El Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) de la Guardia Civil ha logrado alertar a las autoridades del intento de introducir a España toneladas de droga mediante las narcolanchas. Una de las mayores operaciones de éxito en las que ha participado el SIVE ocurrió el año pasado, cuando los operadores de este sistema detectaron una embarcación sospechosa al oeste de la costa de Chipiona (Cádiz) navegando hacia tierra. Como resultado, se evitó la entrada de 1.700 kilos de hachís al país.

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Ahora, el nuevo contrato para el mantenimiento del SIVE se lo ha llevado la empresa de los hermanos madrileños Ángel y Javier Escribano, Escribano Mechanichal & Engineering (EM&E), por lo que será la única empresa que llevará la vigilancia de las costas españolas hasta el año 2029. Esto es algo que, para algunas personas del sector, es positivo, pues se centraliza la supervisión fronteriza en un único proveedor y ayuda así a mantener un control uniforme de todo el servicio. Porque anteriormente, al contar con más de un proveedor, la gestión diaria de la vigilancia resultaba más compleja.

Esta tecnología surgió en los años 90 como respuesta a la necesidad de controlar los tránsitos irregulares y tráficos ilícitos en la zona del Estrecho de Gibraltar. Pero su primer despliegue operativo en la Guardia Civil no se hizo hasta el año 2002, cuando se movilizó el SIVE a la zona de Algeciras. Y aunque el sistema fue creado originalmente para operar en la zona del Estrecho, debido a su efectividad se ha expandido a gran parte del país. Desde ese momento, se ha continuado desplegando a lo largo de las costas españolas hasta llegar a 16 comandancias, reforzando de esta manera la vigilancia fronteriza de la Unión Europea. Así, la Guardia Civil cuenta con esta tecnología en la costa desde Tarragona hasta Huelva, Ceuta, Pontevedra y las Islas Baleares y Canarias, alcanzando más del 70% de cobertura de las costas de la península y las islas.

El sistema, ahora controlado el mantenimiento en su totalidad por EM&E, bajo la propiedad de la Guardia Civil, cuenta con estaciones distribuidas a lo largo de la costa equipadas con cámaras, radares, sistemas de comunicaciones y sistemas de alimentación (como grupos electrógenos). Las estaciones capturan los datos de detección y los envían en tiempo real a los centros de control de las diferentes comandancias locales de la Guardia Civil. El SIVE actúa como un paso previo de alerta. Cuando el sistema detecta un objetivo sospechoso, avisa a los operadores de la Guardia Civil, quienes identifican la amenaza y coordinan los recursos necesarios para interceptarla (como helicópteros o patrulleras del servicio marítimo).

Objetivos del SIVE

El SIVE es una herramienta clave para interceptar "narcolanchas" y combatir actividades asociadas como el "petaqueo" (embarcaciones que suministran combustible en el mar a las lanchas de los narcotraficantes). También vigila la migración, permitiendo detectar de forma temprana las embarcaciones irregulares en el mar para coordinar su asistencia o interceptación. Pero al ser un sistema enfocado en la vigilancia del litoral, no está diseñado para el control de fronteras terrestres, como en algunos perímetros de Ceuta.

Pero además de estas dos misiones principales, el SIVE también se encarga de realizar operaciones de búsqueda y salvamento. Con la localización de las personas desaparecidas se recrea la trayectoria de embarcaciones. Entre otros objetivos, también se intenta evitar una práctica que ha crecido en los últimos años. Se trata de la prevención del expolio arqueológico, vigilando zonas de interés histórico para evitar la piratería con el robo de tesoros de barcos hundidos.

Por último, también ofrece apoyo a eventos marítimos, reforzando la seguridad para vigilar el tráfico marítimo durante acontecimientos deportivos o civiles como las pruebas de regatas.

Para estos objetivos, el SIVE dispone de cuatro componentes compuestos por estaciones de sensores fijos, estaciones de sensores móviles, centros de mando y control y una red de transmisión de comunicaciones en tiempo real. Esta última transmite imágenes, voz y datos en tiempo real, conservando la confidencialidad y evitando la detección por otros sistemas de comunicación.

Estos sistemas que funcionan las 24 horas del día, los 365 días del año funcionan mediante radares que escanean el mar para detectar cualquier embarcación o traza de movimiento. Las cámaras optrónicas se encargan de la verificación visual y el reconocimiento de los objetivos, con algunas de ellas con más de 20 años de longevidad. Ahora, se están modernizando con cámaras de última generación de Escribano que pueden alcanzar más de 25 kilómetros de distancia.

Una vez enviada la información capturada, las estaciones transmiten de forma automática los datos a los Centros de Mando y Control situados en las diferentes comandancias locales de la Guardia Civil. Allí, los datos se integran y es donde el cuerpo toma posesión de la operación. Una vez confirmada la incidencia, coordinan y despliegan helicópteros, patrullas marítimas o unidades terrestres para interceptar o atender al objetivo.