Defienden, como los jacobinos decimonónicos, el centralismo y la razón frente a “la deriva posmoderna, identitaria y comprensiva con los nacionalismos de la izquierda oficial”. Una reivindicación de los orígenes que nace de la condición de huérfanos del panorama político patrio y la lealtad “insobornable” con los principios que, a su juicio, PSOE y Podemos han dilapidado. Bienvenidos a El Jacobino, un canal de YouTube que emprende ahora la ruta hacia el laboratorio de ideas con el compromiso de agitar el debate.

“Los promotores de El Jacobino estamos bastante huérfanos”, reconoce Guillermo del Valle, director de la iniciativa, en conversación con El Independiente. “Parece que si defiendes la unidad de España tienes que hacerlo desde perspectivas conservadoras o liberales y no es así. Es al revés. La unidad política es la condición de posibilidad de la redistribución de la riqueza, el Estado del bienestar, los servicios sociales y la transformación económica. Debería ser defendida por la izquierda sin ningún tipo de complejo”, arguye.

Existe una parte de la izquierda oficial que está nerviosa de que volvamos a los ejes de la razón y hablemos de trabajadores más que de identidades; de clases más que de sentimientos; y de la unidad política de España

GUILLERMO DEL VALLE

Reflexiones similares, a contracorriente de las derivadas por las que se desliza hoy la izquierda mediática e institucional, nutren El Jacobino, una canal que inició singladura el pasado julio y reúne ya a más de 10.000 seguidores. Este sábado presenta en sociedad un proyecto que aspira a “recuperar la izquierda transformadora española, ahora desaparecida en las instituciones”. Unos sesenta “jacobinos”, repartidos por el territorio nacional, se hallan detrás de un experimento que sacude conciencias.

Hay una izquierda alternativa a la oficial que se está recomponiendo. Es una izquierda dormida”, advierte Del Valle, un abogado apasionado por el análisis político. “Hay quienes ya han empezado a hablar de nosotros como la conspiración rojiparda o fascistoide. Existe una parte de la izquierda oficial que está nerviosa de que volvamos a los ejes de la razón y hablemos de trabajadores más que de identidades; de clases más que de sentimientos; y de la unidad política de España”, alega.

«La nación política no es una idea fascista»

En una semana dominada por la manifestación de la plaza de Colón y una suerte de dos Españas enfrentadas por enésima vez a propósito del modelo territorial, El Jacobino propugna una izquierda sin complejos. “El hecho diferencial español es que la izquierda fuera de nuestras fronteras no tiene un problema con la nación política como lo tiene la española. La nación política no es una idea fascista ni reaccionaria. Defenderla es una idea que nace de la mano de la izquierda en la Revolución Francesa. ¿Qué marco tiene la izquierda sino es el Estado para hacer políticas redistributivas y de justicia?”.

“Detrás del nacionalismo hay supremacismo racial e insolidaridad fiscal. No es nada esencialmente distinto a la Liga Norte en Italia. Podemos vive encamado políticamente con esa gente”, indica Del Valle. “La solución no es reproducir los marcos de la derecha. En política laboral, fiscal y económica estoy en las antípodas del neoliberalismo y de las posiciones conservadoras”, matiza.

En calidad de «youtubers» con aspiraciones de establecer un espacio contra la hegemonía imperante, la cuadrilla jacobina admite haber acogido en sus filas a militantes de Izquierda Unida, el Partido Comunista y el PSOE “descontentos con la deriva”. “He hablado con gente que no está en la dirección sino en los márgenes del PSOE y que conformó IU antes de la podemización de ese espacio político. He estado en contacto con los críticos que han sido purgados por el podemismo y el sanchismo”, detalla Del Valle.

Hay salarios de miseria, gente con capacidad de ahorro nula y alquileres disparados. De eso debería hablar la izquierda

GUILLERMO DEL VALLE

“Somos bastante insobornables. No vamos a meternos en un partido de la izquierda oficial. Vamos a dar una ardua batalla. Lo fácil es defender el cupo vasco, un acuerdo fiscal para Cataluña y los privilegios territoriales de las regiones más ricas o la ley ‘queer’”, comenta el principal referente de un proyecto apoyado por el intelectual Félix Ovejero, el economista Juan Francisco Martín Seco -secretario de Estado en el primer gobierno de Felipe González- o el filósofo Pedro Insua.

Para los jacobinos, los asuntos en los que debería estar centrada la izquierda son “el modelo de trabajo precario español, el fraude laboral, la especulación, una reforma fiscal progresiva, la desindustrialización de España o la muy poca inversión en I+D+I”. “Hay salarios de miseria, gente con capacidad de ahorro nula y alquileres disparados. De eso debería hablar la izquierda y no subir los impuestos indirectos, las tasas medioambientales y los peajes. Para eso hace falta el Estado y no se puede trocear España en 25 piezas”.

Sus artífices subrayan, no obstante, que el horizonte no es la formación de un partido político sino “un think tank y un laboratorio de ideas para disputar una hegemonía cultural que ahora mismo va por otro lado”. “Nos gustaría tener una voz política con representación institucional pero no integrada por nosotros ni con el nombre de El Jacobino”, dice convencido de que existe un nicho de votantes en busca de una opción política similar.

Los males, sectarismo y cesarismo

A Del Valle y sus acólitos les preocupan algunos de los males de la izquierda actual, el sectarismo y  el cesarismo. “El sectarismo es una manifestación de una falta de proyecto político definido y de confianza en las propias ideas. La realidad es dialéctica y problemática. Que haya conflicto en política es normal porque hay intereses económicos y financieros contrapuestos. El barro y el negar al adversario, diga lo que diga, es parte de esa deriva irracionalista”, replica.

El cesarismo”, añade, “tiene que ver con el populismo y el emborronamiento de los sujetos clásicos de la izquierda, los trabajadores, y sus estructuras y organizaciones”. “La vieja política, con todas sus limitaciones, tenía unos contrapesos en el interior de los partidos y unos elementos de control y fiscalización que se han dilapidado entronizando liderazgos carismáticos que no están controlados por nadie y que parecen tener una interlocución directa con las bases pero no fiscalizada ni controlada por ninguna estructura intermedia”, cuenta.

Crítico también con las alternativas que han surgido como escisiones de Podemos, Del Valle sospecha que el contagio identitario que han sufrido los grandes partidos de la izquierda tiene “una parte de cálculo electoral más o menos mezquino”. “Este discurso tan jacobino que tenemos nosotros, con la educación en manos de las autonomías y de gobiernos de tinte y color nacionalista, es muy minoritario en algunas partes de España”, confiesa. Por delante, vaticina, “hay una labor de altura intelectual y valentía, sin cortoplacismo. Han comprado marcos ideológicos totalmente averiados como que España es una cárcel de pueblos. Es una chorrada reaccionaria”, concluye.