El País Vasco no quiere viviendas con cocinas minúsculas «laboratorio», ni espacios «jerarquizados» que aíslen o ‘puntos negros’ en los bloques de pisos. Tampoco pisos «colmena». Considera que son una amenaza para la convivencia y un riesgo para las mujeres, según los criterios que han orientado el borrador del decreto de habitabilidad que ultima el Ejecutivo de Iñigo Urkullu y se convertirá en el primero que aplica exigencias «de género» para autorizar la habitabilidad de un piso. Y entre todos ellos, el más llamativo es la lista de exigencias que impondrá a las futuras viviendas que se construyan en Euskadi en lo relativo a las cocinas, principal foco de ‘riesgo’ de aislamiento para las mujeres, según los promotores de la Consejería de Vivienda que gestiona el socialista, Iñaki Arriola. La medida aspira a favorecer que los hombres también se impliquen en las tareas domésticas y que la reducción de espacio no se convierta en un argumento para no acceder a la cocina.

El decreto vasco incluye por primera vez, junto a criterios de accesibilidad, salubridad y sostenibilidad, criterios «de género» en la que quiere ser la primera norma autonómica de habitabilidad en Euskadi, cuestión hasta ahora en manos exclusivas de los ayuntamientos. El documento que ultima la consejería de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda, en manos del PSE, y que ahora se encuentra en fase de alegaciones, considera que la distribución que se plantee en un piso puede contribuir a eliminar o reducir esa percepción para la mujer en cambio favorecer la convivencia de la pareja. Por eso determinará que, a partir de ahora, estarán prohibidas las cocinas minúsculas, las que impiden que dos personas puedan estar al mismo tiempo en ella. Hasta ahora en el País Vasco la exigencia mínima para autorizar una cocina era de 5 metros cuadrados, requisito que se ampliará a 7 metros cuadrados útiles bajo la premisa de que a más espacio, mayor posibilidad de que una pareja comparta y conviva en ese espacio, se relacione en él y evite un «aislamiento» de quien esté cocinando, habitualmente la mujer.

El borrador del decreto de habitabilidad considera que a mayor espacio más posibilidad de convivir y no aislarse»

Y no sólo eso, en aras a esa perspectiva de género con la que se quiere que se construyan las casas del futuro, el decreto de habitabilidad establece que otro elemento favorecedor de esa convivencia de una pareja -o de los residentes de un piso- es favorecer su movilidad. Y para ello, se debe promover la cercanía entre la cocina, eje de una vivienda -más aún en Euskadi-, y el salón o la sala de estar de un inmueble a la hora de diseñar su distribución. Una sala que deberá tener como mínimo 14 metros cuadrados.

Sin ‘puntos negros’

Esa perspectiva de género urbanística no afectará sólo al diseño de lo pisos, sino también de los espacios comunes de un inmueble, donde se deberán erradicar los «puntos negros» y crear espacios que generen confianza a sus residentes.

Una confianza que se quiere fomentar y una convivencia que también se puede favorecer , según determina el decreto del gobierno vasco, exigiendo espacios más amplios que eviten la construcción de pisos «colmena» en el futuro. Así, no se concederá la habitabilidad a ninguna vivienda por debajo de los 35 metros cuadrados. Será la dimensión mínima exigida para autorizar un piso de una habitación. Por cada nueva habitación el piso tendrá que tener al menos 12 metros cuadrados útiles más, elevando hasta los 47 metros cuadrados una vivienda de dos habitaciones y los 59 metros cuadrados útiles la dimensión mínima para una vivienda de tres estancias.

También se exigirá favorecer la movilidad situado la cocina cerca del salón o la sala de estar»

Además, se determina que cada una de las habitaciones deberá tener una dimensión mínima de 10 metros cuadrados y no de siete, como hasta ahora, y 11,5 m2 si tiene «espacio de almacenaje». Es un modo de erradicar lo que se denomina la «jerarquización» de los diseños de tiemp0o atrás en los que se primaba de modo excesivo la habitación principal, habitualmente destinada los padres, y de mayores dimensiones, mientras que las de los hijos se diseñaban de forma mucho más reducida. El retraso en el abandono del hogar paterno hace que hoy muchos vascos no se independicen de la casa familiar hasta bien pasados los 30 y por tanto se quiere poder favorecer que hasta entonces su convivencia sea mejor con habitaciones algo más amplias.

El borrador del documento, con el que Euskadi quiere unificar los criterios de habitabilidad hasta ahora fijados únicamente por los ayuntamientos, fue presentado en los Cursos de Verano de la UPV en San Sebastián. Desarrolla así una parte de la Ley de Vivienda que en 2015 aprobó el Ejecutivo vasco y que reconocía el derecho a la vivienda como un 2derecho objetivo» de los ciudadnos vascos.

En el decreto además de cuestiones de género en la planificación de las futuras viviendas en Euskadi, también se incluyen elementos de sostenibilidad social, como exigencias de que favorecerán la eficiencia energética de los inmuebles o aspectos como su accesibilidad para personas con algún tipo de minusvalía. En este sentido, se exigirá que todas las estancias tengan puertas de anchura suficiente para el acceso de una silla de ruedas y que en los baños también se pueda acceder con ellas. El documento es por ahora un borrador en fase de alegaciones y el Gobierno espera que pueda entrar en vigor dentro un año aproximadamente.