Es una rutina a la que los propietarios de un coche eléctrico deben habituarse, en especial quienes lo utilizan a diario: aprender a recargar la batería del vehículo para lograr un ahorro importante y evitar un sobrecoste provocado por una mala elección en la hora de hacerlo. Y la diferencia puede ser elevadísima: hasta siete veces más caro. En los últimos días, el escenario energético ha acentuado de modo significativo la brecha entre los precios de las horas valle y los picos de demanda del mediodía y la noche.
Es ahí donde puede cometerse un error muy importante. Si al regresar de noche a casa lo primero que se hace es poner a recargar el coche, podemos estar pagando un sobrecoste diario muy relevante. Basta analizar la diferencia de precio del kWh: 0,04 euros entre las 14:00 y las 16:00 horas, frente a los 0,31 euros que se alcanzan a las 21:00 horas. Una horquilla que se ha repetido de manera acentuada debido al comportamiento reciente del mercado energético. Habitualmente la curva de precios comienza a dispararse a las 17.00 horas y toca techo a las 21 o 22 horas de la noche.
¿Por qué la noche se ha vuelto prohibitiva?
El encarecimiento de la energía por la noche viene determinado por las particularidades de la generación renovable, que cae en picado al ocultarse el sol. Sin luz solar no se puede producir energía fotovoltaica, y almacenarla es, por ahora, una opción limitada a unas pocas plantas. Por ello, el sistema debe recurrir a opciones más gravosas como el gas de los ciclos combinados. En un contexto de crisis internacional como el actual, el gas se ha mantenido en las últimas semanas en niveles más caros que antes del inicio del conflicto con Irán, pese a la moderación de su cotización en los últimos días.
A esto se le suman los días calurosos como los vividos esta semana. Cuando la tecnología solar ya se ha apagado, la demanda de electricidad en los hogares se dispara tras la jornada laboral; millones de familias encienden el aire acondicionado para refrescar las casas antes de dormir. Este hábito incrementa notablemente la carga sobre la red, agravando todavía más el pico de demanda nocturno y obligando al sistema a quemar gas con mayor intensidad.
Para canalizar esta energía, los llamados cargadores inteligentes -o Wallbox- son los más comunes en los garajes domésticos o comunitarios. Funcionan a una potencia estándar de 7,4 kW y requieren de entre 7 y 8 horas para lograr una recarga completa de la batería. Por ello, la elección de la franja horaria se convierte en un elemento clave. Poder programar el dispositivo a partir de la una de la madrugada es la opción más adecuada, ya que es entonces cuando la demanda global decae y el precio también se hunde.
La hora punta estrecha la ventaja frente al diésel
Los fines de semana la situación es radicalmente diferente, si bien sigue siendo hasta cuatro veces más caro cargar el vehículo en la 'hora de la cena'. En esos días la diferencia horaria no es tan acentuada y la oscilación es menor. Sólo en los sábados y domingos de este mes de mayo las fluctuaciones entre el tramo valle y el de mayor demanda se han movido entre los 0,04 euros y los 0,16 euros por kWh.
Una de las razones que sigue motivando la compra de vehículos 100% eléctricos es, precisamente, el menor coste de 'combustible' respecto a los modelos de combustión. A precios actuales, el consumo medio a los 100 kilómetros de un vehículo diésel eficiente ronda los 5,5 litro, es decir, un coste de unos 9,2 euros.
Mercado libre, mercado regulado
Si ese mismo recorrido se realiza en autopista con un coche eléctrico con un consumo de 21 kWh, y le sumamos el 5% de energía que se pierde inevitablemente por calor durante el proceso de recarga, el consumo real pagado se eleva a 22 kWh. Si este repostaje se ha realizado en la franja nocturna más cara, el coste rozará los 6,8 euros, reduciendo drásticamente la ventaja económica frente al diésel.
Este condicionante nocturno está provocando que muchos usuarios descarten el mercado regulado (PVPC) y apuesten por contratos de suministro en el mercado libre, refugiándose en tarifas planas de precio fijo las 24 horas o en tarifas especiales para vehículos eléctricos que garantizan el bajo coste de madrugada a cambio de renunciar al "chollo" solar del mediodía.
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