectivo que es el pilar fundamental del mismo», aseguran. En dicho consulado son ocho trabajadores fijos y uno temporal, aparte del canciller y del cónsul, pero aseguran que la situación laboral es la misma en el Consulado de Melbourne.

«Actualmente sufrimos una inflación acumulada del 33,3%, en Sídney desde 2008, habiéndose producido en el periodo 2008-2021 en el mercado local incrementos salariales del 39,2% en el sector público y del 37,2% en el sector privado, lo que da muestra del encarecimiento del costo de la vida en la ciudad de Sídney y del nivel de empobrecimiento al que ha conducido la política de congelación salarial», narran.

En la misma línea que sus compañeros en el resto del mundo, el personal de Sídney exige que se revise sus salarios para adecuarlos al coste de vida y que se cree un convenio colectivo para todos los trabajadores en el exterior. También piden que les considere empleados públicos, una póliza de seguro médico que les permita disfrutar de una cobertura sanitaria equivalente a la española y el incremento de las cotizaciones al fondo obligatorio de pensiones, para compensar la congelación salarial que sufren desde hace 13 años.

Pero sobre todo lamentan el completo inmovilismo del Gobierno con todo el colectivo, de unas pocas miles de personas, algo que aseguran que se exacerba en el caso de Australia. «Estamos abandonados, somos el Guantánamo de la Administración, como una pequeña isla a la que no llega nadie», zanja Redondo.

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