Estados Unidos y China libran una feroz batalla por la hegemonía de la inteligencia artificial mientras la Unión Europea trata de encontrar su lugar en una carrera en la que acumula años de desventaja. La disputa no se limita al liderazgo económico o al desarrollo de nuevos modelos tecnológicos. En un escenario geopolítico cada vez más convulso, la IA se ha convertido también en una herramienta estratégica para la defensa y la seguridad nacional. Y el viejo continente afronta una doble urgencia: recuperar autonomía tecnológica y prepararse para unas amenazas que evolucionan a una velocidad sin precedentes.
¿Cómo puede el bloque comunitario reducir su dependencia de Estados Unidos? ¿Tiene capacidad para desarrollar una industria propia? ¿Está preparado para los nuevos escenarios de conflicto? Estas fueron algunas de las cuestiones que centraron la conversación entre Andrés Pedreño, catedrático de Economía y cofundador de 1.070 Km, y Miguel Sánchez San Venancio, exdirector global de Seguridad e Inteligencia de Telefónica y actual presidente del consejo asesor de defensa de Nazca Capital, durante el IX Congreso Internacional de Inteligencia Artificial organizado por El Independiente en Alicante.
La velocidad a la que avanza esta tecnología constituye uno de los principales desafíos. "Cada mes, cada semana hay un salto relevante en términos de capacidades y modelos", advirtió Pedreño. También llamó a prestar atención a una transformación que va mucho más allá de la IA generativa. "Ahora asistimos a una tormenta perfecta donde hay una fusión de varias IA: la generativa, la cognitiva, la física...", explicó. Una convergencia que, a su juicio, está redefiniendo el propio concepto de defensa y que ya tiene consecuencias visibles en conflictos como la guerra de Ucrania, donde la aplicación de estas tecnologías está produciendo "resultados inesperados".
Un elemento de disuasión
En este nuevo escenario, la inteligencia artificial se convierte también en un elemento fundamental de la disuasión militar. Sánchez San Venancio recordó que esta consiste en disponer de las capacidades, la voluntad y la doctrina necesarias para que un potencial adversario considere que no le compensa iniciar un conflicto. Y esas capacidades dependen cada vez más del desarrollo tecnológico, especialmente en ámbitos como el ciberespacio. "Las tecnologías que son susceptibles de utilizarse en esos dominios tienen que ser adoptadas, porque, si no, dejas de ejercer disuasión frente a los potenciales adversarios", señaló.
Pero las amenazas tampoco se parecen necesariamente a las del pasado. Pedreño planteó que la guerra de Ucrania podría ser una de las últimas contiendas convencionales de estas características. En el futuro, advirtió, las consecuencias de un ataque podrían ser igualmente devastadoras sin necesidad de recurrir a una invasión militar. "Igual sirve con provocar un apagón o hacerse con uno de los grandes bancos", sostuvo.
El problema para Europa es que esta transformación tecnológica se produce cuando todavía arrastra un importante retraso respecto a sus competidores. "Europa lleva una desventaja de más de veinte años", aseguró Pedreño tras poner como ejemplo el peso alcanzado por los siete gigantes tecnológicos estadounidenses, cuya valoración conjunta equivaldría al producto interior bruto (PIB) de toda la Unión Europea.
¿Un Airbus de la IA?
La cuestión ya no es únicamente cuánto puede avanzar Europa, sino si dispone de tiempo y recursos suficientes para reducir esa distancia. Durante la conversación se planteó la posibilidad de impulsar un gran conglomerado industrial europeo similar a Airbus, pero dedicado al desarrollo de inteligencia artificial.
"Si lo hubiéramos hecho hace diez años, no estaríamos donde estamos", lamentó Sánchez San Venancio, que se mostró escéptico sobre la capacidad europea para competir en el desarrollo de grandes modelos fundacionales. "No tenemos ahora capacidad para crear modelos fundacionales de IA que abarquen de forma transversal y completa la tecnología. Podremos hacer aproximaciones, pero cuando queramos llegar, el resto nos va a seguir adelantando", sostuvo.
