Leonor, princesa de Asturias, da hoy un paso importante y, «por encargo» de su padre, el rey Felipe VI, hará su primera actividad oficial en solitario y acudirá a la conmemoración del 30º aniversario del Instituto Cervantes. Hasta ahora, la princesa siempre ha estado flanqueada en público por sus padres y su hermana, la infanta Sofía, pero el acto de hoy marca un punto de inflexión en su agenda como heredera: significa que Leonor va a asumir un mayor peso en el organigrama, lo que es un cambio de tendencia más que bienvenido. 

Hasta ahora, y quizás en un exceso de sobreprotección bienintencionado, Zarzuela ha evitado una excesiva exposición de Leonor y Sofía. Con la excusa de que eran pequeñas, «de que ya habrá ocasión», de que tenían que tener «infancias normales» y el manido «todo a su debido tiempo», Palacio se ha limitado a ofrecer unas cuantas —muy pocas— apariciones de las princesas al año. Y, a veces, ni eso. Además, se ha limitado a colocarlas en actos excesivamente encorsetados, sin margen alguno para la espontaneidad o la naturalidad, lo que ha desdibujado bastante su papel. 

Leonor, sin duda, necesitaba un encuadre menos rígido para poder desplegar sus alas y comenzar a tener protagonismo propio. Actitudes para ser una buena princesa, desde luego, tiene: es guapa, disciplinada, seria y formal. Está muy bien educada, lee discursos con mayor aplomo y profesionalidad que muchos políticos y, con tan sólo quince años, tiene más vocabulario y cultura que la mayoría de ellos. Su dicción es muy buena, habla inglés sin acento y se defiende a la perfección en catalán. 

Leonor sigue siendo una figura remota, prácticamente desconocida para los españoles

Sin embargo, al mismo tiempo, Leonor sigue siendo una figura remota, prácticamente desconocida para los españoles. Lo cual no sería un problema si Leonor de Borbón fuera una adolescente más, pero la cuestión es que no lo es: desde el 19 de junio del 2014, justo en el mismo momento en que su abuelo abdicó y su padre se convirtió en el rey Felipe IV, ella es princesa de Asturias, de Gerona y de Viana, duquesa de Montblanc, condesa de Cervera y señora de Balaguer, y por lo tanto heredera al trono y, si la monarquía resiste —y es un si muy condicional—, futura reina de España. 

Desde su nacimiento, el 31 de octubre del 2005, en la clínica Ruber de Madrid, se estableció un control estricto sobre su imagen que ha bordeado en ocasiones lo obsesivo y Casa Real impuso para ella el mismo manual que estableció para su padre: estudios en el colegio Santa María de los Rosales; primeras palabras en público con trece años (él, un discurso en la primera ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias; ella, el Título Preliminar de la Constitución); primer acto en solitario con quince (él, un viaje oficial a Colombia donde recibió honores de jefe de Estado; ella, un acto conmemorativo del 30º aniversario del Instituto Cervantes); bachillerato en el extranjero (él en Lakefield College de Canadá; ella en el UWC Atlantic College de Gales); y así sucesivamente. 

Estrategia más moderna con Felipe

Sin embargo, y aunque parezca mentira, cuando Felipe era pequeño se siguió una estrategia de comunicación mucho más moderna que la que él aplica con su hija. Si repasamos alguna revista de los años ochenta, encontraremos fácilmente fotografías informales de sus cumpleaños, lo puedes ver en columpios, en bicicletas, en moto o de excursión.

Incluso se le grabó dentro del coche mientras iba al colegio y, años más tarde, en medio de una clase, en el laboratorio y en el patio comiéndose un bocadillo. Hasta hay vídeos de él —los han pasado por Televisión Española en alguna ocasión— en pijama y bata mientras daba dos besos a sus padres y les decía buenas noches.

Sabemos que a Felipe le encantaba dormir hasta tarde, destacaba en inglés, pero a veces sacaba malas notas en matemáticas… Le encantaba la astronomía y leía los libros de ‘Caballo de Troya’

Todo más informal, espontáneo y mucho más natural. Aparte, por aquel entonces, Zarzuela se encargaba de filtrar siempre algunos detalles simpáticos para que los periodistas pudieran llenar fácilmente sus crónicas y por eso sabemos que a Felipe le encantaba dormir hasta tarde, le gustaban las motos, destacaba en inglés, pero a veces sacaba malas notas en matemáticas y hubo que ponerle profesores de refuerzo. También se sabía que le encantaba la astronomía y que tenía un alma algo esotérica (leyó los libros de Caballo de Troya). 

