María Vergés preside el Conselh Generau d’Aran desde 2020, cuando sustituyó al histórico Paco Boya al frente del gobierno aranés. Un territorio con un estatus político singular; es más que una comarca merced a la Ley especial 1990, pero menos que una comunidad autónoma.

Defiende desde esa posición el carácter singular de la comarca, por motivos históricos, geográficos y culturales. Pero defiende sobre todo un autogobierno que permita gestionar las necesidades del valle desde la proximidad y ajeno a cierto «paternalismo ecológico» de los gobiernos de Barcelona y Madrid en debates como el de los Juegos Olímpicos de Invierno o la reintroducción del oso.

«Cuando en el Pirineo queremos mover una piedra resulta que tenemos que ser un parque temático» se lamenta, para ejemplarizar la incomprensión de cierto «ecologismo urbanita» a la hora de tomar decisiones en sobre los territorios de montaña.

Pregunta.- ¿Por qué el Valle de Arán necesita ese especial estatus jurídico político que no es de comunidad autónoma pero tampoco es de comarca?

Respuesta.- Es algo que tenemos reconocido desde el s. XI, pero hay varias cuestiones. Una es la histórica, esa defensa de los derechos araneses que a lo largo de los siglos ha existido. Tiene que ver también con su aislamiento geográfico y la distancia con grandes polos de decisión. Debemos tener ese debate sobre el modelo territorial tanto a nivel del Estado como en Cataluña, de qué manera dar a las personas que viven fuera de los ámbitos urbanos los mismos derechos y oportunidades. Eso tiene que ver con esa capacidad de decisión desde la proximidad.

P.- Nada que ver, sin embargo, con la España vaciada. El Valle de Arán es un territorio rico.

R.- Es un territorio donde el PIB es alto. Otra cosa es cómo se reparte ese PIB. El modelo socio-económico basado en el turismo ha posibilitado que se haya desarrollado mucho. Ahora debemos reajustar ese modelo a un concepto de cambio climático donde nos debe guiar la sostenibilidad ambiental, económica y humana para definir qué Valle de Arán queremos. No podemos quedarnos con la idea de que es rico porque tiene turismo, porque tenemos retos como mantener los servicios públicos, retener el talento joven que se forma fuera y no vuelve…

Hay un paralelismo entre la infrafinanciación del Arán y la reclamación que la Generalitat hace al Estado

P.- Esta semana ha denunciado en Parlament la infrafinanciación del Valle de Arán ¿Déficit fiscal como el que denuncia de la Generalitat respecto a Cataluña y el conjunto de España?

R.- El objetivo es básicamente trabajar una vía de pedagogía y empatía mutuos para dar a conocer la singularidad de Arán y generar un debate sobre el estado del autogobierno. Es cierto que la parte de los recursos es esencial para desarrollar una autonomía. Y es cierto que hay un paralelismo con la reclamación que la Generalitat hace al Estado.

Hay una cuestión de actualización de los traspasos que gestiona el Conselh, y tiene que ver con las inversiones que la Generalitat tiene que realizar en Arán. La financiación es uno de los tres pilares de ese desarrollo de la autonomía política.

P.- ¿En cuánto estima esa financiación de menos?

R.- Habría que revisar cada área. En Sanidad, aunque ha habido avances en los últimos meses, los recortes que se sufrieron en 2012 no se han reequilibrado, el presupuesto del Conselh no se ha recuperado. Los nuevos presupuestos de la Generalitat para 2023 debían permitir crecer en ese traspaso. Estamos a la espera de ver si esos presupuestos llegan a buen puerto, para nosotros tendrían un impacto de casi 4 millones más para hacer esas inversiones.

P.- ¿Cómo se dimensionan las necesidades de un territorio muy aislado y con fuertes fluctuaciones de población por el turismo?

R.- Hay dos ámbitos. Uno que es propio y singular de Arán que tiene que ver con la lengua y la cultura. Y otra que compartimos con buena parte del Pirineo, inversiones en infraestructuras viarias, digitales, en equpamientos de sanidad, culturales, etc… Es un debate compartido con el resto de los territorios de montaña con el añadido de nuestra singularidad.

P.- Reclaman también un mayor reconocimiento del aranés, que la nueva ley de usos lingüísticos aprobada para frenar las sentencias del 25% tampoco reconoce como lengua vehicular.

R.- El aranés es la tercera lengua oficial de Cataluña y en nuestro sistema educativo es lengua vehicular de aprendizaje. Lo es desde hace 40 años con un modelo lingüístico que se ha demostrado de éxito, un ejemplo de plurilingüismo donde nuestros niños tienen el aranés como lengua vehicular a la vez que también trabajan y aprenden catalán, castellano, inglés y francés.

Somos conscientes de la complejidad que ha desatado esta ley, no ha habido una mala fe pero ese olvido ha existido y el concepto de vehicularidad ha desaparecido para el aranés. Para nosotros es una cuestión importante, queremos consolidar una cuestión de seguridad jurídica y para evitar otras interpretaciones a posteriori.

P.- Demandan también más competencias ¿en qué ámbitos?

R. Nuestra ley especial enumera los ámbitos en los que se tiene que desarrollar el autogobierno. Esta ley que fue aprobada en 1990 y modificada en 2015 a día de hoy no está desarrollada de manera efectiva en más de un 30%. Mayoritariamente tiene que ver con la Sanidad y atención social. Más allá de la comisión bilateral entre los dos gobiernos hay que establecer algún mecanismo que vele por ese despliegue eficaz y efectivo de ese régimen competencial. Nuestro autogobierno es la garantía de que la gestión desde la proximidad llegue a todos y nadie quede atrás.

