La construcción de vivienda nueva no avanza al ritmo al que se crean nuevos hogares. Pese a una cierta mejora, el problema de los últimos años se sigue agravando y el déficit se hace cada vez mayor y llegará a las 885.000 en 2027, según los cálculos de BBVA Research. Los visados de obra nueva crecerán un 10,1% en 2026 y un 12,6% en 2027, pero su efecto tardará en trasladarse a las ventas, pues suelen pasar 25 meses entre el inicio de una vivienda y el registro de su venta.
La previsión es que se creen unos 220.000 hogares al año en 2026 y 2027. Aunque es algo menor al promedio del último lustro, las casas construidas solo servirán para cubrir el 47% de los nuevos hogares creados entre 2021 y 2027. "Aunque los visados mantienen una trayectoria creciente, el volumen de viviendas iniciadas en los últimos años limita la capacidad de aumentar las ventas en el corto plazo", avisa el informe.
La previsión es que los tipos de interés sigan siendo relativamente reducidos y sigan favoreciendo el acceso al crédito. Mientras tanto, la inmigración también servirá como soporte para la creación de hogares. Así que la presión de la demanda seguirá impulsando al alza los precios un 12%, según el servicio de estudios de la entidad que preside Carlos Torres. Y todo ello pese a que calcula que se producirá una caída de las ventas en 2026 de un 7,3%. En el segmento de la vivienda nueva, la caída será del 8,4%, aunque se espera que remonten un 3% en el siguiente ejercicio.
Las comunidades con mayor creación de hogares, añade el informe, concentran el mayor déficit de viviendas. Sin embargo, aunque el desequilibrio relativo se moderará en la mayoría de las regiones, seguirá elevado.
Según el servicio de Estudios de BBVA, para reducir el actual déficit de viviendas sería necesario acometer "un cambio de escala en la inversión residencial y la eliminación de los principales cuellos de botella que limitan la producción". Entre ellos, la escasez de suelos finalistas, la falta de mano de obra, la incertidumbre regulatoria, la complejidad de los proceso urbanísticos y la baja rentabilidad del sector. Y avisa de que "un nuevo episodio de encarecimiento de los materiales podría reducir la viabilidad de algunos proyectos y retrasar la respuesta de la oferta".
Asimismo, señala que las principales trabas para impulsar la construcción de vivienda nueva no han desaparecido pese a los planes de vivienda puestos en marchas tanto a nivel estatal como autonómico. Para contraer la falta de viviendas a la mitad, eso sí, calcula que la inversión residencial tendría que aproximarse al 10% del PIB en 2030.
Por otro lado, pone el acento en que más de 80.000 viviendas previstas dependen de la construcción de nuevas infraestructuras eléctricas. "La regulación en la pasada década limitó el desarrollo de la red a favor del equilibrio financiero y todavía hoy dificulta atender el aumento de la demanda de acceso", dice el informe.
En este sentido, recalca que "la ampliación de la red en los grandes desarrollos urbanísticos puede llegar a tardar de 5 a 8 años". "La incertidumbre sobre los plazos de conexión dificulta la planificación y financiación de los desarrollos. Esto se está convirtiendo en un cuello de botella para la construcción de viviendas", concluye el servicio de estudios del banco.
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