Desde la pandemia, los ingresos públicos marcan cifras históricas año tras año. En 2025, el Ministerio de Hacienda cerró el ejercicio con una recaudación récord de 325.356 millones de euros, un 10,4% más que el año anterior, mientras que el Ministerio de Seguridad Social ingresó vía cotizaciones sociales otros 175.677 millones, un 6,8% más que en 2024. No obstante, aunque los ingresos públicos han aumentado más que los gastos en los últimos años, el Estado sigue gastando más de lo que ingresa: en 2025 los ingresos representaron el 42,9% del PIB, frente al 45,3% del gasto público. Ante ello, el Banco de España considera que se ha desaprovechado la oportunidad de equilibrar las cuentas públicas y mejorar "la dinámica de la deuda".
Así lo advirtió este jueves la institución durante la presentación de su Informe Anual 2025. El director general de Economía del Banco de España, David López Salido, señaló que el esfuerzo de los contribuyentes "no se ha trasladado en una evolución de la deuda pública que nos parezca suficientemente prometedora". De hecho, "el porcentaje de deuda sigue ligado a niveles del entorno del 100% del PIB, lo que sitúa a España por encima del promedio de la Unión Económica y Monetaria (87,8% del PIB)", concluyó López Salido.
Deuda pública en récord histórico: 1,73 billones
El dato más reciente del nivel de deuda pública de España se corresponde con el mes de abril de 2026, donde la cifra se ha situado en el 101% del PIB y supone una reducción de 1,6 puntos porcentuales respecto al mismo mes de 2025. A simple vista podría interpretarse como una mejora de las cuentas públicas. Sin embargo, la fotografía cambia cuando se observa la deuda en términos absolutos. Mientras que en abril del año pasado el endeudamiento ascendía a 1,663 billones de euros, este año ha escalado hasta los 1,736 billones. Es decir, en el último año se han sumado 73.000 millones más.
Este fenómeno, aparentemente contradictorio, se explica por el dinamismo y la fortaleza de la economía española. La ratio de deuda pública se calcula dividiendo el volumen total de deuda entre el PIB. Por ello, cuando la actividad económica avanza a un ritmo superior que el del endeudamiento, el porcentaje se reduce aunque la deuda siga aumentando en euros. En otras palabras, España debe actualmente más dinero que hace un año, pero el tamaño de su economía también es mayor. Así, el resultado es una caída de la ratio de deuda sobre PIB que convive con un volumen de endeudamiento que no deja de crecer y que en abril volvió a marcar otro máximo histórico.
En este sentido, el Banco de España sostiene que la evolución de las cuentas públicas desde la pandemia reflejan "un incremento significativo del tamaño de las Administraciones Públicas", tanto por el lado de los ingresos como por el del gasto. Un fenómeno que ayuda a entender por qué, pese a los récords históricos de recaudación registrados en los últimos años, la deuda pública sigue aumentando.
Los ingresos públicos alcanzan el 42,9% del PIB
Por el lado de los ingresos públicos, la institución señala que "han aumentado su peso entre 2019 y 2025 en 3,2 puntos porcentuales", hasta alcanzar el 42,9% del PIB. Un alza que responde fundamentalmente al aumento del peso de los impuestos sobre la renta, que por sí mismos han aumentado 2,8 puntos porcentuales desde 2019.
En este sentido, el Banco de España pone el foco en la "progresividad en frío". Es decir, la ausencia de actualización de los tramos del IRPF y los mínimos deducibles conforme a la evolución de la inflación. Y, según calcula la institución, este fenómeno ha aportado 1,2 puntos porcentuales al aumento de los ingresos públicos sobre PIB registrado desde 2019. O lo que es lo mismo: más de un tercio del incremento total de la recaudación en relación con el tamaño de la economía se explica por este efecto.
Los gastos se sitúan en el 45,3% del PIB
Pero los ingresos son solo una parte de la ecuación. Y es que el gasto público también ha ganado peso en la economía española y se ha mantenido por encima del peso que tienen los ingresos, lo que explica por qué la deuda no desciende con la intensidad que desearía el Banco de España. En concreto, "los gastos han aumentado su peso entre 2019 y 2025 en 2,5 puntos porcentuales", hasta situarse en el 45,3% del PIB.
Además, durante la presentación del documento, López Salido destacó que, a diferencia de lo ocurrido con los ingresos, "el aumento de gastos es generalizado por partidas y conceptos". Es decir, que el incremento del gasto público no responde a una única política o programa concreto, sino que se extiende a distintas áreas de las Administraciones Públicas, lo que dificulta una eventual corrección. Y a ello se suma que este fenómeno presentan un carácter estructural. El Banco alerta de que el gasto "muestra una elevada inercia en ausencia de medidas que modifiquen su trayectoria", por lo que difícilmente revertirá por sí solo en los próximos años.
De hecho, las perspectivas apuntan a que a la persistencia del gasto actual se añadirán nuevas presiones sobre las cuentas públicas derivadas del envejecimiento demográfico, el aumento del gasto en defensa, la transición climática y la digitalización de la economía. Por este motivo, la institución concluye que se necesita "definir de manera específica y granular una estrategia fiscal de medio plazo" que garantice la sostenibilidad de las finanzas públicas.
¿Cómo se financiará este nuevo gasto?
Una cuestión sobre la que el Banco de España insiste en varias ocasiones a lo largo de su Informe Anual 2025. Y es que esta planificación debería quedar reflejada tanto en el Plan Fiscal y Estructural de Medio Plazo (PFEMP) como en los informes de progreso que el Gobierno remite anualmente a Bruselas para rendir cuentas sobre su cumplimiento. Sin embargo, la institución reprocha al Ejecutivo la "falta" de una "estrategia fiscal lo suficientemente detallada a medio plazo".
Según advierte, los documentos remitidos por el Gobierno no concretan con suficiente claridad cómo pretende financiar las nuevas presiones sobre el gasto público derivadas del envejecimiento, la defensa, la transición climática o la digitalización. De hecho, el Banco lamenta que ni siquiera "está plenamente definido" si estas necesidades se abordarán mediante un aumento de los impuestos o a través de un mayor recurso al endeudamiento.
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