El presidente de Vox, Santiago Abascal, ya está en 'modo preelectoral' a un mes de los comicios autonómicos de Castilla y León. Horas antes de un primer evento público en Soria junto a su candidato, Carlos Pollán -al igual que con Teruel en Aragón, buscan el descontento de las zonas más despobladas en la región-, desde Peñafiel (Valladolid) entró a valorar la expulsión cautelar de Javier Ortega Smith. Este miércoles por la noche, Vox tomaba esa decisión por negarse el portavoz local en el Ayuntamiento de Madrid a ceder ese cargo a la concejala Arantxa Cabello.

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Según Abascal, a quien no le tiembla el pulso pese a ser Ortega uno de los fundadores de Vox, quien "manda" en el partido es su dirección y esto va a continuar "siendo así". Recalcó que esa potestad le viene al CEN por decisión de la militancia en las Asambleas Generales. La última fue en 2024.

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"No nos va a caber ninguna duda cuando tengamos que tomar decisiones interna y en la política española cuando lleguemos al poder. Que esto lo sepan todos los españoles", dijo Abascal. El presidente de la formación rechaza que internamente se mire al "ombligo permanentemente" y rehuyendo dar más explicaciones sobre el tema se centró en poner el foco sobre "los españoles que no llegan a final de mes". No en los asuntos internos que periódicamente abren brechas en Vox. Pasó con el caso de Macarena Olona, con la marcha en agosto de 2023 de Iván Espinosa de los Monteros y ahora con el progresivo desplazamiento de Ortega.

No teme por que Ortega se atrinchere

"No temo a nada ni a nadie". Así de contundente se mostró el líder de Vox preguntado por la posibilidad de que Ortega decida mantener el acta de diputado en el Congreso y de concejal en el Ayuntamiento si se certifica la suspensión definitiva. Tampoco entró a valorar la importancia que tiene esa baja al ser Ortega uno de los fundadores del partido junto a Espinosa, Rocío Monasterio o el propio Abascal. "Vox tiene más fundadores que afiliados", bromeó, dejando cualquier debate para los miembros. "Mi obligación es seguir adelante. Seguir demostrando a los afiliados y a los votantes de Vox que es un proyecto de futuro y que sigue creciendo. Y lo estoy demostrando", zanjó.

Preguntado por esa incógnita parlamentaria, desde el entorno de Ortega no se da ninguna respuesta a El Independiente. En octubre, este diario adelantaba que el representante no volvería a ser candidato en Madrid. Desde su círculo más estrecho se aseguraba que los desplantes a Abascal le inhabilitaban para ello y que el partido ya buscaba alternativa en la capital. Por entonces, Ortega venía criticando al partido por su seguidismo a Trump o su proximidad a socios directos de Putin dentro de Patriotas por Europa. También tras la salida de Juan García-Gallardo de Vox cuestionó la falta de "democracia interna". Y pese a decretar Abascal un veto a acudir a la presentación de Atenea, éste se personó para "abrazar a un amigo".

Después de esos pasos, que dejaban a Ortega solo dentro de Vox, vino su desplazamiento como portavoz adjunto del Congreso, competencia que recayó en Carlos H. Quero. Eso encendió más a Ortega, que siguió reclamando altura de miras, pactos con el PP y volver a los principios fundacionales al mismo tiempo que aseguró no entender esa destitución. Un mes y medio más tarde, antes de las vacaciones de Navidad vino su sustitución dentro de la dirección nacional. Se dio paso a una de las figuras juveniles más allegadas a Ignacio Garriga en Cataluña, la diputada del Parlament Julia Calvet. Abascal, según pudo saber este medio, venía desde hace meses queriendo expulsarle. Fuentes próximas a Ortega recalcaban que si no lo había hecho ya era por la relación de amistad mantenida hasta hace no mucho y por ser este "padrino" de uno de sus hijos.