María José Miranda es directora general de NetApp Iberia, que es algo así como un guardián de la información que generan las empresas. «Nos dedicamos a almacenar, gestionar y proteger los datos de los clientes», explica en lo alto del rascacielos madrileño donde tiene la sede la empresa.

Cuando hace 35 años empezó a trabajar como programadora, los mayores discos para almacenar datos eran enormes «tan grandes como una ensaladera, parecían un platillo volante» y tenían menos de una cuarta parte de la capacidad de un smartphone actual. «Un teléfono tiene más capacidad que los ordenadores que hace diez años llevaban una empresa. Cada año la capacidad y eficiencia de almacenamiento evoluciona muy rápidamente».

 

Ahora los datos han pasado a estar «en el centro de la economía digital», afirma. Según Miranda, que lleva al frente de la filial española de esta multinacional de Silicon Valley desde 2010, «cuanto más grande es la empresa, más concienciada está por la seguridad de la información que custodia. En las pymes, sin embargo, es más difícil». Pero donde más desconocimiento hay no es en el mundo empresarial, sino «entre la población, que pone datos al alcance de cualquiera en las redes sociales».

Los millennials no saben el peligro que corren al poner ciertas fotos y comentarios en redes

Y destaca que «la gente joven es la más inconsciente de cómo se utilizan sus datos», advierte. «Una cosa es que los millennials se muevan con facilidad por las redes sociales y otra que sean conscientes del peligro que corren al poner ciertas fotos o ciertos comentarios que están al alcance de cualquiera».

No tener cuidado con lo que se publica en internet pasa factura en la carrera laboral: «Cuando vamos a contratar una persona hacemos un barrido de lo que hace en redes sociales. Y si se encuentran fotos no muy correctas o actitudes inapropiadas es algo que no gusta al contratador. Y los jóvenes no son conscientes del riesgo que supone que suban sus fotos de fiesta en la playa… No ven la problemática que puede conllevarles la información que suben».

Explica Miranda que cada vez es un problema más frecuente, «porque todo el mundo tiene su rastro en la red». A veces lo que a uno le puede poner en problemas es lo que ha compartido él mismo, «pero otras veces es algo que ha puesto algún amigo en un sistema abierto que puede leer todo el mundo. Todas las empresas hacen un barrido para ver qué información hay en internet de la persona que van a contratar, y suele haber mucha. Efectivamente, si ves cosas raras, eso echa bastante para atrás a la hora de contratar a una persona».

Cuando se analiza un candidato, poco importa si han sido comentarios «inofensivos» cuando se compartieron en internet y cuántos años hace que estén ahí. «También va más allá de la foto de la playa, es cómo se relacionan con determinados grupos», reconoce esta licenciada en Informática con un Programa de Dirección General (PDG) del IESE, que subraya que dar una imagen «de falta de profesionalidad en redes preocupa mucho a las empresas».

España va mejor

Como los 2.000 clientes de NettApp en España van desde las gestorías de barrio a grandes bancos y aseguradoras, «permite una visión muy amplia de cómo va la economía del país». Y su diagnóstico para 2017 no puede ser más optimista: «Este año va a ser bueno para España».

«Estoy absolutamente convencida de que la economía española va a tener un gran año», afirma tajante al preguntarle si percibe la recuperación tras la crisis de la última década. «El año pasado también empezó bien, pero la falta de Gobierno hizo que las compañías esperasen a hacer las inversiones. Notamos bastante parón de proyectos que estaban muy avanzados y que al final no se materializaron por precaución y que algunos de ellos todavía están esperando para ejecutarse este año».

No es lo mismo para las empresas que haya un Gobierno de centro, que de izquierdas que de derechas

Para explicar cómo influyó la falta de Gobierno en 2016, Miranda subraya que sólo la administración «supone un 25% de las inversiones en tecnología de todo el sector». Además, también pesa mucho en el retraimiento «la incertidumbre». Y, aunque desde la matriz Estados Unidos no le permiten hablar de política, matiza: «No es lo mismo que haya un Gobierno de centro, que de izquierdas que de derechas a a hora de las medidas económicas del país».

La ventaja de la diversidad

Hace un par de años, cuando la invitaron a dar una conferencia en la ceremonia de graduación en la Universidad del País Vasco, donde se licenció en Informática a principios de los 80, le sorprendió que ahora hubiera menos de un 15% de mujeres en la carrera. «Cuando yo la estudié éramos más de 20% y el porcentaje va decreciendo», explica. «En este momento las carreras tecnológicas no están atrayendo a la mujer y si no hacemos algo va a ir a peor».

Le preocupa sobre todo como directora general de una compañía que tiene dificultades para contratar mujeres dada la escasez de perfiles en el mercado. «Una empresa con diversidad llega más lejos que sin ella. Y es importante que haya en los equipos hombres y mujeres igual que también es beneficioso que haya gente joven y gente mayor trabajando junta porque cada uno aporta cosas diferentes. Por eso también creo que es un drama que en este país no se contrate gente a partir de los 50 años. Nosotros sí lo hacemos, porque esa diversidad nos beneficia a todos».

La diversidad de edades también es fundamental, es un drama que no se contrate gente a partir de los 50 años

Como solución para paliar la falta de mujeres en el sector, la directiva advierte que «el problema está en el origen, en la formación, así que habría que empezar por convencer a las adolescentes de que estudiar una carrera de tecnología les da muchas posibilidades y que el tecnólogo no es el friki de sus amigos que está todo el día encerrado en su habitación con el PC».

Miranda se pone como ejemplo: «Aunque empecé programando, en seguida me pasé al mundo comercial y la gestión y mi trabajo tiene poco que ver con la informática en sí». Y cuando va a dar charlas a institutos busca contagiar a los adolescentes el entusiasmo que tiene por lo que hace: «Tengo el trabajo que siempre había soñado», resume. «He llegado donde he querido». ¿La clave para lograrlo? «La voluntad».