“La vida son etapas”, dice Laura González-Molero en su despacho del Eurobuilding. Y la suya está llena de ellas: en 2011 pasó de ser la consejera delegada en España de la farmacéutica Merck para irse a Brasil como presidenta de la compañía para toda Latinoamérica y luego dio el salto a Nueva York cuando la fichó Bayer. Y en el último año acaba de cambiar de vida de nuevo. Tras más de 27 años trabajando en multinacionales relacionadas con la salud decidió dejarlo todo y montarse por su cuenta. “El mayor error de los altos ejecutivos es creer que son presidentes vitalicios. Y presidente no es algo que seas, es solo es un cargo que ejerces temporalmente. Hay muchos a los que les da miedo dejar de tener chófer a cargo de la empresa y no asumen que solo es una fase de la vida”, advierte.

Dice sonriente que no le dio miedo dejar un puesto de presidenta en lo más alto de su carrera, para volver a cambiar de vida. Lo único que teme, tras haber pasado por seis multinacionales del sector sanitario, “es la falta de salud”, reconoce González-Molero que, antes de dar el salto a la dirección de empresas, estudió Farmacia. “Ser un expatriado te ayuda a descubrir mejor tu propia cultura y ayuda a abrir tu mente. Debería ser obligatorio salir de tu país por lo mucho que se aprende”, apunta.

Si hay algo que ha cambiado en los seis años que han pasado desde que González-Molero se fue a hacer las Américas hasta su vuelta hace unos meses, “es la salud de la economía española”, recuerda. “Cuando me fui España estaba en medio de su peor crisis, recuerdo que todos los restaurantes estaban siempre vacíos, y ahora es el país que más crece del PIB”. Además de a las reformas, achaca esa recuperación “al esfuerzo y creatividad que han puesto las empresas para salir al exterior”.

Y prefiere quedarse con lo más positivo de la crisis: “Ha sido muy duro, pero ha ayudado a salir del statu quo y a probar cosas nuevas que ahora nos están haciendo más competitivos”.

Preocupa lo que pase en Cataluña, pero preocupa mucho más lo que pueda pasar en Corea del Norte”

De la coyuntura política actual, la directiva reconoce que a los mercados “les preocupa lo que pase en Cataluña, pero preocupa mucho más lo que pueda pasar en Corea del Norte. España no es ahora mismo una preocupación principal de los inversores internacionales”, apunta.

Diversidad

González-Molero, que se define como “liberal pensante” es una firme defensora de la diversidad. “No solo de género, también de talento. Si las empresas quieren ser competitivas, necesitan parecerse más a la sociedad y tener diferentes edades, formaciones, orígenes…” Y añade: “La diversidad no es un fin, es un medio para darle más valor a los clientes”.

Al comparar las empresas españolas con las de otros países, cree la ex presidenta para Latinoamérica de Merck y Bayer que “el mundo corporativo anglosajón no está tan avanzado en  estas cuestiones como aquí se piensa. Es un mito. Hay empresas en España con una mentalidad mucho más avanzada que en Estados Unidos. Lo que marca la diferencia son las personas”.

Los españoles tenemos mucha más capacidad de crítica que de autocrítica”

“Lo que pasa es que los españoles somos muy cainitas y no damos valor a nuestras cosas buenas, tenemos, por lo general, mucha más capacidad de crítica que de autocrítica”, ironiza la directiva, que ha estudiado en varias de las universidades más prestigiosas del mundo, incluidas Harvard e INSEAD.

González-Molero, que es mentora en un programa Women to Watch de la consultora de PwC para ayudar a mujeres a desarrollar su labor profesional en la empresa, está convencida de que “el número de mujeres en los consejos de administración va a aumentar y la ley contribuye, pero sobre todo lo que ayuda es ver que incluyéndolas los resultados de las compañías mejoran, porque el 50% del mercado es femenino y la diversidad es rentable”. Y añade: “Hace diez años éramos solo cuatro”.

Plan A, B y C

Sí ve la directiva una diferencia fundamental entre la cultura latina y la norteamericana: “En la cultura anglosajona se forma a los niños en la idea de que intentarlo ya es un éxito”, advierte Molero. “Y eso les da autoconfianza para atreverte a tomar decisiones y medir las consecuencias. Fracasar te entrena para saber que debes tener planes A, B y C. Porque siempre hay diferentes caminos y a lo largo de la vida profesional nos podemos reinventar varias veces”.

Ella lo explica con una metáfora médica: “Las células mutan todos los días, porque la vida es cambio. Del mismo modo las organizaciones deben evolucionar para no acabar en apoptosis, que es la muerte celular. Algunas que se resisten a cambiar creen durante un tiempo que siguen vivas, no se dan cuenta de que han muerto, son zombis”.

Reivindica González-Molero que “montar una empresa, aunque salga mal, debería tener un reconocimiento de la sociedad”. Porque a lo largo de la vida profesional “te puedes reinventar como empresa y como profesional. Y las escuelas de negocio deberían dedicar más tiempo a enseñarle a la gente a parar a pensarse qué es lo que quiere ser”.

“Las mujeres en los consejos van a aumentar porque incluyéndolas mejoran los resultados”

Haber dejado su puesto de presidenta no es “en absoluto” un fracaso. “Esta vida la he elegido yo”, afirma rotunda. “Hay que tener la valentía de cambiar de vida. Tras 27 años trabajando en seis multinacionales diferentes y haber visitado universidades de todo el mundo, necesitaba generar valor de una manera diferente que no tenga nada que ver con gestionar una cuenta de resultados”.

Lo que ahora motiva a Gómez-Molero es “conseguir empresas mejor gobernadas para ayudar a diseñar estrategias a medio plazo. Pero para poder hacer eso has tenido que estar antes en la cocina”.

Además de asesorar empresas como consultora estratégica, ahora es consejera independiente de Acerinox y Ezentis. Pero aquella época en la que ser consejero era un chollo se acabó. Ese trabajo “no se limita a una reunión mensual del Consejo”, explica. “Exige mucha preparación previa y profunda, porque hay comisiones que requieren un trabajo de fondo. Un buen consejero es el que reta a la dirección. Tras la crisis los mercados han pasado a exigir mayor excelencia en los consejos”.

González-Molero no echa de menos el coche oficial. “La vida son riesgos. Y ya he sido presidente durante suficiente tiempo, ahora me apetece hacer otras cosas”. Y añade: “Hay muchos amigos directivos que ahora me reconocen que envidian esta libertad. La vida son etapas… Y a mí me gusta el follón”.