Un fotógrafo del diario estadounidense The New York Times ha revelado una pista clave a unos 270 metros del fatal accidente de Adamuz que ha dejado hasta el momento 42 fallecidos. Según el medio norteamericano, se trata de un bogie, una pieza inferior del chasis del tren, del que no se había informado antes. Dicha pieza, según confirma la Guardia Civil, "se halló el pasado lunes a través de sistema de infografía forense 3D que se obtienen de drones", pero las autoridades no informaron de su hallazgo hasta después de la publicación del medio estadounidense.
El componente, sin estar acordonado, se ha encontrado parcialmente sumergido en un arroyo que fluye por una zanja empinada a unos 270 metros de la vía, lugar en el que ocurrió la tragedia. Presumiblemente, con técnicas de localización, El Independiente ha localizado el bogie en el Arroyo de la Calderuela, en las inmediaciones del accidente. Además, The New York Times informa que contactó con las autoridades y éstos comentaron que eran conocedores de su existencia y que lo habían estado buscando.
Tras la publicación del The New York Times, el ministro de Transportes, Óscar Puentes, en una intervención en TVE, ha confirmado las declaraciones de la Guardia Civil acerca de que "la pieza se había localizado el lunes por la mañana", antes que el medio, y no se había acordonado. Puente ha añadido también que "se cree que esos bogies han salido despedidos tras el choque".
A preguntas del El Independiente, Iryo, la compañía del tren descarrilado, no hace declaraciones al respecto. El diario estadounidense también informa que el martes los expertos dijeron que el hallazgo del bogie -si efectivamente pertenecía a uno de los dos trenes implicados en el siniestro- podría ofrecer una pista decisiva sobre lo que falló, y sobre si piezas del propio tren contribuyeron al desastre.
Los accidentes se disparan en 2018
Las estadísticas de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) publicadas por el Ministerio de Transportes muestran que la siniestralidad en la red ferroviaria española inició una escalada sostenida a partir de 2018, con un aumento continuado de accidentes, descarrilamientos y colisiones.
Hasta 2017, los niveles de siniestralidad se mantenían relativamente estables, con registros que rara vez superaban los 50 accidentes significativos anuales y los graves no superaban la treintena en ningún caso. Sin embargo, 2018 marcó un punto de inflexión. Ese año se contabilizaron 61 accidentes, cifra que sirvió de base para una escalada posterior que no se ha detenido.
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