Sin embargo, renunciar al desarrollo tecnológico propio tampoco parece una opción. "¿Qué pasa si Estados Unidos dice que cierra el grifo no solo a efectos de los ciudadanos, sino también para determinadas industrias?", planteó Pedreño. En ese supuesto, alertó, las asimetrías serían enormes y pondrían de manifiesto hasta qué punto la dependencia tecnológica puede convertirse en una vulnerabilidad estratégica.
De ahí que defendiera la necesidad de apostar por una industria europea capaz de competir, aunque no necesariamente en todos los ámbitos. "No renunciemos a ser autónomos, porque el talento y las capacidades científicas las tenemos", exclamó. La clave, en su opinión, pasa por impulsar la especialización: "Necesitamos una industria privada, no solo el sector público. Necesitamos especializarnos en ámbitos donde seamos muy buenos y hagamos cosas muy concretas", apuntó.
Reorientar las inversiones en armamento
Ese desarrollo exige también un cambio en las prioridades de inversión. El catedrático de Economía defendió que Europa aproveche los 800.000 millones de euros previstos para reforzar su defensa y destine una parte significativa al desarrollo tecnológico. "En lugar de dedicarlos a comprar chapa y pintura, debemos establecer inversión en IA", propuso.
La necesidad de movilizar capital privado fue otro de los puntos centrales del debate. Sánchez San Venancio recordó que Europa había vivido durante décadas bajo el paraguas de seguridad estadounidense, sin asumir plenamente las implicaciones de su dependencia. "Hemos vivido hasta el segundo mandato de Trump en un 'mundo feliz'. Teníamos subcontratada nuestra defensa a EEUU y no invertíamos", sentenció.
A esa falta de inversión pública se sumaban las reticencias del sector financiero. Según explicó, bancos y fondos soberanos evitaban invertir en armamento, munición y determinadas tecnologías de doble uso debido a sus criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Sin embargo, advirtió que el contexto geopolítico está empezando a modificar esa situación. "Está empezando a aparecer inversión privada. Nosotros en Nazca somos un vehículo para canalizar esa inversión privada a las industrias que nos parecen más punteras en los sectores críticos que conviene desarrollar para esa autonomía", expuso Sánchez San Venancio.
"La IA sin datos, no opera"
La cuestión, por tanto, no pasa solo por disponer de financiación, sino identificar qué capacidades resultan estratégicas. El experto recordó además una particularidad de la aplicación de la inteligencia artificial a la defensa: su dependencia de los datos. "La IA, sin datos, no opera", subrayó. Y en el ámbito militar estos son especialmente complejos y sensibles, tanto por la necesidad de proteger la información como porque su utilización se produce en un entorno en el que existe "un adversario que está haciendo algo en tu contra". Una circunstancia que diferencia profundamente este sector de buena parte de las aplicaciones civiles de la tecnología.
Más allá de la inversión y las capacidades industriales, el debate dejó una última cuestión sobre la mesa: el papel que debe desempeñar Europa en el desarrollo de la inteligencia artificial. Para Pedreño, el bloque comunitario corre el riesgo de quedar atrapado en las discusiones regulatorias mientras Estados Unidos y China continúan ampliando su ventaja.
El catedrático defendió la necesidad de compatibilizar la reflexión ética con la aplicación efectiva de la tecnología. "La ética y el humanismo son ahora a una vestimenta de la impotencia europea y no lo debemos permitir", sostuvo. Frente a la resignación, reclamó una respuesta industrial y tecnológica que permita aprovechar las capacidades científicas europeas y ganar posiciones en ámbitos emergentes. "Europa debe reaccionar con un desarrollo tecnológico propio, liderando la IA agéntica en los ámbitos donde puede liderarla", concluyó.
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