Hace unos años, cuando alguien presumía de conocer Ginebra se imponía inconscientemente la sospecha de la fuga de capitales en algún que otro «rincón» de los siempre discretos bancos suizos. Ahora, Ginebra es la segunda patria del «exilio» catalán, hogar de acogida de Marta Rovira y Anna Gabriel, en la que la ex líder de la CUP se ha convertido además en cabeza visible del mayor sindicato del país helvético.

A orillas del lago Leman, Anna Gabriel ha cambiado el pre Pirineo catalán por las vistas al Mont Blanc y la ruta tradicional de la burguesía catalana camino a La Cerdanya y Andorra por la banca suiza. La mina de sal de Sallent (Barcelona) curtieron el espíritu sindicalista de la familia, arraigado ya en los padres y abuelos de la futura líder antisistema, que ha devenido por designios del procés en líder de algo tan sistémico como un gran sindicato en uno de los países de tradición más liberal del mundo.

El rotativo local Tribune de Genève anunciaba el pasado miércoles la elección de Gabriel como secretaria general del sindicato Unia Genève en la región de Ginebra. Una designación rápidamente celebrada por Carles Puigdemont, a la que después se sumaron sus sucesoras en la CUP, Mireia Vehí, Eulalia Reguant y Dolors Sabater.

Sueldo anual de 100.000 euros

«Soy alguien que lleva el rojo en el corazón» explicó la ex diputada autonómica al rotativo tras su elección. Unas convicciones que tienen premio: un sueldo bruto de entre 100.000 y 130.000 euros anuales, que es lo que cobran los secretarios regionales de Unia según las cuentas publicadas por el sindicato en 2020.

Un sueldo muy superior a los 60.000 euros brutos de un diputado raso en el Parlament, pero acorde con el nivel de vida del país helvético. Hace un año el cantón de Ginebra acordó un salario mínimo de 23 francos (21 euros) por hora, lo que equivale a unos 3.700 euros mensuales, lo que supone el salario mínimo más alto del planeta.

Aunque más de uno pensará que este salario mínimo no es tan alto en una ciudad donde alquilar un piso normal raramente baja de los 2.000 euros al mes y no existe seguridad social, por lo que cada persona debe tener un seguro de sanidad privado que para un hombre de mediana edad supera los 500 euros mensuales por prestaciones básicas.

Top ten de las ciudades más caras del mundo

De hecho, el estudio Mercer de 2020 sitúa a Ginebra como la novena ciudad más cara del mundo. Sólo las también suizas Zúrich (4ª) y Berna (8ª) la superan en Europa, mientras otras como París (50), Milán (47) y Frankfurt (76) han descendido varios puestos.

Con un censo que no llega a los 200.000 habitantes, Ginebra es la ciudad que alberga el mayor número de organizaciones internacionales del mundo. Ostenta también el noveno lugar como centro mundial financiero más importante en cuanto a competitividad en el Índice Global de Centros Financieros, por delante de Fráncfort. Y es la tercera plaza en Europa después de Londres y Zúrich.

Este es el contexto en el que Gabriel se ha hecho con la dirección regional del mayor sindicato suizo. Unia, formalizado en 2004 en Basilea, nace de la unión de cuatro sindicatos: el de Industria y la Construcción (GBI en su sigla alemana), la Federación de trabajadores del Comercio, Transportes y la Alimentación (VHTL) y la de Industria, Oficios y Servicios (SMUV). Cuenta con más de 200.000 miembros -13.000 bajo el manto ahora de Gabriel- y representa los intereses de casi un millón de trabajadores.

La ex líder independentista logró este martes la designación con una «gran mayoría» de votos en la asamblea de delegados regionales del sindicato, y sustituirá a Alessandro Pelizzari, que dejó el cargo hace 18 meses. Previamente, Gabriel había ejercido como número dos del sindicato, al que se incorporó como abogada laboralista tras huir en 2018 a Suiza tras negarse a declarar ante el juez instructor del procés, Pablo Llarena.

Misterio desvelado

Desde su huida a Suiza, Gabriel había mantenido con celosa discreción el secreto de sus actividades en el país helvético. Mientras trascendía que su compañera Marta Rovira seguía ejerciendo de secretaria general de ERC, y cobrando como tal, era un misterio de donde salía el sustento de Gabriel para sobrevivir en un país tan caro.

En 2019, Suiza concedió a Gabriel la residencia temporal por un periodo de cinco años, dando cobertura a su estancia en el país durante el tiempo que tarda en prescribir el delito de desobediencia por el que la reclamaba el Tribunal Supremo. Pero la dirigente antisistema solo había explicado que trabajaba para un bufete de abogados laboralista.

Hasta este verano, cuando reapareció por sorpresa en un acto de Òmnium en Elna (Francia), junto a Jordi Cuixart y Puigdemont. Fue entonces cuando desveló que trabajaba para un sindicato. «Yo vengo de una tradición obrera» explicó entonces. «Vengo de una familia anarquista y mi madre se hizo militante comunista, y para mí un hilo de continuidad natural con la defensa de la clase trabajadora, la lucha por el territorio y en la defensa de las mujeres era hacerse independentista. Era una secuencia natural», dijo.

Equipo femenino

“Deseo de asumir, con un equipo femenino, una responsabilidad que me tomo muy en serio”, destacó Gabriel este martes tras su elección al frente de una candidatura presentada como de consenso. La nueva líder sindical se comprometió además a tener «los derechos de los trabajadores en el centro de sus pensamientos».

Lo hará en uno de los cantones con más conciencia social, a tenor de la decisión sobre el salario mínimo. Esta remuneración se acordó en un referéndum regional y solo se aplica al cantón de Ginebra, donde 80.000 votantes, un 58 % de los que acudieron a las urnas, dijeron sí a la iniciativa.

En un país de tradición liberal como Suiza, solo Ginebra y otros dos cantones de los 26 que forman el país tienen un salario mínimo, y los propios ginebrinos habían rechazado fijar uno en dos consultas anteriores en 2011 y 2014.

Por cierto, uno de sus predecesores al frente del sindicato, Vasco Pedrina, fue condenado en 2020 junto con otros tres sindicalistas a 14 días de prisión condicional y multa por bloquear el túnel de Baregg en 2002. El entonces presidente de la SIB había planeado la acción y participó en ella. El Tribunal de Distrito de Baden (AG) dictaminó que la huelga fue «desproporcionada», tras reunir a 2.000 personas en defensa de la jubilación a los 60 años para el sector de la construcción.

Al margen de la justicia española

En todo caso, su aparentemente definitivo acomodo a Suiza permitirá a Gabriel olvidar sus cuentas con el Tribunal Supremo, siempre que no regrese a España en los próximos tres años. De hecho, el juez Llarena ya renunció en 2018 a incluirla en las euroordenes cursadas contra Puigdemont, Antoni Comin, Lluís Puig, Meritxell Serret, Clara Ponsatí y Marta Rovira.

Lo que no significa que Llarena haya renunciado a procesarla. Hace un año, la defensa de Gabriel reclamó el traspaso de su caso a los juzgados de Barcelona, alegando que ya no era aforada. Pero el instructor respondió con una negativa rotunda: «Anna Gabriel ha sido declarada en rebeldía y como tal se tiene que entregar a las autoridades competentes, a manos de la Policía Nacional o la Guardia Civil, y ser trasladada al TS para declarar ante el juez instructor. Solo en ese momento se podrá proseguir la causa contra ella y valorar entonces la responsabilidad criminal que pueda derivarse de una eventual actuación delictiva de naturaleza pública».