Un coleccionista de edificios más que un inversor inmobiliario al uso. Así describen la faceta más desconocida para el gran público del fundador del gigante textil Inditex, Amancio Ortega. El dueño de marcas como Zara, Bershka o Stradivarius no es solo un magnate de las tiendas de ropa, sino que en los últimos veinte años ha levantado un auténtico imperio inmobiliario financiado con los millonarios dividendos que recibe cada ejercicio.
La revista Forbes lo sitúa como la décima persona más rica del planeta (125.450 millones de euros) y lo acaba de coronar esta semana como uno de los mayores propietarios inmobiliarios del mundo. No solo por el número de activos que acumula a través de su patrimonial Pontegadea, sino por el alto valor de los mismos.
El empresario de origen leonés ha ido engordando en los últimos años su cartera a base de adquisiciones en lugares cuidadosamente elegidos. No vale cualquier edificio. Paga precios altos en su mayoría al contado y prioriza operaciones de bajo riesgo y sin necesidad de grandes reformas. La mayoría, en ubicaciones prime, como se conoce en el argot inmobiliario a las zonas más exclusivas de algunas de las ciudades más importantes del planeta.
Una parte de ellos albergan tiendas del propio gigante textil que preside su hija Marta Ortega. Otros, en cambio, tienen en su interior lujosas oficinas u hoteles de la máxima categoría, con inquilinos de primer nivel como Amazon, Apple, Meta o Spotify. Son los denominados trophy assets (activos trofeo), ubicados en las principales arterias comerciales del mundo y en los mejores distritos financieros del planeta. Además, en los últimos años ha dado el salto hacia la logística o los inmuebles residenciales de alquiler.
A sus 90 años, el fundador de Inditex controla casi un 60% de los títulos en bolsa del gigante textil. Y tras su debut en el parqué hace más de quince años, reinvierte sistemáticamente en el negocio inmobiliario los beneficios que obtiene. Un circulo virtuoso que no ha parado de crecer bajo la dirección del gallego Roberto Cibeira. Es el encargado de pilotar Pontegadea, la sociedad patrimonial con la que también canaliza sus inversiones hacia otros sectores como las telecomunicaciones (Telxius), la energía (Redeia, Enagás y participadas de Repsol y EDF) o incluso el portuario (PD Ports) o el de los aparcamientos (Q-Park).
En 2025, Ortega recibió unos 3.000 millones de euros de dividendos de Inditex. Y para Pontegadea fue un ejercicio especialmente potente. Cerró adquisiciones por cerca de 2.300 millones hasta sumar ya más de 200 activos inmobiliarios en trece mercados distintos. Compite de tú a tú con las grandes cotizadas del sector con una cartera valorada en más de 21.000 millones de euros. Además, mantiene una clara vocación de largo plazo: apenas ha vendido una decena de inmuebles en toda su trayectoria.
Fundada a principios de los años 2000 en paralelo al salto bursátil de Inditex, Pontegadea se ha convertido en un gigante inmobiliario que ha ido extendiendo sus tentáculos a lo largo y ancho del planeta. Según Forbes, su cartera supera en valor a la de algunos de los promotores más destacados del mundo, como el australiano Harry Triguboff (23.200 millones de dólares) o el estadounidense Donald Bren (19.200 millones).
Lo que comenzó con la compra de una cartera de hoteles NH y una etapa centrada en locales comerciales y edificios de oficinas en grandes capitales, en 2016 se consolidó con operaciones de mayor volumen y de mayor renombre. Adquirió activos emblemáticos como la Torre Cepsa en Madrid, donde ya contaba con la Torre Picasso. En paralelo, el grupo fue reforzando su presencia internacional, con compras especialmente en Europa y Estados Unidos y se lanzó a por nuevos tipos de activos.
Tras un cierto parón por la pandemia, realizó operaciones de gran envergadura como la compra de la sede del Royal Bank Plaza de Toronto, en Canadá (916 millones de dólares) o el edificio de Correos de Canadá (855 millones de dólares). Antes se había hecho con el edificio de The Post, en Londres (785 millones de dólares); el Troy Block, en Estados Unidos (740 millones de dólares), que alberga la sede de Amazon en Seattle. También el Adelphi Building, en Londres, por 713 millones de dólares.
En los últimos años, ha intensificado sus inversiones en Norteamérica, con activos que mantiene alquilados a compañías tecnológicas. También se ha hecho con activos corporativos en España y propiedades hoteleras en ciudades icónicas como París. Además, el family office ha puesto el foco en Luxemburgo. Hace unos meses, buscó simplificar su estructura aglutinando en una sociedad afincada en ese país gran parte de sus activos inmobiliarios europeos, salvo los edificios en España, Portugal y Reino Unido.
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