«Esto no es fruto de la inmigración es fruto de la precariedad», repite Angelina Lecha, portavoz de Stop Mare Mortum Badalona, una de las entidades que han trabajado con el grupo de inmigrantes que vivían en la nave incendiada la madrugada de este miércoles en Badalona.

Los bomberos y servicios de emergencias siguen trabajando para asegurar el acceso a la nave incendiada la noche de este miércoles en Badalona, en la que habrían perdido la vida al menos dos personas y una veintena han resultado heridas. Diecisiete de esos heridos siguen ingresados en los hospitales de Can Ruti, Vall d’Hebron -donde se encuentra la principal unidad de quemados de Cataluña- y Hospital del Mar.

Los bomberos saben que recuperarán al menos un cuerpo en el interior del edificio siniestrado, pero el temor es que haya más. Los testigos presenciales relatan el intento de escapar desde el tejado de la nave de algunas de las personas que vivían en la nave abandonada. Unas sesenta personas consiguieron huir del edificio en llamas, de los que sólo 15 se han aceptado ser trasladados a un albergue municipal, según ha confirmado el Ayuntamiento de Badalona.

Se trataba en su gran mayoría de personas migradas de origen subsahariano, según narra Checa, uno de los vecinos del barrio. Desde la azotea de su casa, en la que ahora trabajan los servicios de emergencias, pudo ver el incendio y como intentaban huir por el tejado alguna de las víctimas. Este vecino habla de una o más explosiones en el edificio siniestrado en los primeros minutos del incendio, que no ha sido controlado hasta primeras horas de la mañana de este jueves.

Manteros y chatarreros

«No daban problemas, no con nosotros», asegura este vecino, propietario de una empresa de artes gráficas colindante con el edificio siniestrado. Sí había habido, en los últimos meses, peleas entre los propios residentes de la nave que confirman varios vecinos, «pero eran peleas entre ellos».

«Estaban bastante organizados», asegura Lecha, a la hora de definir espacios de convivencia o quien se instalaba en la nave. Hasta este último año. La pandemia y el confinamiento han extremado también las condiciones de precariedad en la que viven los inmigrantes sin papeles.

Lecha asegura que se trataba de un asentamiento de entre 60 y 80 personas «pero ahora no sabemos, con la pandemia todo se ha complicado». «Durante el confinamiento no podían salir a trabajar, tampoco a coger agua de las fuentes municipales, cerradas por las medidas sanitarias».

El edificio había acogido a un grupo de menores años atrás, aseguran fuentes municipales, pero estos habían abandonado la nave ya hacía algún tiempo. «En teoría», apunta la portavoz de SMM.

Problemas de convivencia

Más duro se ha mostrado el alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, quien ha reconocido que la situación de extrema fragilidad del edificio se conocía «desde hace tiempo». Habían sido advertidos del riesgo que entrañaba la vivienda, asegura Albiol, pero «en una propiedad privada de la que decían que era un domicilio no podíamos entrar» ha argumentado para explicar que tanto la Policía Local como Mossos y Policía se habían limitado a hacer controles en el exterior del edificio.

Durante la noche se han producido cuatro colapsos parciales del edificio, según han confirmado los bomberos, que no han podido entrar en el edificio. «Probablemente había más de cien personas en su interior» ha reconocido Albiol, que ha asegurado que los servicios municipales tenían constancia de entre cien y doscientas personas viviendo en esta nave abandonada de tres pisos en los últimos meses.

La nave llevaba okupada desde hace siete años, pero «hace dos que empezaron los conflictos» ha asegurado el alcalde, que se ha referido a problemas de seguridad, atracos y tráfico de drogas en torno al edificio.

Unos 15 minutos antes de iniciarse el incendio agentes de la Guardia Urbana y la Policía estaban realizando «una operación de control del entorno» de esta nave. «Conocíamos lo que estaba pasando y actuábamos en todos los ámbitos que había que actuar» ha asegurado Albiol, que ha señalado que tratándose de un edificio privado utilizado como vivienda la policía local «no podía actuar en el interior».