«Para hacer buena marca, es más difícil preparar una carrera de 100 metros que una de 100 kilómetros». Con la voz entera y aparentemente fresco explica su hazaña Juan Antonio Ramos, que atiende a El Independiente menos de 72 horas después de batir el récord de España de su categoría en los 100 kilómetros en ruta, la prueba reina del ultrafondo. 6 horas, 58 minutos y 22 segundos. Una barbaridad para cualquiera, increíble para un hombre de 53 años que hasta septiembre de 2009 sólo jugaba de vez en cuando al fútbol sala y nunca se había tomado en serio lo de correr.

Lo que pasó entonces fue que su hermano dejó de fumar y corrió una media maratón en Almería. «Cuando me contó el tiempo que hizo le dije que para hacer eso ni me molestaba en entrenar», recuerda Juan Antonio, que tres meses después ya estaba corriendo 21 kilómetros como si tal cosa. De ahí a las maratones, y cuando vio que recuperaba muy rápido entre prueba y prueba se lanzó a la aventura. Seis años después, sin ni siquiera entrenador, ya era campeón de España de los 100 kilómetros.

A Juan Antonio le felicitó esta semana la Policía Nacional, que para acceder al cuerpo pide a sus aspirantes que puedan correr 1 kilómetro por debajo de 3:49 en el caso de los hombres y 4:46 en el de las mujeres. Este agente, veterano y adscrito a una unidad de la policía científica en Madrid, corrió el sábado en Alemania 100 kilómetros a ritmo medio de 4:11. Como un metrónomo.

«El objetivo en la carrera es llegar bien al kilómetro 70-75. Que no te hayas pasado de ritmo ni de pulso. Si es al 80, mejor. Y a partir del kilómetro 80 empiezas a sufrir», relata el ultrafondista, que trata con aroma de normalidad lo que para la mayoría de humanos es una quimera. En su caso, el sábado en la carrera de Ubstadt-Weiher, en el suroeste de Alemania, comenzó a notar problemas en los isquiotibiales a partir del kilómetro 85. La cercanía del objetivo le impulsó. Acabó corriendo el último 5.000 más rápido que el penúltimo, eufórico. Rompió la barrera de las 7 horas, el primer español de su edad en conseguirlo mientras entraba en meta levantando la bandera de su pueblo, Zurgena.

Juan Antonio Ramos termina los 100 kilómetros en menos de 7 horas y entra en meta con la bandera de Zurgena (Almería).

Las condiciones no eran ideales. Había llovido y nevado y la carrera empezó a cero grados, muy por debajo del clima con el que sale a entrenar en Alcobendas. Alemania le ha dado suerte y quiere volver, porque el Mundial de la prueba se celebra en agosto en Berlín. Ramos ya fue mundialista en 2016 (2º en vetarnos y 36º en categoría absoluta) y 2018 (2º en veteranos y 25º en absoluta) y aspira a mejorar en 2022. «Creo que puedo bajar otros 4 o 5 minutos», avanza.

Entrenamientos de hasta 60 kilómetros

Juan Antonio Ramos entrena con Santi Pérez, uno de los preparadores más prestigiosos del fondo español. Aunque por la particularidad del trabajo, de los horarios y las propias características de la prueba, no entrena en grupo. «La preparación para un 100 la terminas haciendo 150-180 kilómetros semanales. Es todo gradual, empiezas con 90-100 y en los últimos cuatro meses ya con descansos muy justos», detalla el policía. Casi siempre sobre asfalto.

Es imposible ‘simular’ una carrera de 100 kilómetros y las rodadas de preparación más largas suelen ser de la mitad, 50. Aunque este año fue una excepción. «Corrimos 60 kilómetros, dos semanas después del maratón de Sevilla», relata este atleta, ahora de élite, que corrió su primer 100 sólo por la experiencia. «El único objetivo era acabarlo. Hacer uno y ya está, en menos de 8 horas», recuerda.

Juan Antonio Ramos, durante la prueba de 100 kilómetros de Ubstadt-Weiher.
Juan Antonio Ramos, durante la prueba de 100 kilómetros de Ubstadt-Weiher.

Siete años después ya vuela lejos de esas primeras intenciones, que aún ve en los que se inician en la prueba. «Yo no entiendo lo de terminar andando, salvo que tengas un problema. Esto es correr, correr y correr», dice sobre algunos de los participantes que pueblan este tipo de carreras. Las lesiones son, claro, la pesadilla de todos los que se atreven con la distancia, un «destrozo muscular» que deja al cuerpo tiritando.

‘Los compañeros están encantados’

«Antes de volver a entrenar a tope esperas un mes, mes y medio. Para empezar», dice Juan Antonio tres días después de su récord. Cabe aclarar el ‘a tope’. El mismo martes por la tarde el policía ya estaba trotando más de 10 kilómetros, aunque sin atender al ritmo ni al pulso, la clave del fondo y el ultrafondo. «Por fuera estoy bien, por dentro aún hay que hacerse un chequeo y analítica», confiesa.

Su entrenamiento, muy exigente, no altera su vida laboral, aunque condiciona sus horarios. «En verano te levantas a las 5 de la mañana para entrenar antes de ir al trabajo», dice, aunque en la Policía Nacional todo el mundo le trata con reverencia. «Tratas de que no afecte a los compañeros, aunque están encantados. No hay ni un problema para entrenar y todo son facilidades», celebra el agente, que esta semana recibió la felicitación pública de la cuenta oficial de la Policía Nacional.

¿Hasta cuándo se puede aguantar ese ritmo? Juan Antonio no se ve un horizonte, más que el mental. El físico está mejor que nunca, 53 años y batiendo récords: «El día que no disfrute entrenando, lo dejo. Disfrutar es la base de todo».