Alberto Núñez Feijóo ha publicado este domingo una carta en la red social X en la que lanza un mensaje claro contra cualquier intento de que Delcy Rodríguez pilote la transición en Venezuela, como sugirió ayer Donald Trump. Para el líder popular Rodríguez significa la continuidad del chavismo y no una alternativa democrática. El líder del PP reclama a España y a sus socios europeos que no avalen a una dirigente sobre la que pesan sanciones por violaciones de derechos humanos y socavar la democracia.
En el mensaje, Feijóo sostiene que el futuro de Venezuela “no puede dirigirlo quien ha sido la mano derecha de Maduro durante los últimos años”, en referencia a Delcy Rodríguez. El presidente popular describe a la vicepresidenta como “cómplice y protagonista de la dictadura, de la corrupción y del saqueo de Venezuela”, y afirma que encarna “el pasado más oscuro” del país.
Según el texto, presentar a Rodríguez como solución de consenso o como figura de transición “no sería más que una operación de continuidad del régimen”. Feijóo subraya que el pueblo venezolano ya ha rechazado en las urnas ese modelo, por lo que pide que la comunidad internacional no se deje “engañar” por un relevo que, a su juicio, mantendría intactas las estructuras del chavismo.
Frente a la figura de Rodríguez, Feijóo reivindica que la transición debe estar liderada por el presidente interino Edmundo González y por María Corina Machado, a quienes considera depositarios del mandato democrático expresado en las urnas. Sostiene que solo una ruta encabezada por la oposición democrática, y no por dirigentes sancionados del antiguo régimen, puede garantizar elecciones libres y el restablecimiento pleno de las libertades en Venezuela.
Carta íntegra de Feijóo
HACIA LA PLENA LIBERTAD DE VENEZUELA
A menudo abusamos de adjetivos como “histórico”. Pero lo sucedido en la madrugada del 3 de enero de 2026 en Venezuela, con la intervención de Estados Unidos y la detención de Nicolás Maduro, no admite otro calificativo. Aquí acaban las especulaciones y las cábalas, y empieza el momento de posicionarse de forma realista y responsable, sí, pero también, y ante todo, valiente.
Lo primero es reconocer que un mal ha sido derrotado: la captura de Maduro es una buena noticia sin ambages. Un régimen dictatorial, represor, que ha provocado la ruina de un país rico, la destrucción de sus instituciones y el mayor éxodo de Iberoamérica, ha sido descabezado; y millones de venezolanos a los que se arrebataban sus derechos, sus oportunidades y su país, respiran hoy con una nueva esperanza.
A partir de esta realidad incontestable, se impone reafirmar los compromisos y los valores que España defiende en el concierto internacional y, en particular, hacia el espacio de Iberoamérica y el mundo hispano.
En primer lugar, el respeto al Estado de Derecho, incluido el Derecho Internacional; al que desde luego no puede apelar ni puede hablar en nombre cuando no ha habilitado y ayudado, al régimen depuesto de Maduro. Antes del golpe, fue el propio régimen quien desplegó un poder abusivo sin reglas al más bajo coste posible; y así ha negado la soberanía del pueblo venezolano, diluyendo sus afanes de regeneración, tiranía y expolio. Revertirlo es, por tanto, imprescindible.
En segundo lugar, el horizonte de Venezuela tiene que basarse en un proceso electoral democrático. El liderazgo del presidente interino legítimo Edmundo González y de María Corina Machado representan la vía democrática, pacífica y constitucional hacia la recuperación de la libertad. En las elecciones del año pasado obtuvieron una mayoría abrumadora, y la crisis institucional y de los votos en 2024. Las dictaduras no se derrocan a medias; hay que derrotarlas del todo para liberar al país y a su gente. Por eso hoy tienen que quienes deben retomar el rumbo de su país. La libertad de Venezuela tiene dueño.
“Es la hora de los ciudadanos”, ha dicho María Corina Machado, y todos los demócratas de ambos lados del Atlántico no podemos sino rubricar estas palabras. En toda Iberoamérica se abre un nuevo tiempo donde nadie quiera o pueda pisotear la libertad. Dejarla fuera de juego en Venezuela sería hipotecar el mejor futuro de toda la región. Es la hora de que España esté a la altura, encarnando los valores europeos del Estado de Derecho y la defensa de las libertades individuales. Todos los actores internacionales estamos llamados a trabajar para que esa hora del pueblo venezolano, que no puede soportar ya más usurpaciones ni tutelas, se haga realidad.
En tercer lugar, el futuro de Venezuela no puede dirigirlo quien ha sido la mano derecha de Maduro durante los últimos años. Delcy Rodríguez, cómplice y protagonista de la dictadura, de la corrupción y del saqueo de Venezuela, representa el pasado más oscuro. Presentar como solución o figura de transición a quien está sancionada por la UE y por los mismos EE.UU. por violaciones masivas de derechos humanos no sería más que una operación de continuidad del régimen; un régimen que el pueblo venezolano ya ha rechazado de forma inequívoca en las urnas.
En cuarto lugar, cabe seguir denunciando que el Gobierno de España haya renunciado a sus bazas diplomáticas y su liderazgo moral para enfrentarse a la tiranía de Maduro. Antes al contrario, le ha facilitado tiempo y excusas cuando ambas cosas se le acababan. La influencia y el respeto que España ha perdido en este proceso serán difíciles de recuperar, pero todos los que creemos en nuestro país estamos llamados a mostrar la ejemplaridad de la que el Gobierno no ha sido capaz.
Por último, debemos recordar que en las cárceles venezolanas siguen presos miles de ciudadanos, entre ellos una alentadora legión de ciudadanos españoles, cuyo único delito ha sido defender la libertad y el pulso por el devenir democráticamente. También la causa del exilio debe atenderse, así como la de los presos políticos en Venezuela. Seremos más fuertes como país si no volvemos a empujar al mundo por las amistades peligrosas de parte de la izquierda española. Una mancha histórica de la que los herederos de Maduro, en España y fuera de ella, tendrán ineludible pisaje.
Cuando en el Partido Popular hablamos de conceptos como “hispanidad”, lo hacemos en clave de vasos comunicantes. La libertad es su mejor y mayor sustancial. En ese marco, la responsabilidad y la responsabilidad del Gobierno de España no puede ser otra que la de liderar la nueva transición a la democracia plena del pueblo venezolano. No estaremos a la altura de lo que merece la nueva casa común si no lo hacemos. Los demócratas venezolanos la ganaron ayer en las urnas y en las calles; y quienes defendemos las libertades y la democracia en el mundo estamos obligados a estar a su lado, en nuestros parlamentos, en todas y cada una de las instituciones y en la labor de la sociedad civil.
La libertad de Venezuela no es sólo una causa justa: es una causa que nos interpela de manera directa. El liderazgo de nuestra historia común y nos obliga, sin ambigüedades ni titubeos, a estar del lado correcto de la Historia.
Alberto Núñez Feijóo
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