La dirección nacional de Vox está aplicando en Castilla y León la misma estrategia que en Extremadura y Aragón: la presencia permanente de Santiago Abascal desde semanas antes de que arranque la campaña oficial. Algo que le distingue del resto de partidos. De hecho, en su competencia directa con el PP, hay que destacar que Alberto Núñez Feijóo por ahora solo se ha dejado ver por Salamanca el viernes 13 de febrero para la presentación de candidatos junto a Alfonso Fernández Mañueco. La implicación en campaña, en todo caso, será total. Este sábado estará en Ávila y el 13 de marzo cerrará en Valladolid, intercalando hasta entonces visitas independientes a varios municipios.
Precisamente esa implicación suscita en el PP desconfianza en que pueda producirse un pacto con Vox antes del 3 de marzo en Extremadura. Esa jornada deberá producirse la primera votación de investidura de la candidata popular María Guardiola, dado que se agota el plazo establecido desde el arranque de la legislatura. Dentro del PP no se percibe interés en ahondar en un acuerdo tampoco hasta que se superen las elecciones castellano y leonesas, que verán su desenlace en dos semanas y media. En todo caso, la "urgencia" del PP no es llegar a cerrar nada con Vox antes de esa votación o la siguiente 48 horas después, que de fracasar iniciarán una contrarreloj de dos meses para realizar tantas investiduras como se quieran. Lo que persiguen los populares es amarrar "el mejor pacto posible" con los de Abascal.
Las sensaciones que trasmite el PP es la de desconocimiento de los motivos que "incomodan" a Vox para rechazar un acuerdo desde ya con Guardiola. Se cree que hay más elementos de concordancia que de disonancia. Aunque obvian la tensión mantenida durante la legislatura pasada entre partidos, y la escenificada en campaña con alusiones al "machismo" o el "caciquismo" de Abascal, o la definición de Guardiola como "la Irene Montero de Extremadura" por parte de Vox.
Mientras que a algunas capas de la formación a nivel nacional creen que hay un bloqueo meditado por parte de Bambú, en vistas a la necesidad de confrontación hasta que lleguen las urnas, otros simplemente se centran en recalcar a lo que quiere estar el PP: "Nos interesa desbloquear Extremadura y Aragón". Aseguran que pese a la importancia de unas elecciones como las de Castilla y León, los ciudadanos extremeños y aragoneses quieren certezas y estabilidad lo antes posible.
Abascal, ausente en el pleno del miércoles
A la dedicación de Abascal en la precampaña de Castilla y León se remiten fuentes populares para afirmar que "Vox no tiene ninguna prisa" en pactar nada con el PP. Solo esperan que el "reseteo" que publicitó Ignacio Garriga el pasado lunes siga adelante más allá de pronunciamientos puntuales. Restan relevancia, incluso, a las palabras de Abascal el martes en una entrevista en Antena 3, en la que acusó al PP de sugerir que en Vox son unos "salvajes a los que hay que domar". No gustó que el PP lanzase un documento marco en el que se recalcaba en varias ocasiones que cualquier acuerdo debía incluir el respeto a la legalidad, a las instituciones del Estado -como la Corona- y la Constitución.
Sin entrar a valorar si hay interpretación por parte de Vox para dilatar los plazos hasta los comicios regionales que quedan pendientes, en el PP sí que asumen que no hay una molestia real en el partido de Abascal. De ser así, creen, habrían bloqueado esa nueva apertura de diálogo, y por ahora se vienen dando contactos a diferentes escalas en los últimos días, acreditan. Más allá de la conversación telefónica de este domingo entre Feijóo y Abascal, prolongada "más de una hora". El PP no confirma tampoco si habrá, como se ha publicado en algunos medios locales, una primera reunión tras descongelarse la negociación. Sería en Mérida y participaría Miguel Tellado, el secretario general.
Tampoco quiere profundizar el PP en si la reacción desproporcionada de Abascal -pese a tener el documento de antemano "por cortesía", como adelantó El Independiente- refleja un enfado por no controlar los tiempos. Entienden en todo caso el clima de tensión porque "para agasajar a Vox" solo valdría, dicen, que el PP desapareciera.
Esa presión de Génova se refleja con la entrada a las negociaciones de Tellado, que será uno de los "otros" encargados por la dirección para allanar lo antes posible esos acuerdos con Vox. Pese a que la posición del partido desde 2022 e incluso tras el ciclo de 2023 es que sus barones tenían independencia, el desembarco del número dos creen que permitirá poner frente al espejo a un partido que pide condiciones "asimétricas" desde la Comunidad Valenciana a Aragón. Esto y la publicación del decálogo -que atribuyen más a un consumo interno- es clave, aprecian, para combatir uno de los principales mantras de Vox: que hay "muchos PP" dependiendo del territorio.
Los kilómetros de Abascal en Castilla y León
En el PP ya atribuyeron la suspensión de negociaciones en Extremadura a mediados de enero por parte de Vox en un intento de ser más competitivos en la campaña de Aragón. Se venía de un pacto valenciano exigido por las circunstancias en la que, ambos partidos sabían que no se entendería lo contrario, pero Aragón permitía coger más aire. Más tranquilidad. Se sugiere que se sigue la misma dinámica ahora pero dejando claro al electorado que todo pasará por sentarse.
Nada más confirmarse la candidatura de Carlos Pollán, que hasta ahora venía de ser procurador, Abascal se lanzó al territorio. Antes de que se cumplieran 24 horas de la votación aragonesa, acudió a la presentación de candidatos en Ávila con Pollán el 9 de febrero.
El 19 de febrero acudió a Peñafiel (Valladolid) imitando la estrategia anterior, con paseos locales en pequeños enclaves al mediodía, para protagonizar mítines en las ciudades por las tardes. Ese jueves lo hizo en Soria. El 20 de febrero se movió a Lerma (Burgos) y luego a Segovia. Retomó el 23 en Arévalo (Ávila) en plena crisis con Javier Ortega Smith, y posteriormente a Salamanca. Este 25 pasó a El Espinar (Segovia) e intervino en un mitin en Zamora por la tarde, donde cargó contra el PP de nuevo. Solo en esos traslados ya acumula 760 kilómetros a falta de que este viernes acuda a Burgos y el sábado en Arroyo de la Encomienda (Valladolid).
Vox quiere afrontar dos fases de negociación que, por ahora, no se habría producido. La primera es abordar un programa. No se descarta que se retomen avances anteriores, pese a todo. El PP llegó a asegurar en enero que restaban algunos "flecos sueltos". La segunda es dirimir quién puede aplicarlo. Vox quiere que quien tenga las competencias tenga un presupuesto capacitado para llevar a cabo todos los objetivos. Sí que decae la exigencia troncal de entrar en los gobiernos. Por ahora, dicen, queda "aparcado" hasta el final de las negociaciones. Los populares creen que no les interesa ostentar carteras hasta las próximas generales, porque la gestión les es contraproducente en las encuestas.
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