Es un pequeño y valioso ‘cofre’ cada vez más presente en las entrañas de nuestro parque móvil. Vehículos que oculta elementos químicos escasos y muy demandados y sin los que no podrían circular. Por el momento, lo transportan los 850.000 vehículos 100% eléctricos e híbridos –enchufables o no– que forman parte del parque móvil electrificado de nuestro país. En sus baterías se esconden celdas con litio, cobalto, níquel, manganeso… A medida que el parque electrico aumenta y la primera 'generación' de coches eléctricos se acerca a su 'jubilación', el reto será contar con infraestructuras para reciclar cientos de miles de baterías.
La vida útil de una batería de un coche eléctrico se estima en entre 7 y 10 años. Por ello, el boom de la renovación máxima de estos componentes de los vehículos electrificados no ha llegado. Lo hará pronto y requerirá saber recuperar los minerales críticos, muy valiosos y escasos de sus baterías y con los que poder activar una economía circular que limite la extracción de estos recursos en el planeta.
La compañía Urbaser presentó hace unos días el inicio de la construcción de una planta pionera en el reciclaje de baterías en España. Ubicada en la localidad de Cubillos del Sil, en el Bierzo leonés, esta compañía confía en poder comenzar procesando 60.000 baterías de litio pero alcanzar las 200.000 anuales en el momento de mayor capacidad de la planta. Baterías no solo procedentes de vehículos eléctricos, sino también de patinetes, ordenadores o teléfonos.
Plantas pioneras en el reciclaje de baterías en España
Es parte del reto de la nueva movilidad eléctrica que comienza a imponerse y a dejar atrás décadas de combustión. “Venimos a recuperar recursos estratégicos y a garantizar el suministro de materias primas críticas", aseguró Fernando Abril-Martorell, CEO de Urbaser, durante el acto de colocación de la primera piedra.
La administración del ingente volumen de residuos que supondrá la renovación del parque móvil eléctrico en solo unos años augura la puesta a punto de un complejo proceso, no solo de recogida de baterías, sino de gestión y recuperación de sus elementos. Recyclia es una entidad que agrupa a fundaciones como Ecopilas, Ecofimática y Ecoasimelex, dedicadas a la recogida selectiva y reciclaje de equipos y dispositivos eléctricos y electrónicos, además de pilas desechables. Desde 2001, Recyclia ha gestionado más de 520.000 toneladas de este tipo de residuos.
Según sus estimaciones, para el año 2030, solo el reciclaje de baterías de vehículos eléctricos en España podría aportar el 84% del litio y el 60% del cobalto que requerirán las nuevas celdas que se produzcan ese año. O lo que es lo mismo, se podrán fabricar 33.000 baterías nuevas empleando únicamente las materias primas recuperadas. Además, entre el 7% y el 9% del aluminio y níquel que necesitará España procederá de esas baterías en desuso. Una recuperación que adquiere especial valor si se tiene en cuenta la alta dependencia exterior de este tipo de metales.
El despegue de la gestión de residuos eléctricos
“Hasta ahora, en muchos casos, todo el proceso requería de gestores autorizados que estaban en Francia o Alemania. Ahora existen gestores autorizados como nosotros”, asegura Gabriel García, director general de Recyclia. “Lo que hacemos es organizar que todo el proceso de reciclaje se lleve a cabo de modo adecuado. En el caso de las baterías de coche, se está produciendo un incremento muy importante que aumentará en los próximos años mucho más. En 2025 gestionamos 189.000 kilos de baterías de vehículos, un 19% más que el año anterior”.
Desde Recyclia reconocen que por el momento ese volumen no es muy abultado -equivale a cerca de 400 baterías eléctricas medianas-. García recuerda que por ahora nos encontramos ante las primeras generaciones de coches eléctricos y, por tanto, la mayor parte de sus componentes aún están en uso, “pero cuando se conviertan en residuo, todo aumentará”.
En los procesos de recuperación no solo se tiene en cuenta la obtención de los elementos minerales, sino también la posibilidad de dotar a los equipos de una segunda vida para baterías. Cuando la potencia de este tipo de celdas cae al 80 0 70%, en la mayoría de los casos ya no son válidas para su uso en un vehículo, que requieren de mayor potencia: “Pero, en cambio, sí son útiles para otros usos, como sistemas de almacenamiento energético”, asegura García.
Segunda vida: almacenamiento energético antes del reciclaje
Una iniciativa pionera de 'segunda vida' para baterías es la que Endesa desarrolla en Melilla desde hace tres años y que ya tiene su réplica en el aeropuerto de Roma. El proyecto, bautizado como Second Life, se basa en la construcción de una central de almacenamiento empleando baterías de coche en desuso, de segunda mano, que de otro modo estarían destinadas al reciclaje. De este modo se les concede una nueva oportunidad en una función radicalmente diferente: constituir una central de almacenamiento de energía para dar apoyo a una instalación térmica. La central se plantea dentro del proyecto Second Life, basado en el empleo de 78 baterías de coche, la mitad de ellas retiradas de vehículos por haber superado su vida útil, que junto con una treintena de baterías nuevas conforman una pequeña central de apoyo. Posee una capacidad de 4 MW y produce 1,7 MWh.
El reglamento europeo de baterías plantea desde 2023 objetivos para ir avanzando en el sector. Se fija que en 2027 se deberían reciclar 50.000 toneladas de estos componentes. Actualmente, el porcentaje de reciclaje apenas ronda el 5%. El reto pasa por fijar cuotas obligatorias de contenido reciclado en la UE para exigir a los fabricantes que introduzcan en las nuevas baterías ratios de recuperación de materiales de hasta un 14% de litio, un 17% de manganeso y un 25% del cobalto que necesitará Europa en 2030.
Economía circular ante una nueva realidad
En unos años, el volumen de componentes que habrán llegado al final de su ciclo de vida útil se disparará. Aplicar criterios de economía circular para gestionar esta nueva realidad puede ser una solución para alargar su utilidad y retrasar estos procesos de desmantelamiento. En nuestro país, solo en 2024 se matricularon más de 124.000 vehículos electrificados. Países como China produjeron 6,7 millones de unidades. En Noruega registran ya niveles de hasta el 100% de coches electrificados en las nuevas matriculaciones; en los Países Bajos alcanza el 65%; en Alemania el 34% y en Portugal el 28%. En nuestro país aún es bajo, apenas el 14%.
Desde Greenpeace alertan del riesgo que supone gestionar correctamente el ingente volumen de residuos que en los próximos años llegarán al final de su vida útil. Será la primera gran generación del coche eléctrico que habrá que reciclar y para lo que los Estados deberían prepararse. “En realidad estamos ante una oportunidad para plantear el reciclaje como un pilar de este proceso de transición de la movilidad que vivimos”, asegura Cristina Arjona, responsable de energía de Greenpeace. Recuerda que, frente a la profundización de la extracción de estos minerales, “lo que habría que priorizar es reciclar lo que ya está en la cadena”.
Establecer canales adecuados y controlados que vigilen toda la vida útil es urgente, apuntan, “para que no terminen como basura electrónica en vertederos”. Greenpeace considera que para hacer realidad esta oportunidad habrá que reforzar la legislación, de modo que aspectos como la estandarización del diseño o las obligaciones de los fabricantes del sector encajen en un proceso completo: “Estamos ante una oportunidad, pero también ante un riesgo. El reciclaje podría ahorrar 63 millones de toneladas de emisiones de CO2 porque permitiría reducir la fabricación de estas baterías mediante una verdadera economía circular”.
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