El fallo humano es una de las principales hipótesis que maneja el Gobierno como causa del accidente mortal en la línea Madrid-Andalucía ocurrido este miércoles y que deja al menos 64 fallecidos. El choque de un AVE de Renfe con un Iryo ha provocado una de las mayores tragedias ferroviarias de la historia, apenas nueve meses después del fatídico accidente de Adamuz, donde perdieron la vida 46 personas.

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Según fuentes ferroviarias, el sistema de seguridad LZB instalado en la línea habría dejado de estar operativo a las 8:30 horas de la mañana por una avería. A continuación, habría entrado en funcionamiento otro sistema de respaldo, el Bloqueo de Señalización Lateral (BSL).

Tras detenerse todos los trenes de la línea, un controlador del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) habría ordenado al de Renfe retomar la marcha en condiciones normales. Lo habitual ante un fallo así es que se haga en lo que se denomina "marcha a la vista", lo que permite frenar en caso de ver un obstáculo por parte del maquinista.

Fuentes del sector consideran clave la actuación del Control de Tráfico Centralizado (CTC) de Atocha, y las órdenes dadas a los maquinistas de los trenes de Iryo y de Renfe. El segundo ha impactado en la parte trasera del primero, provocando el descarrilamiento de cuatro de los coches, que han caído por un terraplén.

La línea Madrid-Sevilla está cambiando su sistema de seguridad a ERTMS, uno más avanzado que el actual LZB, instalado desde su inauguración en 1992. Pese a la inversión aprobada, con una licitación de 2021, a día de hoy no está todavía operativo.