Con Leonor no tenemos —ni remotamente— nada parecido. Zarzuela nunca ha permitido que se filtrara nada a la prensa sobre sus gustos y aficiones más allá de cuestiones muy puntuales. Doña Letizia, aparte, ha supervisado hasta el milímetro y con mano de hierro cualquier aspecto de la vida de sus hijas.

Nadie puede hacerles fotos sin su consentimiento expreso —recordemos el rifirrafe de Palma cuando la reina Sofía quiso fotografiarse con sus nietas—, y la dieta que siguen las chiquillas está cuidada al máximo: cualquier alimento procesado está terminantemente prohibido, y los hidratos y los azúcares se evitan como la peste. Incluso doña Letizia pidió explícitamente al colegio que eliminase las grasas y las pasta de los menús escolares y las sustituyeran por lentejas, mucha verdura y pollo asado.

Ni Leonor ni Sofía pueden ver la televisión entre semana, Internet es sólo para trabajos escolares y, según se ha publicado en algún medio, se tienen que ir a dormir cada día a las nueve.

En cualquier acto oficial al que acuden, siempre se ve a la Reina dando indicaciones constantemente a sus hijas. Cuando se organizó la ceremonia de abdicación de su abuelo en el Palacio Real, Letizia hasta les hizo gestos con las manos para que las niñas (entonces de nueve y siete años) se sentasen con las piernas perfectamente juntas. En algún besamanos ha estado todo el rato diciéndoles quién era quién, les ha dado instrucciones de adónde ir y qué hacer. Hace poco, en un acto en Palma, cuando una niña le preguntó a Leonor lo que quería ser de mayor, Letizia contestó por ella. 

Obsesión por la imagen

La vestimenta ha sido otra gran obsesión: se ha criticado mucho que, hasta hace muy poco, Leonor y Sofía parecía que iban vestidas de niñas pequeñas, con esos trajecitos de tweed en color pastel a juego con las manoletinas. Sin duda se intentaba dar una imagen clásica y sobria, pero a veces se han pasado de vueltas.

En la última ceremonia de entrega de los premios Princesa de Asturias, Leonor apareció con un dos piezas en color entre crema y champán, con cuerpo de pedrería y falda por debajo de la rodilla con un ribete bordado claramente adecuado para una mujer de mediana edad, pero no para una adolescente. En cambio, con la falda midi azul y jersey de lana blanca del Día de la Hispanidad estaba muchísimo más favorecida. 

En 2007 la revista ‘Tiempo’ publicó. ‘Así es la futura reina de España. Lee a Stevenson y Carroll, le gustan las películas de Kurosawa, domina el inglés, y tiene una perrita llamada Sara

El control sobre la imagen de Leonor ha llegado a límites tan absurdos que la única vez que realmente se ha desvelado alguna cosa sobre ella fue un auténtico desastre. En 2017, España leía con estupefacción el impertinente titular de la revista Tiempo: «Así es la futura reina de España. Lee a Stevenson y a Carroll, le gustan las películas de Kurosawa, domina el inglés y tiene una perrita llamada Sara». La guasa en las redes sociales sobre los gustos cinéfilos de la princesa, entonces una niña de once años, duró días. 

Con toda probabilidad, Leonor no debió tener nada que ver con semejante despropósito y todo el embrollo se debió a un exceso de celo por parte de Zarzuela. Si hubiesen dicho lo mismo, pero con otras palabras, no habría pasado nada.

Si simplemente hubiesen dicho que a Leonor le gustaba mucho leer, que leía libros apropiados para su edad (como La isla del tesoro, de Stevenson, y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll), que veía películas de dibujos animados (entre ellas, El viaje de Chihiro, de Miyazaki) y que, de vez en cuando, su madre, una auténtica cinéfila empedernida, les ponía películas como Dersu Uzala (sí, de Kurosawa, pero la pueden ver los niños porque es preciosa y no hay violencia), nadie habría dicho nada. 

Leonor fue víctima de aquella práctica grotesca que lo único que conseguía era transformar a los ‘royal’ en caricaturas

Desgraciadamente, veníamos de un modelo de comunicación muy cortesano y no apto para diabéticos donde palacio y algunos sectores de la prensa —no todos, afortunadamente— creían que hacían un favor a la familia real si los vendían como seres sobrenaturales, atiborrados de tantas virtudes que sólo se podía hablar de ellos en términos superlativos: el príncipe mejor preparado de Europa, la princesa más glamurosa del continente, etcétera. Leonor fue víctima de aquella práctica grotesca que lo único que conseguía era transformar a los royal en caricaturas.

