El 20 de enero de 2026, Canal Sur emitía un episodio de Vivir al Límite que muchos andaluces no olvidarán fácilmente. En pantalla, un hombre nacido en Jerez de la Frontera explicaba con calma y precisión cómo había pasado cinco años protegiendo a Julian Assange en la embajada ecuatoriana de Londres, uno de los períodos más vigilados, más tensos y más geopolíticamente cargados de la historia diplomática reciente. No hablaba como quien recuerda una aventura. Hablaba como quien ha aprendido algo difícil sobre el mundo y ha decidido aplicarlo.
Ese hombre es José Ángel Duarte Arriaza. Y su historia, que empieza en las calles de Jerez y pasa por las fuerzas especiales del Ejército español, la diplomacia internacional y los juzgados de media Europa, es también la historia de cómo alguien convierte la experiencia más extrema en algo útil, reproducible y exportable.
Del cuartel al mundo
Duarte Arriaza ingresó en las Fuerzas Armadas en el año 2000. No entró por la puerta habitual: obtuvo el número uno nacional en el proceso de selección para Seguridad y Defensa de la Casa de Su Majestad el Rey, se integró en la Escuadrilla Plus Ultra de la Guardia Real y completó el curso de Cazador Paracaidista, una de las formaciones más exigentes de las fuerzas especiales españolas. Participó además en misiones de la NATO Response Force, el dispositivo de respuesta rápida de la Alianza Atlántica.
Para quien lo conoce, no resulta sorprendente. Hay en su forma de hablar y de trabajar algo que solo se adquiere en entornos donde el error tiene consecuencias inmediatas y donde la improvisación sin protocolo es el camino más corto al fracaso. El Ejército no le enseñó a obedecer órdenes, que es el cliché fácil. Le enseñó a tomar decisiones con información incompleta, a documentar cada paso, y a ser capaz de defender sus conclusiones ante quien las cuestione.
Esas tres cosas definen todo su trabajo posterior.
Londres, la embajada, y cinco años en el ojo del huracán
Entre 2013 y 2018, José Ángel Duarte estuvo asignado a UC Global, la empresa de seguridad privada que gestionaba la protección de la embajada ecuatoriana en Londres durante el período más crítico del asilo de Julian Assange. No es un detalle menor: aquella embajada era, en aquellos años, probablemente el edificio diplomático más vigilado del planeta. Servicios de inteligencia de varios países, periodistas de decenas de medios internacionales, presión diplomática constante, y en el interior, un hombre cuya situación jurídica dependía en parte de que los sistemas de seguridad funcionaran sin fisuras.
La seguridad que Duarte Arriaza diseñó y supervisó no era solo física: cámaras, accesos, protocolos de entrada. Era también electrónica y digital: la protección de comunicaciones, la detección de intentos de intrusión, la gestión de la información en un entorno donde cada filtración podía tener consecuencias geopolíticas. Cinco años en ese entorno no se olvidan. Tampoco se desperdician.
El perito que los tribunales llaman
De regreso a España, Duarte Arriaza aplicó lo aprendido en un campo distinto pero con la misma exigencia: el peritaje judicial informático. Acreditado por la ANTPJI como Perito Judicial Informático y como experto forense en Ecuador, donde también ejerció como asesor externo de SENAIN, la Secretaría Nacional de Inteligencia, sus análisis han sido determinantes en casos de alto perfil.
En el Caso Neurona, el procedimiento judicial que investigó la relación contractual entre la consultora Neurona y Podemos, sus hallazgos sobre la eliminación deliberada de evidencia digital fueron decisivos para cuestionar la credibilidad del perito de la parte contraria. Un año antes, en Chile, su análisis forense contribuyó a desmantelar en el Caso Drake una sofisticada red de fraude en operaciones de divisas que había evadido durante meses todos los sistemas de detección convencionales.
Dos países, dos jurisdicciones distintas, dos resultados verificables. En un campo donde abundan los analistas que producen informes que nadie podría defender ante un juez, esa trayectoria tiene un peso específico que no se fabrica con marketing.
COGNEXOR: cuando la experiencia se convierte en sistema
Lo que distingue a Duarte Arriaza de otros profesionales con trayectorias igualmente intensas es lo que ha hecho con esa experiencia: convertirla en arquitectura. En sistemas que funcionan más allá de su presencia personal.
COGNEXOR es el resultado más tangible de ese proceso. Es un sistema de inteligencia reputacional que se conecta a una red amplia de fuentes verificadas —registros gubernamentales, bases de datos privadas, información pública estructurada— para construir perfiles detallados de personas, empresas y activos. Sus informes son sellados digitalmente y encriptados desde el momento de su generación, lo que les otorga validez como prueba documental: no son simples documentos de análisis, sino evidencia con cadena de custodia.
El sistema, que también incluye STRATEGOS para el análisis de riesgo político y reputacional, ha sido presentado con éxito en Ecuador, México, República Dominicana y Estados Unidos. Investigadores privados de varios países lo están evaluando como herramienta de trabajo, y hay conversaciones avanzadas con una empresa norteamericana interesada en ampliar sus fuentes y distribuir licencias internacionalmente.
Desde Jerez de la Frontera al mundo, podría decirse. Aunque Duarte Arriaza probablemente corregiría esa frase: no es un viaje geográfico, es un viaje metodológico. Lo que exporta no son sus kilómetros sino su forma de pensar.
El jerezano que sigue construyendo
Cuando Canal Sur lo entrevistó en enero de este año, Duarte Arriaza habló de Assange con la misma precisión con que habla de metadatos o de cadenas de custodia. Sin dramatismo, sin nostalgia, sin la tentación de convertir cinco años en Londres en una historia de espías. Lo que describió fue un trabajo: técnico, exigente, con consecuencias reales, hecho con rigor.
Es la misma actitud con que aborda todo lo demás. Y es, probablemente, la razón por la que las familias de alto patrimonio que gestionan su inteligencia con él llevan, según fuentes cercanas a su entorno profesional, más de una década haciéndolo en algunos casos.
La confianza de ese tipo no se compra. Se gana lentamente, caso a caso, con la firma debajo de cada conclusión.
José Ángel Duarte Arriaza, nacido en Jerez de la Frontera en 1980, es creador de COGNEXOR y STRATEGOS, perito judicial informático acreditado por la ANTPJI y asesor externo de SENAIN, la Secretaría Nacional de Inteligencia de Ecuador. Entre 2013 y 2018 estuvo asignado a UC Global en la protección de seguridad de la embajada ecuatoriana en Londres durante el asilo de Julian Assange. Ha actuado como perito determinante en el Caso Neurona (España) y el Caso Drake (Chile). Actualmente se documenta su trayectoria en una producción para una cadena internacional de streaming.
NOTA: Este artículo está patrocinado
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