P.- ¿Cómo encaja en su propuesta de repensar el modelo turístico para que sea sostenible la ampliación de Baqueira Beret?

El proyecto de los Juegos de 2030 es una pantalla pasada, es una oportunidad perdida, no entendemos la actitud del Gobierno de Aragón

R-. Es una cuestión que depende casi en exclusiva de la propia estación, una de las pocas privadas de Cataluña. Trabajamos con ellos, con esta idea que comparten de un desarrollo sostenible. A quien más va a favorecer, o impactar, esa ampliación es a la parte del Pallars, que lleva tiempo reclamándola, aunque con más polémica que la que podemos tener nosotros.

P.- ¿El proyecto de los Juegos Olímpicos de Invierno está ya descartado para el Conselh?

R.-  El proyecto de los Juegos de 2030 es una pantalla pasada. Veremos cómo se valora una posible candidatura para 2034. Seguimos diciendo que ha sido una oportunidad perdida y no entendemos la actitud del Gobierno de Aragón tomó en la última fase. Pero seguimos abiertos a debatir esta cuestión porque los Juegos en sí eran el instrumento para definir qué modelo de desarrollo queríamos. Era una apuesta que había que dar a fondo, veremos cómo evolucionan las cosas.

P.- Más allá de la crisis político-institucional que acabó estallando entre la Generalitat y el gobierno aragonés ¿tienen sentido unos juegos de invierno con unas temperaturas al alza por el cambio climático?

R.- Hay una tendencia a un cierto ecologismo urbanita que olvida que en la montaña vive gente que debe poder desarrollar proyectos de vida. Cuando hablamos de sostenibilidad no podemos hablar solo de la ambiental. Solo con la ambiental llegaríamos a un extremo de conservacionismo que se ha demostrado que lo que trae es descapitalización y despoblación. Hay que intervenir, esa sostenibilidad también tiene que tener criterios económicos, territoriales y humanos. Los Juegos, tal como se planteaban, tenían en cuenta este criterio de sostenibilidad, por eso el COI en los últimos años ha cambiado la forma en que presentaba los Juegos de Invierno haciendo partícipe a más de un territorio para no crear nuevas infraestructuras que se queden muertas de asco.

Hubo un debate un poco populista y demagogo sobre estas cuestiones. Era un debate que debería haber tenido en cuenta a la gente del territorio y fue el punto de vista que menos se tuvo en cuenta. Me gustaría que determinado ecologismo pusiera el grito en el cielo porque el en Valle de Arán transitan una media de 600 camiones de alto tonelaje diarios. Eso también tiene un impacto ambiental.

El conservacionismo extremo trae descapitalización y despoblación, ha habido un debate un poco populista y demagogo sobre los Juegos

Las ciudades han podido tener toda su capacidad de desarrollo al máximo y nadie discute si se asfalta un camino, pero cuando el Pirineo queremos mover una piedra resulta que tenemos que ser un parque temático. Somos los primeros interesados en no destrozar nuestro medio ambiente, pero hay un debate más profundo a realizar en esto.

P.- Otra de las aristas de ese debate ecologista es la reintroducción de los osos. Especialmente tras la investigación sobre la muerte del oso Cachou, en la que está acusado de connivencia un trabajador del Conselh.

R.- La reintroducción del oso no la decidió el Conselh Generau, la realizó el Estado francés a través de un proyecto life que era infinitamente mejorable. Lo que ha derivado después es fruto de una mala praxis por parte de algunos, como estamos inmersos en un proceso judicial, respeto a la presunción de inocencia. Pero también entendemos que hay que encontrar un equilibrio entre la ganadería, el territorio y la especie reintroducida. En eso estamos.

P.- ¿Cómo se encuentra ese equilibrio?

R.- Lo intentamos con el apoyo a la ganadería, somos la institución que más apoyo les brinda en este sentido. Encontrar facilidades para que nuevos ganaderos se puedan incorporar y que toda la tramitación urbanística y de permisos no sea tan compleja. E intentado que sea un elemento que ayude a la dinamización económica.

P.- Cuando ve el debate sobre la protección al lobo ibérico en otras comunidades le sonará.

R.- Sí, además el lobo en breve también aparecerá por el valle, ya hay indicios de algunas visitas. Es ese equilibrio que decía entre ese ecologismo urbano y poder vivir en la montaña. Se puede entender si hay medidas que palien los efectos. Ninguna oposición a la reintroducción de especies pero se debe escuchar al territorio, hay decisiones que no se pueden tomar desde un despacho con criterios de un cierto paternalismo ecológico.

P.- En 2017 tanto las instituciones como los vecinos del Arán dejaron claro que no estaban por la independencia, se abrió una brecha con el resto de Cataluña, ¿se ha superado el recelo y las heridas de ese proceso?

R.- No hubo heridas, hubo un debate profundo en el que la sociedad se posicionó, y se generó una brecha social que en los últimos tiempos, también con el trabajo del Gobierno, se ha ido relajando. Estamos en el buen camino, los conflictos políticos necesitan soluciones políticas. En todo caso el Valle de Arán siempre ha manifestado que debíamos mantenernos al margen de todo eso.