Superar lo de Kurosawa, desde luego, llevó su tiempo. Aparte, abierta la veda, de Leonor comenzaron a inventarse de todo: que si estudiaba chino (hay una asignatura optativa en su colegio, pero ella no la estudia), que si era una virtuosa del ballet (como tantas niñas de su edad, tomó clases varios años, pero lo dejó), que si escuchaba música clásica a diario (resulta que le gusta el violonchelo y lo debe practicar con frecuencia). 

Gran parte de esta capacidad de invención se debe a que, en realidad, apenas sabemos nada de ella… salvo que le gusta ‘Star Wars’ y las películas de Marvel

Sin duda, gran parte de esta capacidad de invención se debe a que, en realidad, apenas sabemos nada de ella y, por ello, quizás palacio haría bien en filtrar, como ya hizo con su padre en su momento, algunos detalles menores para contrarrestar esta práctica: se sabe, por ejemplo, que le gusta la saga de Star Wars y es aficionada a las películas de Marvel, lo cual demuestra que es una adolescente normal con gustos normales. Estaría bien que dijeran algo sobre los libros que lee y que dejaran caer el nombre de alguna serie de moda de Netflix.

También hay voces especializadas que piden que se modernicen los actos a los que acude. Zarzuela tiene una tendencia quizás demasiado pronunciada a ceñirse a actos excesivamente protocolarios y poco flexibles. En especial, le encantan los actos de y sobre la Constitución y no es de extrañar que el primer acto público donde Leonor tuvo protagonismo fue leyendo el Título Preliminar de la Carta Magna. Lo hizo muy bien, pero quizás podrían haber buscado algo menos serio para una niña tan pequeña.

Actos acordes con su generación

¿Por qué no la rodean de gente de su edad? ¿Por qué no va a ONGs o a centros comunitarios o a agrupaciones de barrio donde puede conocer la realidad que vive el país? ¿Por qué sólo la vemos rodeada de políticos?

La única vez en que se mezcla con la gente es cuando va a Asturias a conocer al pueblo ejemplar y ni siquiera entonces se puede salir del protocolo

Zarzuela se empecina en que Leonor sólo vaya a actos solemnes donde ella da discursos, otorga premios o abre sesiones de reuniones. Sólo la vemos en el Día de la Hispanidad, recibiendo el Toisón, en los Premios Princesa de Asturias o celebrando conmemoraciones señaladas. La única vez en que se mezcla con la gente es cuando va a Asturias a conocer al pueblo ejemplar y ni siquiera entonces se puede salir del protocolo. 

Es cierto que Leonor lo hace bien en los formatos más insignes —cuando habló en catalán en un acto de la Fundación Princesa de Gerona la monarquía ganó enseguida puntos—, pero quizás habría que probar otras fórmulas que la acerquen más a la gente y, sobre todo, a su generación. Particularmente en estos momentos, en que el país está en la ruina, con millones de personas en el paro, habría que evitar ciertos modelos excesivamente conservadores que sólo hacen reforzar una imagen distante de la monarquía. 

Zarzuela peca normalmente de excesiva prudencia en todo lo referente a la comunicación. Se ha podido ver especialmente durante la pandemia. No hay duda de que se ha hecho un esfuerzo por estar cerca de los trabajadores en primera línea y de que los Reyes han hecho un sinfín de reuniones telemáticas, Leonor y Sofía aparecieron en un vídeo dando un discurso y leyeron un trozo del Quijote. Pero no se ha comunicado como se debía.

La familia real británica, en cambio, ha dado un recital: han hecho muchísimas menos videoconferencias por zoom, pero las que han hecho las han sabido vender a la perfección. Mientras los nuestros sólo ponían en Twitter aburridas fotos —y siempre con la misma pose—, los británicos han puesto vídeos —sencillos, dinámicos, pero muy bien hechos— donde se veían resúmenes de las reuniones y se les escuchaba hablar con gente corriente.

Por no decir que los duques de Cambridge y sus hijos han salido aplaudiendo a los sanitarios. De hecho, se ha escuchado hablar más a la Reina de Inglaterra con gente del pueblo en este último año que en toda la última década. 

Hoy, que Leonor comienza una nueva etapa como heredera, quizás sería un buen momento para pararse a reflexionar y hacer los cambios oportunos. 


Ana Polo Alonso es la editora de Courbett Magazine, una publicación digital sobre libros, diseño y cultura. También es la creadora del podcast Sin Algoritmo, centrado en novedades literarias. Publicará próximamente una biografía sobre Jackie Kennedy y está trabajando en una biografía sobre la reina Isabel II de Inglaterra.